En tiempos convulsos, cuando la política amenaza con convertirse en un puro ejercicio de poder sin freno y la justicia en un instrumento al servicio de los intereses del gobernante de turno, emerge como un faro de lucidez el reciente ensayo jurídico y filosófico del prestigioso abogado español Javier Cremades; “Sobre el Imperio de la Ley”, editado por Galaxia Gutenberg.
Fundador del influyente despacho Cremades & Calvo-Sotelo con proyección internacional, su autor es uno de los abogados españoles con mayor influencia en el ámbito del derecho, nos entrega una obra que abarca un ensayo jurídico y una meditación política que suena como una advertencia civilizatoria.
Cremades aborda un tema crucial, singularmente en países donde el orden constitucional se erosiona desde el poder y se cuestiona la primacía de la ley con apariencias de un supuesto “derecho alternativo” que alcanza las más altas instancias del ordenamiento jurídico.
El autor despliega en esta obra el conocimiento técnico que lo ha consolidado como una de las voces jurídicas más reconocidas de Europa y, también, una preocupación genuina por el destino de las sociedades democráticas.
El título del libro no deja lugar a dudas; frente al imperio de la fuerza, la única alternativa civilizada es el imperio de la ley.
“Donde no hay ley, no hay libertad”, advertía John Locke.
Cremades recoge ese hilo doctrinal para construir una defensa apasionada del Estado de Derecho como columna vertebral de la libertad, la seguridad y la dignidad humana.
La tesis del libro
La tesis central del libro es tan simple como contundente: sin un orden jurídico sólido, imparcial y respetado, no hay sociedad democrática que pueda sobrevivir, ni economía que prospere, ni convivencia que resista.
En este sentido, Sobre el imperio de la ley no es solo un alegato académico, sino una interpelación directa al ciudadano y al dirigente: sin ley, volvemos a la selva.
El libro argumenta y propone inspirado en el pensamiento liberal clásico.
Recuerda a Montesquieu cuando este subrayaba que “una cosa no es justa por el hecho de ser ley. Debe ser ley porque es justa”. El autor insiste en que la ley no es un capricho del poder, sino una conquista de la razón y de la ética pública, fruto del consenso y garantía última frente al abuso.
La Constitución, pacto supremo entre ciudadanos libres e iguales, no es una reliquia, sino una trinchera activa contra el despotismo posmoderno y las nuevas formas de autocracia que se camuflan bajo ropajes democráticos.
Esta obra se enmarca también en una preocupación por la deriva de muchas democracias contemporáneas, donde el Ejecutivo coloniza los órganos judiciales, el Legislativo se convierte en mera prolongación del poder y la corrupción institucional avanza como metástasis que amenaza a los órganos e instituciones del Estado.
Con un lenguaje accesible pero preciso, alerta de estas desviaciones que corroen el corazón del sistema democrático. Y lo hace desde una atalaya de experiencia jurídica y elegancia intelectual.
La gran lección de Occidente es que el poder debe estar limitado y controlado por normas generales, predecibles y aplicables a todos, sin excepción.
La ley como escudo del débil frente al fuerte.
“Somos esclavos de la ley para poder ser libres”, según Cicerón. Este ensayo llega en el momento justo, en un contexto donde el poder se atrinchera y desconfía del equilibrio institucional, y donde la Constitución de 1978, obra monumental de reconciliación nacional, es sometida a una erosión constante por intereses sectarios; la voz de Cremades se alza serena, firme y necesaria.
Sobre el imperio de la ley, cuya lectura es muy recomendable, divulga de forma amena principios elementales para la convivencia, hilvana una filosofía política, una garantía moral y la defensa fervorosa de la libertad.
Desoír esta verdad es abrir la puerta al regreso de la fuerza y del miedo. Su mensaje es una llamada al orden, al sentido común y a la decencia institucional.
Un libro que todo ciudadano preocupado por el porvenir de la democracia debería leer, y todo gobernante respetuoso con su función debería asumir como guía.