Opinión | Elecciones en Andalucía: Los andaluces han hablado: siguen sin confiar en el socialismo del PSOE

Manuel Jaén, magistrado jubilado y profesor universitario, hace un análisis del declive electoral del PSOE en Andalucía, la gestión del PP y el impacto de la corrupción en la política española. Foto: EP.

18 / 05 / 2026 05:44

Como era de prever, el PSOE ha perdido estrepitosamente las elecciones en esta comunidad autónoma, la más poblada del país, en donde tradicionalmente este partido político siempre había gozado del mayor apoyo popular, porque Andalucía ha sido y sigue siendo mayoritariamente socialista, pero es evidente que muchos ciudadanos socialistas, ante la deriva que desde hace años viene teniendo el PSOE y las circunstancias que lo rodean, han optado, como ya lo hicieran en las anteriores elecciones, por desmarcarse y seguir confiando principalmente en el partido popular que actualmente rige los destinos de esta comunidad autónoma.

El Partido Popular no ha logrado la mayoría absoluta, por lo que deberá pactar con VOX, algo que no debería sorprender y mucho menos ser objeto de crítica, pues es la voluntad del pueblo andaluz.

El PSOE, con la peor derrota electoral en esta comunidad autónoma, tiene en su órbita como soporte del gobierno central a partidos de extrema izquierda, alguno manchado con la sangre de muchos españoles, e incluso otros contrarios a uno de los principios básicos de nuestra Constitución, cual es la indisoluble unidad de la nación española, y ahora el PP, en esta comunidad autónoma de Andalucía, tendrá que pactar con un partido, VOX, constitucionalista, por lo que nada habría que objetar al respecto.

Son muchos los socialistas que han perdido la confianza en el PSOE, porque son socialistas en el sentido más noble de la palabra «socialista», entendida como «socialdemocracia», y que llevaron a este partido político a ser el más importante de nuestro país, y en cuyo ideario figuran principios y valores compartidos por todo ciudadano, como la libertad, la igualdad, la solidaridad y la justicia social.

Un socialismo que no se corresponde con lo vivido durante las últimas legislaturas socialistas por el pueblo español y, en particular, el andaluz, que acaba de reiterar su voto en contra del PSOE, y a favor de quienes vienen gobernando Andalucía en los últimos años, para todos los andaluces, no sólo para una parte de ellos, con políticas transparentes y una más eficaz gestión, sin las corruptelas del pasado, como las que tuvieron lugar en el caso de los «ERE», uno de los mayores escándalos de corrupción política que ha sufrido nuestro país.

Pero, aun reconociendo lo anterior, es una gran pena que un partido de tanta trascendencia como es el PSOE, el más antiguo y prestigioso de España, con tantos intelectuales y personas de bien que históricamente han formado parte de él, o que han sido simpatizantes y votantes del mismo, se esté dejando arrastrar por sus actuales dirigentes, que han llevado al partido a perder las elecciones celebradas los últimos meses en diferentes comunidades autónomas, y que previsiblemente llevarán al partido a perder también las elecciones generales del próximo año, con gran desilusión para muchos españoles, que merecerían que el PSOE recuperara el liderazgo que durante mucho tiempo ha tenido, y que muy probablemente podría volver a tener con nuevos dirigentes, no contaminados por todas las situaciones que han llevado al partido al desastre electoral. Un PSOE capaz de llegar a acuerdos en asuntos de Estado con el Partido Popular, dando al panorama político la estabilidad que nuestro país necesita.

Se ha dicho que para ser un buen político hay que ser capaz de mentir y fingir. Quizá sea así, pero yo quiero pensar que más bien, para ser un buen político, igual que para ser un buen profesional, hay que estar bien preparado, ser prudente, honrado, coherente con los valores y principios que se dice defender, y tener una conducta ejemplar.

Sobre las mentiras que se han vertido en los últimos años desde el poder político se han encargado los medios de comunicación de elaborar largas listas, con datos objetivos, reales, que son indiscutibles. ¿Es esta una buena política, una política basada en la mentira y en el permanente enfrentamiento con el contrario?

Y los comportamientos, aunque gran parte de ellos aún presuntos, de personas del entorno del presidente o que están en su órbita, no son precisamente de ejemplaridad, sino que más bien merecen la mayor  reprochabilidad.

La lista aquí también es larga: condena en sentencia firme del Fiscal General del Estado; procedimientos penales contra la esposa y el hermano del presidente del gobierno; procedimiento contra el que fuera secretario de organización del PSOE por delitos relacionados con la corrupción; procedimiento contra el que fuera Ministro de Transportes y otros de su entorno, igualmente por delitos de corrupción, con sentencia pendiente de dictarse por el Tribunal Supremo, y un largo etc., que no puede sino producir el bochorno de muchos ciudadanos, comportamientos que no cabe duda han influido, como era de esperar, en el sentido del voto expresado en las urnas de estas elecciones andaluzas, pues un partido con tantos frentes judiciales y con presuntos comportamientos por parte de dirigentes del mismo, objeto de diferentes procedimientos penales, tan altamente reprochables, no podía ni merecía lograr la pretendida confianza del pueblo andaluz.

A mi juicio, los andaluces, con el resultado de estas elecciones, han querido transmitir la idea de querer seguir por la senda que actualmente transitan, con una buena gestión política, rechazando un PSOE afectado por numerosos escándalos judiciales, en el que la mentira ha servido de soporte de no pocos discursos por su actual dirigente, un partido empeñado en potenciar los enfrentamientos entre españoles, en lugar de fomentar la unidad, dentro siempre, claro, del pluralismo político y de la democracia participativa que caracterizan el actual sistema democrático, violentando permanentemente la piedra angular de toda democracia cual es la separación de poderes, y con un sectarismo propio de una filosofía basada en el pensamiento único, que desde las izquierdas que apoyan el actual gobierno se empeñan en defender, con evidente desprecio hacia quienes sostienen ideas diferentes, pero igualmente defendibles, que deberían ser respetadas.

Afortunadamente, España cuenta con un Poder Judicial independiente, aunque algunos pretendan que no lo sea, con magníficos profesionales, y mecanismos de acusación diferentes a la acusación pública (acusación particular y acusación popular), como contrapeso a una posible falta de independencia del Ministerio Fiscal, con incumplimiento de su deber constitucional de perseguir el delito, sólo perceptible en casos muy excepcionales, aunque de mucha relevancia, que sabrá dar una respuesta adecuada a cuantos hechos delictivos se produzcan, entre ellos los relacionados con la corrupción y los abusos de poder, que tanto daño están haciendo al conjunto de la ciudadanía y al propio Estado de Derecho, vengan de donde vengan y sean las personas que sean sus presuntos responsables, Poder Judicial, con exclusivo sometimiento de sus jueces y magistrados al imperio de la ley, que sabrá, en palabras del jurista romano Ulpiano, tarde o temprano, dar a cada uno lo que le corresponde.

Ello siempre desde la esperanza de que mientras que la Fiscalía siga estando en la órbita del Gobierno de turno, no se encargue a los Fiscales la instrucción de las causas penales y de que se mantenga la acción popular, mecanismos imprescindibles por el momento en todos aquellos asuntos relacionados con la corrupción pública y los abusos de poder estatal.

En fin, los andaluces han hablado, siguen sin confiar en los actuales dirigentes del PSOE, y es que, en verdad, no les faltan poderosos motivos para ello.

Pero tengo el convencimiento de que muchos socialistas y ciudadanos que en su día votaron a este partido, esperan y desean el resurgimiento de un PSOE, regenerado, con una nueva dirección y nuevas voces, que lo devuelva a su senda política natural, cual es la socialdemocracia, capaz de mantener diálogos con todos los representantes políticos, sin exclusiones, sin sectarismo, y de llegar a acuerdos en los principales asuntos de Estado con el Partido Popular.

España necesita ese PSOE, no el que ha llevado a perder drásticamente las últimas elecciones celebradas en diferentes comunidades autónomas, ahora en las de Andalucía, en donde se ha dilapidado un enorme patrimonio electoral.

Y es más que previsible que, de seguir así las cosas, las perderá también en las elecciones generales de 2027, aunque sería una decisión política honorable y deseable, por muchas razones, que la convocatoria se produjera este mismo año.

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