Opinión | Los errores más graves en una investigación interna

Javier Puyol, abogado y socio director de Puyol Abogados & Partners, autoridad reconocida internacionalmente en Compliance, explica los errores más graves que pueden comprometer una investigación interna empresarial y advierte de que la independencia, el respeto a los derechos fundamentales y la correcta preservación de las pruebas son esenciales para garantizar la eficacia del Compliance.

22 / 09 / 2026 05:36

La investigación interna constituye probablemente el mecanismo más delicado, sofisticado y estratégicamente trascendente dentro de cualquier sistema moderno de Compliance.

Ninguna otra actuación corporativa concentra simultáneamente semejante intensidad de riesgos penales, laborales, regulatorios, tecnológicos, reputacionales, económicos y humanos.

En el momento en que una organización inicia una investigación interna, deja de operar únicamente en el plano ordinario de la gestión empresarial y entra en un territorio híbrido donde convergen dinámicas propias del derecho penal económico, de la psicología organizacional, de la gestión de crisis, de la gobernanza corporativa, de la analítica forense digital y de la arquitectura del poder interno.

Es precisamente en situaciones de crisis donde el compliance deja de ser un discurso institucional para convertirse en una práctica real de gestión del poder, de la verdad y de la responsabilidad organizacional.

El momento de la verdad

La investigación interna no es simplemente un procedimiento técnico destinado a verificar hechos.

Constituye, en realidad, un mecanismo de producción institucional de verdad y es precisamente por ello que los errores cometidos durante una investigación pueden resultar incluso más destructivos que la propia irregularidad originaria.

Numerosas organizaciones no terminan sufriendo sus mayores daños por el fraude inicial, por la conducta irregular detectada o por la infracción normativa subyacente, sino por la manera profundamente deficiente, improvisada o manipulada en que gestionaron la investigación posterior.

Las investigaciones internas representan el instante en que el sistema de compliance queda verdaderamente expuesto.

Mientras no existe crisis, cualquier organización puede aparentar integridad.

Puede exhibir códigos éticos impecables, canales de denuncia sofisticados, políticas corporativas extensas y estructuras formales aparentemente avanzadas.

Sin embargo, la autenticidad del modelo únicamente se verifica cuando surge un conflicto real que afecta a intereses económicos, jerarquías internas, directivos relevantes o riesgos reputacionales significativos.

Es ahí donde muchas organizaciones revelan que su modelo de compliance era únicamente formal, cosmético o defensivo.

Independencia y control interno

Uno de los errores estructurales más graves consiste en iniciar investigaciones sin independencia material real.

Este problema constituye posiblemente la principal patología de las investigaciones corporativas contemporáneas.

Numerosas empresas afirman disponer de órganos independientes de cumplimiento, pero dicha independencia desaparece inmediatamente cuando la investigación amenaza centros reales de poder dentro de la organización.

La dependencia jerárquica, económica o funcional del investigador respecto de los potenciales afectados contamina desde el inicio toda la credibilidad del procedimiento.

La independencia en una investigación no puede entenderse como una mera declaración formal.

Requiere la existencia de una autonomía efectiva para acceder a la información, para entrevistar a personas, para preservar evidencias y poder formular conclusiones sin interferencias.

Cuando el investigador depende profesionalmente del directivo afectado, cuando el departamento jurídico actúa condicionado por intereses reputacionales, cuando recursos humanos busca evitar conflictos internos o cuando el órgano de compliance carece de poder real frente a la alta dirección, la investigación nace estructuralmente viciada.

En estas situaciones, la organización no investiga para descubrir la verdad, sino para controlar el daño institucional.

La finalidad real deja de ser el esclarecimiento objetivo de los hechos y pasa a convertirse en la construcción de una argumentación corporativa de tipo defensivo.

La empresa empieza entonces a seleccionar estratégicamente la información que analiza, limita artificialmente el alcance temporal de la revisión, evita determinadas líneas de investigación o reduce el problema a conductas individuales aisladas para impedir que emerjan responsabilidades sistémicas.

Este fenómeno resulta especialmente peligroso porque muchas investigaciones aparentemente técnicas son, en realidad, mecanismos sofisticados de autoprotección corporativa.

La investigación se transforma en un instrumento de legitimación institucional destinado a demostrar externamente que “la empresa actuó”, aunque internamente el objetivo verdadero sea minimizar consecuencias regulatorias, preservar a determinados directivos o controlar la narrativa reputacional.

Rapidez, rigor y evidencia

Otro error extremadamente grave consiste en reaccionar demasiado tarde.

La lentitud inicial destruye investigaciones antes incluso de que comiencen realmente, debiéndose tener en consideración que la evidencia digital contemporánea es extraordinariamente frágil, dinámica y fácilmente alterable.

Los correos electrónicos, los registros de acceso, los historiales de comunicaciones, los logs de actividad, los archivos compartidos, los mensajes instantáneos y los metadatos pueden modificarse, eliminarse o contaminarse con enorme rapidez.

Cada minuto de inacción incrementa exponencialmente el riesgo de destrucción probatoria.

Muchas organizaciones subestiman gravemente esta dimensión temporal y, así, reciben denuncias relevantes y permanecen días o semanas debatiendo internamente cómo reaccionar, quién debe intervenir o qué impacto reputacional podría generar la investigación; mientras tanto, los posibles implicados adaptan versiones, coordinan discursos, eliminan evidencias o reconfiguran estructuras documentales.

La pasividad inicial constituye una de las mayores fuentes de fracaso investigador; sin embargo, el extremo contrario también resulta profundamente peligroso.

Algunas organizaciones reaccionan impulsivamente bajo una lógica emocional o mediática y, de este modo, suspenden a los trabajadores sin suficiente base probatoria, realizan comunicaciones internas precipitadas, intervienen dispositivos indiscriminadamente o, por el contrario, adoptan medidas disciplinarias antes de verificar y comprobar adecuadamente los hechos que de manera real y efectiva se han producido.

La precipitación genera investigaciones técnicamente defectuosas, vulneraciones de derechos fundamentales y riesgos severos de nulidad posterior.

Por ello, la investigación interna exige una combinación extraordinariamente compleja de rapidez y rigor, donde no basta con actuar rápido, sino que es imprescindible desarrollar toda la actividad investigadora de manera correcta.

La improvisación constituye uno de los principales enemigos del compliance moderno y, pese a que muchas empresas poseen protocolos formales de investigación, carecen de una verdadera capacidad operativa para ejecutarlos bajo presión.

Otro error devastador consiste en abordar la investigación como un mecanismo de persecución individual, en lugar de como un proceso de análisis sistémico.

En este sentido, son numerosas las organizaciones que buscan desesperadamente un culpable visible que permita cerrar rápidamente la crisis y transmitir la sensación de control.

Esta lógica del “chivo expiatorio corporativo” resulta extraordinariamente peligrosa porque reduce fenómenos organizacionales complejos a responsabilidades puramente individuales, que a veces carecen de sentido alguno.

Las irregularidades corporativas raramente surgen en el vacío, ya que de manera habitual aparecen dentro de contextos organizacionales caracterizados por unas presiones comerciales excesivas, por unos incentivos perversos, por controles débiles, por unas culturas de silencio, por un liderazgo tóxico, por la existencia de conflictos de interés normalizados o por la tolerancia histórica frente a incumplimientos considerados como casos menores.

Cuando la empresa centra toda la investigación en identificar únicamente al autor material inmediato, evita analizar las verdaderas causas estructurales que permitieron la conducta irregular.

Desde una perspectiva criminológica organizacional, este fenómeno resulta esencial, ya que las organizaciones no delinquen únicamente por la existencia de individuos corruptos, sino que lo hacen también porque determinados diseños organizativos favorecen la normalización progresiva de conductas irregulares.

Los sistemas de incentivos mal diseñados, las culturas obsesionadas exclusivamente con resultados económicos, las estructuras jerárquicas impermeables a la crítica y la ausencia de supervisión efectiva generan entornos criminógenos, donde las irregularidades terminan apareciendo casi inevitablemente.

Derechos y garantías

Uno de los errores más peligrosos y técnicamente más deficientes consiste en vulnerar los derechos fundamentales de las personas afectadas durante la investigación.

El deseo corporativo de obtener información rápidamente lleva frecuentemente a actuaciones que son desproporcionadas, invasivas o jurídicamente insostenibles.

La empresa olvida que el hecho de encontrarse dentro de una relación laboral no elimina la protección constitucional de derechos fundamentales, tales como la intimidad, el secreto de las comunicaciones, la dignidad personal o la protección de datos personales, entre otros.

La tensión entre el control empresarial y los derechos fundamentales constituye uno de los ámbitos más delicados de las investigaciones modernas.

Las organizaciones suelen cometer el error de interpretar sus facultades de supervisión de manera expansiva y prácticamente ilimitada.

Consideran erróneamente que la titularidad corporativa de los dispositivos, de los sistemas o de las infraestructuras legitima cualquier nivel de acceso o monitorización.

Sin embargo, tanto la doctrina constitucional como la jurisprudencia europea han establecido reiteradamente que las facultades empresariales de control están sometidas a criterios estrictos de proporcionalidad, necesidad, transparencia previa y limitación de la finalidad.

Una investigación técnicamente eficaz, pero jurídicamente invasiva, puede quedar completamente desacreditada ante los tribunales, ante las autoridades laborales o las agencias regulatorias.

Especialmente problemática resulta la gestión de la evidencia digital, donde muchas investigaciones fracasan porque las organizaciones carecen de conocimientos forenses suficientes para preservar adecuadamente la integridad probatoria.

La evidencia digital no puede gestionarse mediante procedimientos improvisados o de carácter informal, ya que requiere trazabilidad, preservación técnica, control de accesos y también una documentación exhaustiva de cada actuación realizada.

La ausencia de una cadena de custodia constituye uno de los errores más destructivos en cualquier investigación interna.

En este orden de cosas, cuando la empresa no puede acreditar quién accedió a la evidencia, cómo fue preservada, qué modificaciones sufrió o qué metodología técnica se utilizó, la credibilidad probatoria queda gravemente comprometida.

En entornos judiciales o regulatorios complejos, la integridad técnica de la evidencia resulta tan importante como el propio contenido probatorio.

Otro error extraordinariamente frecuente consiste en realizar entrevistas internas sin la aplicación de una metodología profesional.

Las entrevistas constituyen uno de los elementos más sensibles de cualquier investigación porque afectan simultáneamente a la obtención de información, a la evaluación de credibilidad y a la gestión psicológica de los implicados y, sin embargo, muchas organizaciones convierten las entrevistas en interrogatorios improvisados, emocionalmente agresivos o, incluso, jurídicamente defectuosos.

Un entrevistador mal preparado puede inducir respuestas, contaminar testimonios, generar contradicciones artificiales o intimidar innecesariamente al trabajador.

Las entrevistas deben desarrollarse bajo criterios de neutralidad, trazabilidad, preparación técnica y respeto absoluto a los derechos de las personas afectadas.

Cuando la organización utiliza la entrevista como mecanismo de presión psicológica, la investigación pierde legitimidad y la misma se transforma en un instrumento coercitivo.

Especialmente grave resulta entrevistar a personas sin haber delimitado previamente el alcance real de la investigación.

Muchas empresas comienzan a interrogar empleados antes incluso de comprender adecuadamente qué están investigando.

Esta ausencia de planificación produce investigaciones erráticas, inconsistentes y altamente vulnerables desde el punto de vista jurídico.

La delimitación del objeto investigador constituye una fase esencial frecuentemente ignorada; así, toda investigación debe definir con precisión qué hechos analiza, qué riesgos jurídicos existen, qué periodo temporal resulta relevante, qué áreas organizativas están afectadas y qué metodología se aplicará.

La ausencia de unos perímetros claros y bien definidos genera investigaciones expansivas y caóticas, que terminan acumulando información irrelevante, mientras pierden el verdadero foco sobre los verdaderos riesgos críticos que la misma conlleva.

Confidencialidad y aprendizaje

Otro error profundamente destructivo consiste en permitir la existencia de interferencias jerárquicas o que las mismas se produzcan a través de políticas durante el procedimiento investigador.

Las investigaciones corporativas no se desarrollan en entornos neutros, sino que las mismas operan dentro de estructuras de poder complejas, donde distintos actores intentan proteger intereses propios.

Los directivos preocupados por su responsabilidad, los departamentos obsesionados con el impacto reputacional o las áreas comerciales temerosas de las consecuencias económicas que la investigación de determinados hechos puede conllevar pueden intentar condicionar informalmente el desarrollo de la investigación, y estas interferencias rara vez adoptan formas explícitas.

Las mismas operan mediante conversaciones informales, sugerencias aparentemente inocuas, restricciones presupuestarias, limitaciones documentales o redefiniciones estratégicas del alcance investigador y es precisamente por ello cuando resultan especialmente peligrosas, ya que contaminan progresivamente la objetividad de la investigación, mientras preservan externamente una apariencia de independencia.

Otro de los errores más graves consiste en no proteger adecuadamente al informante o denunciante.

En este sentido, muchas organizaciones implementan canales internos de información formalmente sofisticados, pero carecen de mecanismos reales de protección frente a represalias.

El denunciante comienza entonces a experimentar un aislamiento social, un deterioro profesional, una exclusión funcional o una estigmatización interna.

La protección del informante no constituye únicamente una obligación derivada de la Ley 2/2023, reguladora de la protección de las personas que informen sobre infracciones normativas y de lucha contra la corrupción.

Constituye un elemento estructural imprescindible para la eficacia del sistema de compliance y, cuando los trabajadores perciben que el hecho de denunciar implica una destrucción profesional o un aislamiento emocional, el sistema entero pierde credibilidad.

En tal caso, las irregularidades dejan de comunicarse y comienzan a ocultarse.

Muchas organizaciones cometen, además, el error de tratar automáticamente al investigado como culpable.

La mera apertura de una investigación genera frecuentemente una estigmatización interna del afectado de manera inmediata.

En este orden de cosas, el trabajador comienza a ser percibido como responsable antes incluso de concluir el procedimiento y este fenómeno resulta extraordinariamente peligroso, tanto desde el punto de vista jurídico como humano.

La investigación interna no puede convertirse en una forma encubierta de sanción anticipada.

La presunción de inocencia, aunque técnicamente configurada como garantía penal frente al poder punitivo estatal, proyecta también principios esenciales sobre cualquier procedimiento corporativo mínimamente garantista.

La empresa debe investigar objetivamente, pero no confirmar prejuicios previamente construidos.

Otro error crítico frecuente y habitual consiste en vulnerar la confidencialidad de la investigación, donde las filtraciones internas representan uno de los fenómenos más destructivos dentro de cualquier crisis corporativa.

Cuando comienzan a circular rumores, comentarios o versiones parciales sobre la investigación, se contamina completamente el entorno organizacional.

Los testimonios dejan de ser espontáneos, las posiciones internas se polarizan y la presión psicológica aumenta exponencialmente.

La confidencialidad no es simplemente una exigencia formal de protección de datos, sino que constituye una condición estructural para preservar la integridad del procedimiento investigador.

Una investigación expuesta públicamente dentro de la organización pierde gran parte de su eficacia y de su legitimidad.

Igualmente grave resulta documentar deficientemente las actuaciones investigadoras.

Muchas empresas realizan actuaciones críticas sin la existencia de una trazabilidad suficiente, sin registros adecuados o sin contar con criterios metodológicos claros.

Posteriormente, cuando deben acreditar diligencia ante los tribunales o los reguladores, descubren que no pueden reconstruir coherentemente el desarrollo de la investigación.

La documentación constituye el esqueleto probatorio del procedimiento investigador, donde cada decisión, cada acceso documental, cada entrevista y cada conclusión deben quedar adecuadamente registrados.

Una investigación sin trazabilidad es prácticamente indefendible desde una perspectiva regulatoria avanzada.

Otro error profundamente extendido consiste en cerrar investigaciones sin implementar medidas correctoras o de mejora de la organización que sean reales y efectivas.

Algunas organizaciones consideran que la investigación termina con la imposición de sanciones disciplinarias o con la elaboración del informe final.

Sin embargo, una investigación moderna no debe limitarse a identificar infracciones pasadas, sino que la misma debe permitir comprender cómo la organización produjo, facilitó o toleró el riesgo que provocó finalmente hechos no deseados para la misma.

Cuando la empresa no corrige los déficits estructurales detectados —controles insuficientes, incentivos perversos, conflictos de interés, debilidades culturales o fallos de supervisión—, la investigación se convierte en un ejercicio puramente reactivo y estéril y el problema reaparecerá inevitablemente bajo nuevas formas.

Las investigaciones verdaderamente maduras producen un aprendizaje organizacional, ya que transforman las estructuras, redefinen los controles, modifican los incentivos y fortalecen la cultura ética corporativa.

Por el contrario, las investigaciones inmaduras únicamente buscan cerrar crisis inmediatas, así como minimizar los daños reputacionales.

Consecuentemente con ello, el mayor error de todos consiste en olvidar que las investigaciones internas son, esencialmente, ejercicios de gestión del poder organizacional y que toda investigación amenaza los equilibrios internos, cuestiona las jerarquías, expone las vulnerabilidades y redistribuye las responsabilidades y, precisamente por ello, las investigaciones revelan la verdadera naturaleza ética de las organizaciones.

Las empresas verdaderamente maduras utilizan las investigaciones para comprenderse mejor a sí mismas, corregir patologías estructurales y fortalecer con ello su integridad institucional.

Las organizaciones inmaduras utilizan las investigaciones para proteger centros de poder, preservar las apariencias y construir argumentaciones que son básicamente defensivas, ignorando muchos aspectos trascendentales para su funcionamiento.

Y aquí reside la diferencia fundamental entre un sistema de compliance auténtico y un sistema meramente cosmético: en la capacidad de investigar la verdad, incluso cuando resulta incómoda para la propia organización.

Las investigaciones internas verdaderamente eficaces no son aquellas que simplemente identifican infracciones, sino aquellas que permiten comprender cómo la organización produjo, toleró o facilitó el riesgo.

El auténtico valor del compliance no reside únicamente en sancionar conductas individuales, sino en transformar estructuras organizativas patológicas.

En última instancia, el mayor error de una investigación interna consiste en olvidar que el hecho de investigar implica gestionar poder y que toda investigación altera equilibrios internos, cuestiona jerarquías, amenaza intereses y expone vulnerabilidades organizacionales.

Precisamente por ello, las investigaciones revelan la verdadera cultura ética de la empresa.

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