La infanta Cristina era un «lastre» para la Corona

Carlos Berbell, Director de Confilegal

12 / 06 / 2015 13:09

Actualizado el 03 / 03 / 2016 13:13

Don Felipe no tenía otra si quería que la Corona permanezca como la primera institución del Estado.

La imagen de una hermana del Rey sentada en el banquillo de los acusados, para responder por dos delitos fiscales, junto a su marido, iba a suponer una condena «per se». Una imagen que se iba a ver a través de todas las televisiones.

Sentado junto a ella, su marido, Iñaki Urdangarín, al que le solicitan 19,5 años de cárcel por varios delitos en el caso Nóos.

La foto, el vídeo, hubiera afectado al nuevo Rey de forma directa. Muchos habrían interpretado que era la propia Corona la que estaba siendo juzgada por el tribunal de la Audiencia Provincial de Palma de Mallorca.

Doña Cristina era un «lastre» para la Corona. Igual que su marido.

Como si de una partida de ajedrez se tratase, don Felipe ha sacrificado dos piezas de una tacada para mantener su fortaleza y su credibilidad ante la opinión pública. Mandando un mensaje claro: la Corona está por encima de la sangre, aunque sea sangre hermana.

Y lo ha hecho utilizando un verbo lo más aséptico y legal posible, el verbo revocar. Todos sabemos que revocar es sinónimo de quitar, desposeer o despojar.

El efecto es el mismo.

Doña Cristina e Iñaki Urdangarín han dejado de ser duques de Palma desde el día de hoy, 12 de junio. Un título que el Rey Juan Carlos les había concedido el 26 de septiembre de 1997 con ocasión de su boda.

Es el tiempo de don Felipe y le tocaba hacer tabla rasa. «Dios te lo da, Dios te lo quita».

La conversación telefónica que mantuvieron el Rey y su hermana, a finales de mayo, no debió ser nada agradable.

En la Casa Real hubieran preferido que ella hubiera dado el primer paso, pero no fue así. Desde el lado de la infanta se pensaba, era lógico, que, si lo hacía muchos lo habrían interpretado como una asunción de culpabilidad.

Don Felipe le dijo a doña Cristina que la iba a desposeer del título por razones obvias.

A su hermana no le quedó más salida que enviar una carta desde Ginebra, fechada el día 1 de mayo, pidiendo formalmente lo que su hermano le había anunciado que iba a hacer, sí o sí.

En la decisión de don Felipe está latente la idea de que la Corona tiene que ser «el referente ético» para el país, fiel al viejo dicho de que «el ejemplo es el principio de la autoridad».

Porque si algo ha ganado el Rey con esta decisión es precisamente eso, autoridad. Pero autoridad de primera clase: autoridad moral. La autoridad que no se discute.

Ha hecho lo que tenía que hacer.

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