El ‘Compliance’ bancario ha dejado de ser un mero mecanismo de control para convertirse en una palanca estratégica del negocio.
En un contexto marcado por la presión regulatoria, la aceleración tecnológica y la irrupción de la inteligencia artificial, los ponentes de la mesa redonda de ‘Compliance’ y Banca del I Congreso Compliance en el sector financiero coinciden en que el verdadero reto ya no es cumplir, sino anticiparse.
Así comenzó la jornada organizada por ASCOM junto con la Universidad CEU San Pablo, en pleno centro de Madrid.
La primera mesa de debate contó la participación de Ramón Sánchez, ‘Chief Compliance Officer and Non Financial Risks’ en Banco Santander; María Belén Rico Arévalo, ‘Head of Compliance’ en BBVA España y Carlos López Agudo, ‘Chief Compliance Officer’ en CaixaBank, bajo la moderación de Íciar Escuin Hermosilla.
Hora de dar paso a la ‘primera línea’
En el mundo de la banca desde 2015 el negocio se divide, generalmente, en tres líneas. El ‘Compliance Officer’ se encuentra en la segunda, donde este profesional se hace dueño de los riesgos y del cumplimiento normativo. Sin embargo, es la primera línea la que está llamada a asumir el riesgo desde el origen.
Sin embargo, las funciones de cumplimiento evolucionan hacia roles más integrados, predictivos y orientados a la toma de decisiones, pero desde la segunda línea, de manera más reactiva, sin poder tomar decisiones sin el visto bueno de arriba.
Hasta ahora, la segunda línea les permite participar reactivamente. Por ello, Sánchez Díez propuso dar un paso adelante: hacer que los ‘Compliance Officer’ se posicionen en primera línea. «Estar en el inicio de la ejecución de ideas y la propuesta de ideas, junto con la primera línea, y no esperar a dar nuestra opinión al final», animó.

Idea con la que coincidió López Agudo: «El modelo de tres líneas es un buen ejemplo, ya que atribuye funcionalidades a cada aspecto de la función. Pero el ‘Compliance Officer’ no se puede encasillar. Tenemos que dejar atrás la línea segunda y movernos más en la primera, cambiando así la cultura corporativa y tener más peso»,
El valor diferencia ya no es detectar, sino anticiparse antes que un auditor o un supervisor. Tarea que el ‘Compliance Officer’ está listo para hacer: «Tenemos mucho espacio. El punto crítico es la prevención o de la detención temprana por un ‘Compliance Officer’ que se puede hacer desde tres líneas: participación en la primera línea de negocio; detección de riesgos ante el regulador y actuar como un enlace de ‘Compliance’ de la organización con los supervisores», explicó Rico Arévalo.
Todo ello bajo una premisa clara: sin cultura corporativa, no hay modelo de control que funcione.

La tecnología toma protagonismo
En un segundo bloque de la mesa, los ponentes coincidieron que no usar tecnología no es una opción. El gran reto es equilibrar eficiencia tecnológica con control real.
«La tecnología tiene dos riesgos: usarla o no usarla. Hay una expectativa y una realidad: La tecnología incluye factores de riesgos por el abuso o confianza ciega en estos sistemas. Pero ya en muchas organizaciones hay modelos de gobernanzas en las que cooperan en armonía los departamentos de tecnología, jurídico y digitales para aunar esfuerzos y nos permite el uso bajo un fin ético y adecuado de las tecnologías», indicó López Agudo.

«Todas las instituciones han pasado por un proceso de transformación acelerado. Y esto puede tener riesgo en la conducta, en la modalidad de riesgos de control, cumplimiento regulatorio. Pero ¿cómo lo hacemos para integrarla? Cultura de riesgos y agrandar la primera línea», concluyó Sánchez Díez.