Opinión| Argos, el perro que motivó la versión cinematográfica de la “Odisea” de Homero

Esta vez, ha sido Christopher Nolan (director de cine) quien ha realizado una adaptación cinematográfica de “La Odisea”. Foto: EP

21 / 08 / 2026 00:02

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Una vez más, el séptimo arte ha llevado a la gran pantalla la temática relacionada con los mitos griegos de la antigüedad. Esta vez, ha sido Christopher Nolan (director de cine) quien ha realizado una adaptación cinematográfica de “La Odisea”, el clásico poema épico de Homero de finales del siglo VIII antes de Cristo, que narra el viaje de regreso durante casi una década de Odiseo (Ulises) a su reino de Ítaca, una vez finalizada la guerra de Troya. 

Sin embargo, hay que destacar un dato curioso sobre esta película y es que una de las principales razones por las que Nolan llevó la “Odisea” a la gran pantalla, reconocido por él mismo en alguna de sus muchas entrevistas, fue el emotivo episodio de Argos, el perro de Odiseo, que ha pasado a la historia como simbolismo de la lealtad y para cuya representación el director eligió a un podenco portugués debido a la extrema antigüedad de esta raza y su herencia como perro de caza primitivo, lo que aporta una autenticidad visual e histórica cercana a la Grecia de la mitología.

La “Odisea” de Nolan y la “Odisea” de Homero

Hay que empezar diciendo que “La Odisea” de Christopher Nolan no es “la Odisea de Homero”. Las diferencias entre el tortuoso regreso a Ítaca de Odiseo que narra la epopeya original y el que se puede ver en la superproducción cinematográfica de Nolan son evidentes y, por otra parte inevitables. Y es que adaptar al cine un texto de semejante complejidad como es la “Odisea” de Homero exige seleccionar, recortar y reinterpretar muchos de sus cantos, por necesidad de formato, de duración y de los propios intereses comerciales de cualquier película.

En el caso concreto de la “Odisea” de Nolan, las diferencias con la obra original de Homero se ponen de manifiesto en aspectos tales, como: la supresión y alteración de episodios; también, la introducción de cambios en el orden narrativo; la fusión de aventuras que pertenecen a cantos distintos de la obra original; la modificación de los diálogos de los personajes; la eliminación de algunos ardides célebres de Odiseo que figuran en la obra original (como el de presentarse a Polifemo con el nombre de “Nadie”, que evitaría que este ciclope pudiera ser ayudado por sus compañeros) etc. 

Sin embargo, Nolan mantiene la esencia de la epopeya Homérica, logrando transmitir en las escenas de su película aquellos valores fundamentales del accidentado viaje de Odiseo (representado en la película por el actor Matt Damon) que conforman el anhelo irrenunciable de éste por volver a su origen y a reencontrarse con su identidad, tales como:

La fidelidad de su esposa Penélope (a la que da vida en la película la actriz Anne Hathaway), que representa a ésta resistiendo pacientemente frente a la presión de los pretendientes, esperando que regrese por fin su marido después de veinte años de ausencia en los que simula tejer un tapiz que deshace por las noches. 

La nobleza y honradez de Eumeo, que es el criado fiel que defiende siempre el nombre y el hogar de su rey Odiseo contra los pretendientes de Penélope que han invadido el palacio durante su ausencia (papel que encarna el actor John Leguizamo). 

El amor familiar de Telémaco, que decide buscar a su padre y descubrir si sigue vivo aunque no tiene ninguna evidencia de ello (papel interpretado en la película por el actor Tom Holland). 

También, algunos valores de propio héroe Homérico, como la perseverancia ante los obstáculos; el triunfo de la astucia y la inteligencia sobre la fuerza bruta; el deber sagrado de la hospitalidad; la paciencia como capacidad de soportar el sufrimiento y el liderazgo y la responsabilidad con las dolorosas consecuencias que las decisiones tomadas pueden conllevar. 

Y, sobre todo, el valor de la lealtad de un perro de nombre Argos, que es capaz de esperar a su amo durante veinte años, convirtiéndose en un símbolo de la fidelidad animal. Este es uno de los valores que quiso resaltar Nolan en su “Odisea” ya que intenta explicar en todo momento cómo el amor de un perro sigue vivo veinte años después de la partida de su amo para conquistar Troya, siendo el único que le reconoce al volver a casa.

Argos, un símbolo de lealtad incondicional 

El Canto XVII de “La Odisea” de Homero, describe cómo Odiseo vuelve a Ítaca tras veinte años de ausencia (diez de guerra en Troya y otros diez de regreso a casa) disfrazado de mendigo y, aunque nadie lo reconoce, sin embargo Argos su perro, ya viejo, enfermo y abandonado sobre el estiércol y lleno de parásitos, al ver a su amo, sin apenas poder levantarse, mueve la cola y baja las orejas en señal de reconocimiento. Odiseo, para no delatarse y poder mantener su identidad en secreto desvía la mirada y oculta una lágrima y el animal muere tras cumplir su espera. Esta muerte inmediata del perro tras ver a su amo cierra el círculo de su existencia, pues su única misión en la vida era comprobar que su amo seguía vivo. 

Esta escena está incluida en la nueva adaptación de Christopher Nolan, pero con una variación importante, pues en la película vemos como Odiseo acaricia a su perro ya viejo que yace sobre el estiércol olvidado y abandonado y cuya piel evidenciaba los estragos del hambre y de las garrapatas. Y es que en la obra original Odiseo no podía dejar de disimular su papel de mendigo y por esta razón y, aunque supo que era su perro, no lo acarició.

En este contexto Nolan no solo resalta el drama del retorno, sino que también intensifica el impacto emocional del reencuentro con Argos, quien, a diferencia de los humanos, nunca perdió la fe en la vuelta a casa de su dueño. Por ello, Argos representa una fidelidad incondicional que trasciende al tiempo y al olvido.

Pero no es sola esta la única adaptación de Nolan sobre Argos, que se aparta del poema original de Homero, pues el perro de Odiseo aparece en otras dos secuencias de la película, que no están en el poema original. Una, con un sentido dramático, vemos en el filme a Argos de cachorro, acompañando a Odiseo en una cacería y, otra vemos como el infame Antínoo (Robert Pattinson), principal pretendiente para desposarse con Penélope, desprecia y maltrata al viejo can, lo expulsa del palacio de Odiseo y lo arroja en un montón estiércol, como una señal más de la ausencia del soberano de Ítaca. 

Sin duda, el cine tiene el poder de transmitir las emociones humanas más profundas, en este caso, las que surgen de esos vínculos tan estrechos que los humanos comparten con sus mascotas, porque el reencuentro entre Odiseo, el astuto héroe de la guerra de troya y su fiel perro Argos es un momento cargado de emoción y simbolismo que da testimonio eterno de la lealtad y del amor incondicional que un perro puede ofrecer a su dueño, que ya lo reflejó Homero de forma literaria y que también lo ha hecho Nolan con su narrativa visual, donde la emoción se transmite sin necesidad de diálogo.

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