El edificio del Tribunal Supremo fue antes un monasterio de monjas que fue incautado

El edificio del Tribunal Supremo fue antes un monasterio de monjas que fue incautado

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El palacio que alberga al Tribunal Supremo de España no fue, en su origen, un edificio judicial sino un palacio-monasterio de una orden de monjas. Gracias a la desamortización, el edificio fue incautado por el Estado y convertido en una auténtica «ciudad de la justicia», en 1873.

La desamortización fue un largo proceso histórico-económico iniciado en España a finales del siglo XVIII por Francisco Godoy, valido del rey Carlos IV, y que se cerró ya muy entrado el siglo XX.

Consistía básicamente en poner en el mercado, previa expropiación forzosa y mediante una subasta pública, las tierras y bienes no productivos en poder de las denominadas como «manos muertas», para entendernos, los bienes que pertenecían a la Iglesia Católica, a las órdenes religiosas y a la nobleza.

Durante ese amplio periodo de tiempo se produjeron varios procesos de desamortización, aunque la mayor parte de la gente sólo recuerda el de Juan Álvarez Mendizábal, ministro regente de la reina María Cristina de Borbón en 1836.

Pero para el mundo de la Justicia, el más importante fue, sin duda, el que llevó a cabo el segundo gobierno del progresista Baldomero Espartero. Y más concretamente su ministro de Hacienda, Pascual Madoz.

Gracias a ese proceso de desamortización, se consiguió la actual sede del Tribunal Supremo, situada en la Plaza de la Villa de París de Madrid.

La desamortización de Madoz, como las anteriores, declaraban en venta las propiedades del clero, de las Órdenes Militares (Santiago, Alcántara, Calatrava, Montesa y San Juan de Jerusalén), cofradías, obras pías, santuarios, y algunos lugares de la beneficencia.

Por aquel entonces, el edificio pertenecía a la orden de la Visitación de la Bienaventurada Virgen María, que fue una de las damnificadas con la citada desamortización.

Esa orden era la rama femenina de San Francisco de Sales y por eso, cuando en 1870 las salesas fueron exclaustradas, el convento se destinó a Palacio de Justicia, aunque la iglesia siguió abierta al culto.

La conversión del palacio-monasterio en Palacio de Justicia -se inauguró en 1873, tras las reformas pertinentes- supuso una revolución para la época porque, de hecho, se convirtió en lo que hoy llamaríamos la “ciudad de la justicia de Madrid”.

En él se concentraron todos los juzgados y tribunales de Madrid, a los que se añadió el Tribunal Supremo en sus dos plantas superiores, pero guardó, popularmente su denominación anterior:  Palacio de las Salesas, o Las Salesas, simplemente.

En 1992 todo el edificio se convirtió en Tribunal Supremo, gracias a la reforma que impulsó el entonces presidente, Pascual Sala. 

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