El Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) ha hecho una valoración sobre el uso de la Inteligencia Artificial (IA) para la redacción de textos jurídicos. Aplicación de las nuevas tecnologías que el tribunal apoya, siempre que sirvan para «una mejora de la argumentación», y no como simple extensión de los escritos.
Un caso de asesinato ha supuesto el contexto en el que el TSJA haga una valoración sobre el uso de la IA. No para rechazar la aplicación de esta herramienta, sino para advertir a los letrados de que, pese a que sí ofrece ventajas, también afecta a la legibilidad y la densidad jurídica de los documentos jurídicos.
Así pues, el caso comenzaba el 7 de enero de 2023, cuando Victoriano se encontraba con Adelaida, su pareja a la que había conocido en un centro de drogodependencias, y un amigo, consumiendo bebidas alcohólicas y sustancias estupefacientes. En concreto, cocaína y MDMA.
Cerca de las tres de la madrugada, estos acudieron al domicilio de Victoriano, donde comenzó una discusión de pareja.
Discusión que terminaba cuando Victoriano «disparó a sangre fría en la cabeza a Adelaida, provocándole un traumatismo cráneo encefálico» que acabó con su vida.
«Por favor, pegadme un tiro. He matado a la mujer de mi vida», reiteraba Victoriano después de ser detenido.
Algo ante lo que los tribunales condenaban al hombre a 11 años de prisión por un delito de asesinato con alevosía, con la concurrencia de atenuantes de confesión, reparación de daño y drogadicción.
Un fallo que la familia de la víctima recurría ante el TSJA.
Ello, solicitando que se eliminaran las circunstancias atenuantes al no cumplir con los requisitos legales, así como aplicar los agravantes de parentesco, por su relación sentimental con la víctima, y el agravante de género.
Recurso que desestimaba el tribunal, confirmando los 11 años de prisión y manteniendo los atenuantes establecidos en la primera condena.
La IA, una herramienta útil, pero con límites
Sin embargo, los magistrados Antonio Moreno Marín (presidente), Francisco Javier Zurita Millán y Miguel Pasquau Liaño (ponente) aprovechaban esta sentencia de desestimación para lanzar un claro mensaje sobre el uso de la inteligencia artificial en los escritos judiciales.
«No cabe objeción alguna por parte de este tribunal a que las partes se auxilien de tales herramientas a fin de mejorar, concretar, afilar y organizar la exposición de sus motivos», explica el tribunal ante el uso de la IA. «Cuanto mejor y más profesional sea su uso, más contribuirá a una mejora de la argumentación jurídica».
Una mejora que, sin embargo, debe ser analizada y cuidadosamente ejecutada.
«Creemos procedente advertir sobre la ligereza en el uso de tales sistemas», valoran los magistrados.
Y es que, tal y como estos ponen de relieve en su fallo, el abuso de la IA o la ligereza en el uso de la misma «pueden acabar dando como resultado un texto salpicado de frases brillantes que no dicen mucho, y cuya brillantez sintáctica encubre un vacío de densidad jurídica».
Algo que sucedía en el caso del recurso presentado en este caso ante el TSJA.
«Una redacción más cuidada y personalizada muy probablemente hubiera reducido a como mucho la mitad la extensión del escrito, ganando fuerza argumentativa y sin desmayarse en circularidades que, en general sobran, y en particular comportan falacias, sofismas o simple énfasis de palabras, inhábil desde el punto de vista de la finalidad de convencer a un tribunal de una tesis determinada», sentenciaba el TJSA.