La celebración tuvo lugar en la Plaza de Cibeles de un Madrid colapsado por la gran masa de españoles que se echaron a la calle para celebrar este gran éxito. Foto: RFEF.

Cibeles, la noche de los dos millones de españoles y su selección campeona del Mundo de fútbol

21 / 07 / 2026 00:52

Actualizado el 21 / 07 / 2026 02:02

El autobús descapotado avanzaba despacio. Muy despacio por Madrid. No podía hacerlo de otra manera. Delante, detrás y a ambos lados, Madrid se había convertido en una multitud compacta y mayormente roja que empujaba hacia el centro de la ciudad.

Sobre las cabezas se agitaban miles de banderas rojas y amarillas. Algunas parecían querer alcanzar a los 26 hombres que viajaban en la parte superior del vehículo: despeinados, afónicos, con la mirada cansada y esa sonrisa de quien todavía no termina de creerse lo que acaba de conseguir.

Horas después, la Delegación del Gobierno pondría una cifra a aquella marea humana: dos millones de personas habían salido a las calles para acompañar a los nuevos campeones del mundo.

Dos millones. Una cantidad imposible de encerrar en una plaza. Por eso la celebración se extendió por Madrid, ocupó avenidas, desbordó aceras y convirtió cada esquina del recorrido en una pequeña Cibeles.

A miles de kilómetros de allí, sobre el césped de East Rutherford, en Nueva Jersey, donde España acababa de derrotar a Argentina, la fiesta había dejado también una nota amarga.

La FIFA anunció que investigaría a la selección argentina por los incidentes protagonizados por varios de sus jugadores y un miembro del cuerpo técnico durante la celebración española.

Pero aquella noticia apenas llegó a Madrid. O, si llegó, nadie quiso escucharla. No era el día.

Imagen de familia de los 26 campeones del Mundo, su seleccionador nacional y el equipo técnico que ha hecho posible este gran triunfo para España. Foto: RFEF.

Dos paradas institucionales

Antes de encontrarse con la multitud, la selección cumplió con dos paradas institucionales. Las dos en sendos palacios.

En la Zarzuela, los reyes Felipe VI y Letizia recibieron a los jugadores junto a la princesa Leonor y la infanta Sofía. El Rey resumió la final en seis palabras: «Ha sido un triunfo épico».

El día anterior, los Reyes, la princesa de Asturias y la infanta Sofía compartieron la alegría de la selección en el césped del propio estadio norteamericano. Una alegría que continuó en La Zarzuela. La princesa y la infanta con las camisetas preceptivas de la selección. Foto: RFEF.

Después llegó el turno de la Moncloa. Pedro Sánchez, recién regresado de Argel, felicitó a los campeones y, con una sonrisa que ya parecía mirar hacia el siguiente torneo, lanzó una pregunta que no necesitaba respuesta: «¿Por qué no pensar que no hay dos sin tres?».

Porque dentro de cuatro años el próximo Mundial de Fútbol se celebrará en sede compartida: España, Marruecos y Portugal.

Pero la celebración de verdad, la que no admite protocolo ni cabe entre cuatro paredes, estaba en la calle.

Cibeles llevaba horas esperando.

Desde media tarde, el escenario se fue llenando de música y nombres propios. Lamine Yamal apareció al ritmo de Y qué fue?, de Don Miguelo. La ovación comenzó antes de que pisara las tablas. Bastó con que los presentadores pronunciaran su nombre.

Lamine Yamal cumplió 19 años durante la competición. En la foto, en el bus acunando la Copa del Mundo. Foto: RFEF.

Después llegó Pau Cubarsí, recién cumplidos los 19 años. Eligió Mi gran noche, de Raphael, una canción publicada muchas décadas antes de que él naciera.

El contraste parecía resumir bien aquella selección: futbolistas jovencísimos celebrando una victoria que ya pertenecía a la historia.

Mikel Oyarzabal recuperó Potra salvaje, el himno oficioso que había acompañado a España durante la Eurocopa de 2024. La plaza reconoció la melodía desde el primer compás.

En Cibeles también se celebraba recordando.

Ferrán Torres, autor del gol que decidió la final contra Argentina, fue recibido con una de las mayores ovaciones de la noche. Después apareció Rodri, con la Copa del Mundo entre las manos, mientras sus compañeros formaban un pasillo para recibirlo.

Luis de la Fuente subió al escenario y apenas tuvo tiempo de saludar. Sus propios jugadores lo rodearon, lo levantaron en volandas y comenzaron a mantearlo mientras la plaza repetía, alargando las vocales hasta quedarse sin aire: «¡Campeones del muuuundo!».

Cuando volvió a tocar el suelo y pudo tomar la palabras, De la Fuente se arrancó con su canción favorita, «Quijote», de Julio Iglesias, repitiendo la tradición que ya había cumplido tras ganar la Eurocopa en 2024 en ese mismo escenario. Fue muy corto. Ciertamente su vocación no fue nunca la música.

De la Fuente aseguró que España tenía «la suerte de contar con 26 fantásticas personas que, además, son fantásticos futbolistas, los mejores del mundo». Y terminó como había que terminar, repitiendo su mantra, «Juntos somos más fuertes» y su «¡Viva España!».

En la pantalla gigante apareció Shakira, que felicitó a la selección por un triunfo que calificó de merecido. También bromeó con la idea de que era España la que le daba suerte a ella, y no al revés.

La música volvió a adueñarse del escenario. Ana Mena y Lola Índigo pusieron a bailar a los futbolistas con Pa ti toa.

Marc Cucurella, ya como jugador del Real Madrid, cantó junto a miles de aficionados la canción que lo había acompañado durante todo el Mundial. La plaza se la sabía entera. Nadie necesitaba mirar una pantalla ni seguir una letra. Había canciones que no se aprendían: se contagiaban.

Y entonces, entre tanto ruido, hubo un momento para el silencio.

Los presentadores recordaron a María, la niña enferma de cáncer que había participado en la celebración de la Eurocopa dos años antes y que murió el pasado abril. Una niña con la que Álex Baena tuvo mucha relación.

No hizo falta explicar mucho más.

La plaza, que un instante antes cantaba y saltaba, se detuvo durante unos segundos. El tiempo suficiente para que María también tuviera su sitio en la celebración.

Después apareció Aitana y pidió al público que cantara con ella Superestrella. Los jugadores saltaban a su espalda como si, por unos minutos, hubieran vuelto a ser aficionados.

Al terminar la actuación, la cantante quiso repetir la fotografía que ya se había hecho con la plantilla y el trofeo tras la Eurocopa. Esta vez posó con los campeones y con la Copa del Mundo.

«¡Aitaaana, Aitaaana!», corearon los futbolistas.

Durante unos segundos, los ídolos fueron ellos quienes pidieron una foto y aplaudieron a otra persona.

El cierre le correspondió a Rodri. El centrocampista levantó la Copa ante la multitud, rodeado de sus compañeros, como había hecho horas antes en Estados Unidos. Y Cibeles respondió con el grito que había acompañado toda la noche: «¡Campeones del muuuundo!».

El capitán de la selección, Rodri Hernández, drigiéndose al público al final de la celebración. Foto: RFEF.

Los organizadores pidieron al público que levantara las manos mientras los jugadores se agrupaban para la fotografía de familia. La imagen lo contenía casi todo: la Copa en el centro, los futbolistas abrazados y, detrás, una plaza desbordada.

Dos millones de personas ocuparon las calles de Madrid detrás de un autobús descapotado. No eran solo madrileños. Habían llegado aficionados de Galicia, Cataluña, Andalucía y Valencia. También de Francia, Inglaterra y Sudáfrica. Algunos habían viajado durante horas para ver pasar a los jugadores apenas unos segundos.

En Cibeles, muchos contemplaban la Copa como si necesitaran cerciorarse que era real. E

ra el tercer gran título de la selección en apenas cuatro años: la Liga de Naciones de 2023, la Eurocopa de 2024 y, ahora, el Mundial de 2026.

La primera Copa del Mundo, la de 2010, se celebró con el asombro de quien llegaba a un lugar desconocido. Esta, 16 años después, encontró a un país que ya sabía lo que era ganar.

Pero cuando Rodri levantó el trofeo y Madrid volvió a gritar, nadie se comportó como si estuviera acostumbrado. En las caras de todos, un mismo gesto: el de la felicidad.

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