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Los ‘chatbot’: ¿Podrá una máquina hacer creer a un humano que ella también es humana?
Javier Puyol es el socio director de Puyol Abogados, una boutique legal especializada en el mundo de las nuevas tecnologías y el cumplimiento normativo y las nuevas tecnologías. Confilegal.
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Los ‘chatbot’: ¿Podrá una máquina hacer creer a un humano que ella también es humana?

Javier Puyol
24 abril, 2016

Si una máquina se comporta en todos los aspectos como inteligente, entonces debe ser inteligente”. Esta premisa, y casi convicción, llevó a Alan Turing a exponer en la prestigiosa revista filosófica Mind su pensamiento ante la comunidad científica británica. Su artículo, publicado en 1950 bajo el título “Computing Machinery and Intelligence”, ahondaba sobre la inteligencia artificial haciéndose una sencilla y trascendental pregunta: ¿pueden las máquinas pensar?

A tal cuestión cabe responder que probablemente en un futuro no demasiado lejano, las mismas podrán hablar y mantener una conversación racional, de manera no diferente a las capacidades que tiene el ser humano.

Y con relación a este concepto, surgen los llamados “bot” de charla” o “bot” conversacional”, o “chatbots”, los cuales constituyen un programa que simula mantener una conversación con una persona al proveer respuestas automáticas a entradas hechas por el usuario.

En este sentido, y ahondando en este concepto, cabe cuestionarse si efectivamente ¿podrá algún día una máquina hacer creer a un humano que ella también es un ser humano?

Habitualmente, la conversación se establece mediante texto, aunque también hay modelos que disponen de una interfaz de usuario multimedia.

Más recientemente, algunos comienzan a utilizar programas conversores de texto a sonido (CTV), dotando de mayor realismo a la interacción con el usuario. Para establecer una conversación han de utilizarse frases fácilmente comprensibles y que sean coherentes, aunque la mayoría de los “bot” conversacionales no consiguen comprender del todo.

En su lugar, tienen en cuenta las palabras o frases del interlocutor, que les permitirán usar una serie de respuestas preparadas de antemano. De esta manera, el “bot” es capaz de seguir una conversación con más o menos lógica, pero sin saber realmente de qué está hablando.

En este orden de cosas cabe señalar que la dificultad de su programación hace que conseguir un resultado decente suponga una gran inversión de recursos. Sin embargo, la mejora en el desarrollo y modulación tanto de las librerías de vocabulario, como de los algoritmos de inteligencia artificial, están simplificando la elaboración de estos “bots”.

De esta manera, se estima que para el año 2019 la producción de estos “bots” llegará a ser tan común, que incluso cada persona podría contar con un “bot” personalizado a sus necesidades. No olvidemos que tienen muchísima utilidad a la hora de dar información rápida acerca de un sistema o zona, y que se pueden convertir en auténticos especialistas en materias muy concretas, debido a la capacidad de aprendizaje que incorporan algunos de ellos.

QUÉ ES UN CHATBOT

Pero un “chatbot” es un software capaz de comunicarse con los humanos usando inteligencia artificial. El uso de la inteligencia artificial crea rentables interacciones entre consumidores y empresas en los servicios de mensajería. Así fue como comenzó la invasión de los “bots” en el sector tecnológico.

Como ha quedado dicho, los “bots” son programas informáticos que realizan tareas automatizadas y están presentes desde hace tiempo en la web, por ejemplo escaneando páginas indexadas por motores de búsqueda o transformando las computadores en zombis durante un ataque cibernético.

Pero últimamente hay una novedad que da mucho de qué hablar: los “chatbots”. Estos “diálogos robotizados” se han vuelto interactivos gracias a un toque de inteligencia artificial que consigue sostener una conversación con un humano en un servicio de mensajería o una red social. Así se venden servicios, artículos o boletos de avión.

Tal como se afirma en El Economista, hoy en día las apps de mensajería están convirtiéndose en uno de los servicios más utilizados por los usuarios de dispositivos móviles.

Por esta razón, varios sectores están incorporando estos canales a sus modelos de negocio, un servicio que no estará controlado por personas, sino por robots”. En este sentido, tanto editores como apps de mensajería están centrando todos sus esfuerzos en el desarrollo de softwares de inteligencia artificial para crear “chatbots”, es decir, “bots” capaces de entablar conversaciones con los usuarios.

Dos compañías que ya han decidido acoger esta nueva tecnología son el Washington Post y la plataforma Outbrain, los cuales emplearán “bots” para la distribución de sus contenidos.

Estos asistentes cuentan con una serie de características que les permiten actuar como si fueran un ser humano.

La primera de ellas tiene que ver con la tecnología de procesamiento del lenguaje natural.

Y es que los “bots” podrán entender las peticiones realizadas por los internautas de tal manera que no estarán perdidos ante posibles variaciones e interpretaciones que las personas hacen del lenguaje.

Otra de las capacidades que define a los chatbots” tiene que ver con su facilidad para adquirir nuevos conocimientos. Independientemente del ámbito en el que opere un “bot”, sus conocimientos sobre el área en cuestión serán básicos, de tal forma que su relación con cada persona será única ya que irá aprendiendo y adaptándose en base a la información que le suministre cada usuario. Esta funcionalidad es posible gracias al desarrollo de la Inteligencia Artificial.

De esta forma, ya existen asistentes personales como Siri y Cortana, aunque todavía presentan fallos y tienen mucho que mejorar.

Sin embargo, la construcción de esta característica requiere de un gran trabajo puesto que puede generar demasiada autonomía en los “bots” y al finalmente pueden terminar aprendiendo más de la cuenta. Esto es lo que le sucedió a Tay, el “chatbot” creado por Microsoft, el cual comenzó a realizar comentarios racistas y misóginos en las redes sociales.

LOS CHATBOTS SON YA UNA REALIDAD

La presencia de los “chatbots” en la sociedad ya es una realidad y todo apunta a que serán la nueva corriente a tener en cuenta en el mundo de la tecnología, por lo que las principales compañías tecnológicas, como Google o Facebook, desarrollarán sus propios servicios de “bot”s.

Aunque estas herramientas pueden ser un arma de doble filo porque pueden causar el desuso de los servicios que disponen las tecnológicas ante la oferta de posibilidades que pueden llegar a ofrecer los “chabots”.

La principal razón se achaca a la rapidez con la que mejoran los softwares de Inteligencia Artificial, siendo los culpables de este auge las principales tecnológicas de Silicon Valley como Facebook y Google, entre otros, según se señala en El Economista.

Y es que la IA permite a los ordenadores procesar el lenguaje, y en el fondo conversar con las personas, de una forma que nunca antes se había visto.  Otro motivo tiene que ver con las oportunidades que ofrece esta tecnología para convertirse en una nueva fuente de ingresos.

En este sentido, Messenger de Facebook, que cuenta con 900 millones de usuarios, se ha volcado de lleno en el desarrollo de “bots” para que tanto editores como empresas puedan ofrecer sus servicios y productos a través de este canal. De esta forma, los fabricantes e inversores buscarán aprovechar de la mejor manera posible este mercado potencialmente lucrativo.

Las tecnológicas no están centrando todos sus esfuerzos en la creación de “bots” por casualidad. Está claro que con este mercado se pueden obtener importantes beneficios económicos de tal manera que existen oportunidades para generar ingresos a través de las suscripciones, la publicidad y el comercio electrónico.

En base a este planteamiento, si los “bots” permiten ahorrar tiempo a los usuarios, es posible que se adopten modelos de suscripción para disponer de ellos. Además, si un “bot” remplaza a las funciones de los motores de búsqueda de Google, puede que incorporen contenidos publicitarios. Y por último, si el “bot” influye en la decisión de una compra de comercio electrónico, el creador del software podría obtener una comisión.

Se puede afirmar, por tanto, que hoy por hoy los “bots” representan una extensión natural de los comportamientos ya existentes en los consumidores, y consecuentemente con ello, hablar con un “bot” para hacer alguna actividad es más cercano a la comunicación normal entre humanos que tener que hacer malabarismos entre distintas aplicaciones.

En este sentido, debe recordarse el llamado “test de Turing” (o prueba de Turing) que constituye una prueba de la habilidad de una máquina de exhibir un comportamiento inteligente similar, o indistinguible, del de un humano.

Alan Turing propuso que un humano evaluara conversaciones en lenguaje natural entre un humano y una máquina diseñada para generar repuestas similares a las de un humano.

El evaluador sabría que uno de los miembros de la conversación es una máquina y todos los participantes serían separados de otros. La conversación estaría limitada a un medio únicamente textual como un teclado de computadora y un monitor por lo que sería irrelevante la capacidad de la máquina de transformar texto en habla.

En definitiva, Turing proponía un juego de imitación. Para dicho juego era necesario la presencia de un juez, ubicado en una habitación aislada, y un individuo y una máquina en otra. Ambos responderán por chat a las preguntas que les realizara el interrogador. La máquina había de hacerse pasar por un ser humano; si el juez es incapaz de distinguir entre el individuo y el ordenador, se considera entonces que la máquina ha alcanzado un determinado nivel de madurez, y por tanto, que es “inteligente”.

En el caso de que el evaluador no pueda distinguir entre el humano y la máquina acertadamente (Turing originalmente sugirió que la máquina debía convencer a un evaluador, después de 5 minutos de conversación, el 70% del tiempo), la máquina habría pasado la prueba.

Esta prueba no evalúa el conocimiento de la máquina en cuanto a su capacidad de responder preguntas correctamente, solo se toma en cuenta la capacidad de ésta de generar respuestas similares a las que daría un humano.

Esa era la propuesta de Turing: puestos a debatir si las máquinas pueden pensar, dejemos de reflexionar de manera teórica, atrapados en definiciones imposibles, cambiemos de tercio y veamos, de manera práctica, si una máquina se puede comportar de manera indistinguible de un ser humano.

Actualmente, una de las aplicaciones de la prueba de Turing más extendida es el control de spam. Este correo basura es generalmente enviado por un ordenador, así que el test de Turing puede usarse para distinguir si el remitente es humano o una máquina.

En el CAPTCHA, “Completely Automated Public Turing test to tell Computers and Humans Apart” (prueba de Turing pública y automática para diferenciar máquinas y humanos), esa conocida sucesión de números y letras, su ‘juez’ es, paradójicamente, un ordenador.

Hoy en día más de 25 compañías están usando ya “chatbots” a través de Messenger. Sin embargo, en la actualidad hay dudas acerca del impacto que tendrán estos asistentes virtuales en los negocios, debido a los reparos que pueden tener muchas empresas a la hora de dejar su atención al cliente en manos de la inteligencia artificial.

Y siendo realistas, debe tenerse presente que se necesita tiempo y más avances en términos de inteligencia artificial para que esta novedad se adopte masivamente. No obstante ello, es del todo probable que los “chatbot” coexistan por ahora con las aplicaciones y los sitios web, pero se popularizarán rápidamente entre los usuarios más conectados, aquellos que adoptan activamente un estilo de vida netamente digital.

Javier Puyol

Javier Puyol

Javier Puyol es abogado, socio director de Puyol Abogados, magistrado excedente, exletrado del Tribunal Constitucional, exdirector de la Asesoría Jurídica Contenciosa del BBVA, consultor en tecnologías de la información y comunicación, administrador concursal, árbitro y mediador civil y mercantil, profesor universitario y académico de la Real Academia de Jurisprudencia.