Si de alguien se dice que es “un judas”, todos entienden que ese alguien es un traidor y, ello porque fue uno de los doce discípulos de Jesús llamado Judas Iscariote quien traicionó a su Maestro, al que entregó por un precio convenido de 30 monedas de plata a quienes acabaron condenándole a morir crucificado; si bien es posible que esta traición de Judas, la más famosa de la historia, no fuera tanto una decisión propia emanada de su libre albedrío, como una misión para la que estaba predestinado, lo que pudo convertirle en una víctima de su propio destino.
JESÚS ERA BUEN CONOCEDOR DEL PLAN TRAICIONERO DE SU DISCÍPULO
Judas Iscariote sabiendo la enorme animadversión que los sacerdotes de los judíos le tenían a Jesús, en un momento determinado, decide acercarse a éstos y les propone entregarles a su Maestro a cambio de una suma de dinero.
Jesús era conocedor del plan traicionero de su discípulo, pues según el evangelio de San Mateo (26:14-27:66) mientras celebraba con sus Doce apóstoles la cena de Pascua les dijo a éstos: “Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar”.
Ellos, consternados, se pusieron a preguntarle uno tras otro “¿Soy yo acaso, Señor?”.
Él respondió “El que ha mojado en la misma fuente que yo, ése me va a entregar”.
Parece ser, que quien había coincidido en ese moje con Jesús en la fuente común que todos compartían en la cena fue Judas Iscariote, por lo que éste le preguntó a Jesús: “¿Soy yo acaso, Maestro?”. Y Jesús se lo confirmó con esta respuesta: “Tú lo has dicho”.
Tras esta conversación Judas abandona la cena y un rato más tarde lo hacen, también, los demás apóstoles y Jesús con ellos, yéndose a orar al huerto de Getsemaní, localizado al pie del Monte de los Olivos en Jerusalén.
Es en este lugar donde horas más tarde se presenta Judas acompañado de los esbirros del Sumo Sacerdote e identifica a Jesús por medio de un beso en la mejilla, que era la contraseña acordada.
Jesús es detenido y llevado a casa de Caifás, el sumo sacerdote en ese momento, donde, previamente, se habían reunido los escribas y los ancianos (el Sanedrín).
Y es aquí donde, tras varios interrogatorios, declaran a Jesús culpable y lo condenan a muerte por afirmar ser el Mesías.
Judas al ver que habían condenado a muerte a Jesús se sintió tan culpable y atormentado que decidió devolver a los sacerdotes las 30 piezas de plata recibidas como pago de la traición, que aquellos se negaron a recuperar, por lo que airadamente las arrojó al suelo, salió del templo y se fue a un lugar donde se quitó la vida ahorcándose.
POR QUÉ JUDAS TRAICIONÓ A SU MAESTRO
No se sabe la verdadera motivación que pudo llevar a Judas a traicionar a su Maestro. Algunas teorías consideran que Judas actuó por venganza, porque estaba profundamente decepcionado con Jesús, pues pensaba que el Mesías llevaría su revolución al campo político para liberar a los judíos del dominio de los invasores romanos.
Otras sostienen que lo hizo por codicia, aunque el precio cobrado por la traición (30 monedas de plata) fue tan escaso que esta motivación parece descartada.
En cualquier caso, resulta muy extraño que un traidor que se sabe descubierto siga adelante con su plan, pero más extraño es aún que el traicionado sepa quién le va a traicionar, dónde y cuándo y no lo evite.
Y es que Jesús cuando en la última cena desenmascara a Judas ante el resto de sus discípulos, se limita a decir “¡ay del que va a entregar al Hijo del hombre!; más le valdría no haber nacido”, pero no hace nada por evitarlo, es más, le dice a Judas:“Lo que vas a hacer, hazlo pronto” (Juan 13:18-38), invitándole a cometer la felonía planificada.
Esta circunstancia ha generado una teoría al respecto muy controvertida en la teología cristiana al ser coincidente con la tesis que sostiene el evangelio apócrifo de Judas, que es la de aquellos que afirman que la traición de Judas se produjo para dar cumplimiento al Plan de Dios de redimir a la humanidad.
Según esta teoría, Judas tuvo que cumplir un doloroso papel de traidor, pero esencial para posibilitar la misión para la que Jesús vino al mundo, es decir que Judas pudo ser un simple instrumento del destino o de la voluntad de Dios.
LA CONSENTIDA TRAICIÓN DE JUDAS
Esta teoría de que la traición de Judas pudo ser evitable se sostendría en algunas evidencias, como son las siguientes.
La primera, la intervención de Judas en la detención de Jesús, hubiera sido innecesaria, pues los esbirros enviados por Caifás al huerto de Getsemaní a prender a Jesús le conocían de sobra, ya que a diario le veían en el Tempo predicando sus enseñanzas, como así lo pone de manifiesto el propio Jesús, cuando se expresa en estos términos: “…a diario me sentaba en el templo a enseñar y, sin embargo, no me detuvisteis”.
La segunda, Jesús se podría haber entregado voluntariamente a quienes fueron a prenderlo y haber evitado a Judas el doloroso trance de su acto traicionero, de consecuencias tan nefastas, pero entonces no se hubiera cumplido la profecía que se encuentra en Zacarías 11:12, donde se dice que «el Salvador sería traicionado por 30 piezas de plata«.
La tercera, las propias palabras que Jesús utiliza para recriminar a quien hirió con la espada a uno de los criados del Sumo Sacerdote en el momento de su detención, diciéndole: “envaina la espada. ¿Piensas tú que no puedo acudir a mi Padre? Él me mandaría enseguida más de doce legiones de ángeles. Pero entonces no se cumpliría la Escritura, que dice que esto tiene que pasar”.