Para quienes compartimos impresiones jurídicas en el marco social no resulta siempre fácil compartir sentimientos ni impresiones personales.
Sin embargo, hay momentos de la vida en que esta barrera hay que superarla por el bien superior que se trata de preservar: la amistad y el reconocimiento humano.
Ayer supimos la muerte de José Juan Pinto Sala. El apellido impresiona en el mundo del derecho y su padre fue un referente nacional en el mundo del derecho y de la abogacía en Cataluña.
Podríamos decir, por tanto, que “de casta le viene al galgo” y con ello nos acercaríamos a una realidad que no es exagerada.
No es fácil recordar cuantos años hacía que nos conocíamos y que empezamos a tratarnos. Muchos es lo seguro y más de una treintena una aproximación bastante exacta.
José Juan era un referente en un mundo que yo desconocía y, aun desconozco, en todas sus vertientes: del derecho del deporte internacional.
Viví con él las primeras aproximaciones, especialmente, en el Tribunal Arbitral del Deporte y rápidamente pude entender que más allá de la solvencia, la impronta y la presencia de José Juan en aquellos foros se había ganado un puesto y una posición evidente porque añadió a su labor profesional un elemento central: un trato exquisito a compañeros, profesionales, partes, clientes y en general a todo lo que rodeaba la actuación o el trámite en el que estuviéramos.
Es el momento de decir que la educación y trato exquisito me cautivaron porque, además, iban acompañados de una simpatía casi natural.
Simpatía natural
La simpatía era natural, innata y sobre la misma asentamos muchas soluciones a cuestiones que – sin ella- se hubieran enquistado.
Esta relación tan cuidada y próxima nos fue acercando en lo personal y en lo profesional a numerosos proyectos de todo tipo que siempre admitió con ilusión y con vocación.
Es con el paso del tiempo cuando puedes llegar a apreciar el valor de lo humano y los detalles incluida la restricción que durante mucho tiempo mantuvo con la comunicación telefónica móvil.
Era una muestra de que la comunicación tenía otros cauces y que la relación interpersonal opera con mucha mayor eficacia que la futilidad de la comunicación electrónica.
Habíamos compartido debates sobre esta cuestión menor pero tan representativa de una forma de ver la vida.
Su gusto por la relación personal, por disfrutar del tiempo, de los amigos, de la conversación, del momento y de tantas cosas que, hoy, se consideran accesorias en la vida relacional, me impresiono y me captó.
Vocación profesional
Adicionalmente aprendí de él la vocación profesional. Quienes nos hemos aproximado al mundo del derecho no siempre desde una visión profesional de la abogacía tenemos una tentación de considerar que lo importante es el detalle, el dato y no percibimos la relación clientelar ni la profesional como algo tan nuclear en la relación de la abogacía que sin ella la aproximación es, como señalábamos, una aproximación diferente.
Siempre dejamos en el aire si la vida nos llevaría a algún proyecto común en el ámbito del asesoramiento y de la abogacía, pero siempre me recordaba que las reglas no eran las que proceden de la dispersión en la aproximación a ámbitos como el jurídico sino las de la profesionalidad y la concepción de la actividad profesional de la abogacía.
«Tendrías que hacerme caso», me decía como gran admonición para fundar una relación profesional de la abogacía.
El marco fue siempre teórico pero la premisa era esencial y aceptada: le hubiera hecho caso.
José Juan apuró como pocos la aproximación al derecho del deporte desde la visión de la solución de conflictos en el ámbito del arbitraje.
No solo en este ámbito, pero es el dónde resulta más reconocible. Es realmente dificil hablar con el Tribunal Arbitral del Deporte y con quienes componen sus estructuras o se aproximan a la solución de conflictos en dicho ámbito y que no tenga un recuerdo reciente de una intervención – del tipo que sea- de este profesional. España tuvo en José Juan un referente ineludible en la interpretación y aplicación del Derecho del deporte y de la solución de los conflictos en dicho ámbito.
Es este el momento del recuerdo y de la gratitud por tantos años de proximidad y de relación.
Proximidad y relación son dos valores que no siempre apreciamos en el marco de las relaciones humanos.
Hacerlo, es una forma de manifestar que lo que nos unió esencialmente nos gustaba porque identificaba elementos comunes de una forma de ver el mundo que quisimos compartir.