Querido Decano, querido Blas:
Hoy, 16 de mayo, es una fecha verdaderamente excepcional: veinticinco años de Blas Jesús Imbroda Ortiz como Decano del Ilustre Colegio de Abogados de Melilla. Veinticinco años no son una simple cifra.
Son una vida institucional en la que has representado a nuestro Colegio con una mezcla muy difícil de alcanzar: firmeza, cercanía personal, vocación de servicio y profundo amor por la Abogacía.
Has sabido ser Decano en los actos solemnes, pero también en el día a día; en los momentos de reconocimiento, pero también en los de dificultad; en la defensa pública de la profesión, pero también en la escucha discreta al compañero que ha necesitado apoyo.
Bajo tu Decanato, el Colegio de Abogados de Melilla ha seguido creciendo, modernizándose y adaptándose a los nuevos tiempos.
Nuestro Colegio ha sabido avanzar tecnológicamente, reforzar sus servicios, impulsar la formación continua, participar en la formación de los futuros abogados a través del Máster de Acceso a la Abogacía y mantener viva una idea esencial: que un Colegio profesional no es solo una corporación de Derecho público, sino una casa común para todos los abogados.
Al servicio de la sociedad
Y esa casa común, bajo tu dirección, ha tenido siempre una vocación muy clara: estar al servicio de la sociedad.
Porque el Colegio de Abogados de Melilla no se entiende sin el derecho de defensa, no se entiende sin la justicia gratuita, no se entiende sin el Turno de Oficio, no se entiende sin la asistencia al detenido, sin la atención a quienes carecen de recursos, sin los turnos especializados.
No se entiende, en definitiva, sin esa Abogacía que muchas veces no ocupa titulares, pero que sostiene derechos fundamentales todos los días.
Y ahí también has dejado una huella profunda, Blas.
Has defendido públicamente la dignidad del Turno de Oficio, la necesidad de retribuciones justas, la simplificación de trámites y el reconocimiento real de quienes prestan un servicio público esencial.
Lo has hecho con claridad, sin ambigüedades, recordando algo que todos sabemos pero que demasiadas veces se olvida: que cuando un abogado del Turno de Oficio actúa, no solo está defendiendo a una persona concreta; está garantizando el derecho constitucional de defensa y la igualdad de todos ante la Justiciaambién has sabido proyectar el nombre del Colegio de Abogados de Melilla mucho más allá de nuestra ciudad.
Y eso, para un Colegio pequeño en dimensión territorial pero enorme en historia, tiene un mérito extraordinario.
Has conseguido que Melilla esté presente en los grandes debates de la Abogacía española, que nuestra realidad sea escuchada y que nuestra singularidad jurídica, social y humana sea tenida en cuenta en foros nacionales.
Tu trabajo en el Consejo General de la Abogacía Española merece igualmente un reconocimiento especial.
Durante años has sido consejero del Consejo y has participado activamente en áreas esenciales para la profesión, especialmente en formación, innovación tecnológica, extranjería y protección internacional.
No has sido un mero representante institucional; has sido un abogado que ha trabajado desde dentro para que el Consejo estuviera más cerca de los Colegios, de los abogados y de los problemas reales de la ciudadanía.
De manera muy especial, debe destacarse tu labor al frente de la Subcomisión de Extranjería y Protección Internacional del Consejo General de la Abogacía Española.
Desde esa responsabilidad has defendido una idea profundamente jurídica y humana: que la persona migrante, solicitante de asilo, refugiada o vulnerable no puede quedar nunca al margen del derecho de defensa.
Que la extranjería no es solo expediente administrativo, sino vida, familia, arraigo, dignidad y derechos fundamentales. Esa sensibilidad tiene en Melilla un significado todavía más intenso. Nuestra ciudad sabe muy bien que el Derecho de Extranjería y la protección internacional no son materias abstractas.
Aquí tienen rostro, tienen urgencia, tienen frontera, tienen sufrimiento y tienen esperanza. Y por eso resulta especialmente valioso que un Decano de Melilla haya llevado esa experiencia al conjunto de la Abogacía española.
Esa misma preocupación por los derechos humanos se ha proyectado también en tu trayectoria jurídica más amplia.
Tu defensa de la justicia penal internacional, tu compromiso con la Corte Penal Internacional y tu voz frente a las vulneraciones graves de derechos fundamentales muestran una concepción de la Abogacía que no se agota en el despacho ni en el pleito.
12Para ti, la Abogacía es también compromiso con la Justicia en sentido profundo, con mayúsculas. Pero quizá el mayor logro de estos veinticinco años no pueda medirse solo en reformas, servicios, comisiones o cargos.
El mayor logro es haber mantenido vivo un sentimiento de pertenencia. Haber hecho que muchos compañeros sientan que el Colegio es suyo.
Que acudan a él no solo para un trámite, sino para encontrar orientación, respaldo, formación, defensa y compañía profesional. Eso es ser Decano.
Ser Decano no es únicamente presidir una Junta. Es representar una tradición. Es cuidar una institución que viene de antes y que debe continuar después.
Es recibir un legado, engrandecerlo y entregarlo mejorado a quienes vendrán. Y en estos veinticinco años, Blas, has contribuido decisivamente a que el Colegio de Abogados de Melilla sea una institución respetada, presente, activa y comprometida.
También hay que reconocer algo que en ocasiones se da por supuesto: ningún cargo institucional se sostiene durante veinticinco años sin sacrificios personales.
Detrás de cada acto, de cada reunión, de cada desplazamiento, de cada llamada, de cada problema colegial y de cada decisión, hay tiempo que se resta a la familia, al descanso y al propio despacho.
Por eso este aniversario no es solo un reconocimiento público; es también un agradecimiento personal. Gracias por tu constancia, gracias por tu defensa de la Abogacía, gracias por haber llevado el nombre del Colegio de Abogados de Melilla al Consejo General de la Abogacía Española y a tantos otros espacios jurídicos nacionales e internacionales, gracias por recordar siempre que la Abogacía no es una profesión cualquiera, sino una pieza esencial del Estado de Derecho, gracias por defender el Turno de Oficio, la justicia gratuita, la formación, la modernización del Colegio y la dignidad profesional de todos los compañeros, y gracias, sobre todo, por haber ejercido el Decanato con vocación, con pasión y con entrega.
Querido Blas, veinticinco años después, podemos decir con orgullo que tu trayectoria forma ya parte de la historia del Ilustre Colegio de Abogados de Melilla.
Y también podemos decir algo más importante: que esa historia no está escrita solo en actas, en cargos o en nombramientos, sino en la memoria de los compañeros que han compartido contigo este camino.
Que este aniversario sea un reconocimiento sincero a todo lo realizado, pero también un impulso para seguir defendiendo, con la misma fuerza, aquello que nos une: la Abogacía, el derecho de defensa, la Justicia y Melilla.
Enhorabuena, querido Blas, por estos veinticinco años como Decano. Y gracias, de corazón, por una vida de servicio a la Abogacía y a tu Colegio.
Luis Alpuente Ortega Colegiado 271 ICAMelilla