Opinión | Vergüenza, culpa y ansiedad: Las emociones invisibles de quienes están sobreendeudados

Óscar Buetas, director de Comunicación de la firma Bergadà Abogados explica lo que nadie cuenta, el sufrimiento de los que sufren esta circunstancia y cómo la ley de Segunda Oportunidad es una oportunidad para comenzar de nuevo.

25 / 05 / 2026 14:07

Actualizado el 25 / 05 / 2026 14:22

El silencio pesa, y mucho. En Bergadà Abogados, cada semana, recibimos a personas que no sólo arrastran una deuda económica, sino también una carga emocional que no figura en ningún documento bancario. Vergüenza, culpa o ansiedad son algunas de las características comunes que padecen, desde hace años, nuestros clientes.

Para muchas de estas personas, cruzar la puerta de nuestra boutique legal es un acto de valentía. No es simplemente buscar un abogado especializado en la Ley de la Segunda Oportunidad, es atreverse a hablar de algo que durante meses, o incluso años, han escondido a familiares, amigos y compañeros de trabajo.

Porque endeudarse, aunque tenga múltiples causas (un negocio que no salió bien, una enfermedad inesperada, un despido, un aval firmado, entre otras razones), todavía hoy se vive como un fallo personal. Y esa narrativa, dura e injusta, mina la autoestima y la salud emocional de la persona endeudada, pese a que es más que evidente que se trata de un deudor de buena fe.

De hecho, en Bergadà Abogados, boutique legal especializada en la Ley de la Segunda Oportunidad, hemos visto de todo. Personas que entran en la sala sin apenas poder mantener la mirada; hombres y mujeres que se justifican antes incluso de contar su caso, y otros que, al empezar a hablar, rompen a llorar. ¿La razón? Una mezcla de alivio y agotamiento. Porque, por fin, están dando el paso de pedir ayuda.

Emociones que pasan factura

En este sentido, una emoción que constantemente se repite es la culpa. Frases tales como “debería haber gestionado mejor mi dinero”, “fui tonto por firmar ese préstamo” o “cómo no vi que esto acabaría así” las oímos constantemente y reflejan una exigencia feroz hacia uno mismo.

Como si nadie más en el mundo pudiera cometer errores o si la economía personal fuera siempre predecible y fácil de controlar.

Y luego está la vergüenza. Una emoción profundamente social. Temor a que se sepa, a que se juzgue y a ser considerado un fracasado.

Muchas veces, la persona endeudada ha mantenido durante años una imagen de normalidad, teniendo hijos escolarizados, un coche en la puerta y trabajo fijo.

Pero por debajo de esa superficie hay créditos que se acumulan, intereses que ahogan y numerosas noches sin dormir.

Además, el miedo a que todo se derrumbe y los demás lo descubran, sobre todo los más allegados que no saben nada, es, en muchos casos, más paralizante que la propia deuda.

En este escenario, la ansiedad se convierte en una compañera diaria. Llamadas constantes y a cualquier hora del día de entidades bancarias y empresas de recobro de deudas, correos electrónicos que no se quieren abrir y cartas certificadas que se apilan en el buzón llevan a pensar que el futuro no tiene salida.

Buena muestra de esta realidad la vemos en Bergadà Abogados, donde hemos atendido a personas que llevan años sin comprarse ropa, sin celebrar un cumpleaños y sin vacaciones.

Porque cada gasto se convierte en una culpa añadida y cada euro que no va a la deuda es un reproche que las personas endeudadas que buscan una solución a su extrema situación se hacen.

Nuestro equipo ha escuchado testimonios muy duros. Gente que ha pensado en quitarse la vida, otros que han perdido su hogar y personas que han vivido una doble vida para que sus hijos u otros familiares no supieran nada.

Por eso, desde nuestra boutique legal, no sólo trabajamos el aspecto legal. Sabemos que nuestro trabajo empieza escuchando y validando. Porque entender que esa vergüenza, culpa y ansiedad son emociones normales en estos contextos, ayuda a que se reduzca su intensidad.

Por esta razón, también tenemos un Departamento de Bienestar Legal, muy necesario para muchos de nuestros clientes.

La necesidad de un cambio de discurso

Uno de los grandes retos es precisamente cambiar el discurso. La deuda no es un pecado y tampoco una sentencia eterna, es una situación legal y económica que, en muchos casos, tiene solución. Y ésta pasa por la información y el asesoramiento.

La Ley de la Segunda Oportunidad existe para permitir a personas físicas, particulares y autónomos, liberarse de las deudas que no pueden pagar y empezar de nuevo. Además, cabe remarcar que no es un “chollo”, no es un truco, sino que es un derecho.

En Bergadà Abogados hemos acompañado ya a centenares de personas en este camino. Y si algo hemos aprendido es que nadie merece vivir con miedo.

La recuperación económica es posible, sí, pero también lo es la emocional. Muchos de nuestros clientes nos dicen que después de años vuelven a dormir.

Que pueden mirar a sus hijos a los ojos. Que vuelven a soñar con unas pequeñas vacaciones y ver el futuro con mayor tranquilidad.

Por ello, queremos recordar a las personas sobreendeudadas que no están solas y que lo que sientes es normal.

Por este motivo, en Bergadà Abogados escuchamos a nuestros clientes sin juicio, ya que, para nosotros, cada historia cuenta y cada persona importa. En otras palabras, somos conscientes de que detrás de cada cliente hay una historia diferente al resto y que detrás de cada vida hay una esperanza.

En un mundo donde se habla de economía con cifras frías y grandes titulares, nosotros ponemos el foco en las emociones de quienes viven, en silencio, una crisis que duele, que deja huella. Pero que también puede superarse. Porque al final, la deuda no define a nadie. Lo que define es el coraje de buscar ayuda.

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