Vientos de cambio en la abogacía

14 / 06 / 2016 07:57

Actualizado el 16 / 06 / 2016 09:41

Con 29 años, y casi tres años como presidente de la Agrupación de Jóvenes Abogados de Madrid (AJA Madrid), puedo afirmar algo con rotundidad: hoy la abogacía está cambiando. Cuando la nueva junta de AJA Madrid llegó al gobierno, nos encontrábamos con un vacío sobre el debate institucional de las cuestiones que nos afectaban a todos.

Más preocupados entonces por denunciar las ineficiencias de la noble causa del turno de oficio o del cáncer que supusieron las tasas judiciales, se nos olvidaban otras tantas cuestiones no menos importantes, como la politización de la justicia o la ineficacia de nuestra justicia (lenta y con una preocupante falta de seguridad jurídica).

Desde hace varios meses, coincidiendo con la elección de Victoria Ortega como nueva presidenta del Consejo General de la Abogacía Española (CGAE) y el mandato de nuestra actual presidenta de la Confederación Española de Abogados Jóvenes (CEAJ) Cristina Llop, quienes están haciendo una labor encomiable, la abogacía se está haciendo escuchar allí donde se la espera.

El carisma y la personalidad de ambas presidentas, que acuden sin dudarlo allí donde se les llama, unido a su capacidad de entendimiento, están haciendo que nuestra profesión busque su espacio para unir a los más de cinto cincuenta mil juristas que hay en España. Se superan así las preocupaciones de antaño, centradas en la loable defensa de un turno de oficio de calidad y digno, pasando a reivindicar que (como columna vertebral del Estado de Derecho) busquemos nuestro hueco para hacer propuestas y reivindicar leyes que sean más eficientes y que defiendan más y mejor los Derechos Fundamentales como el derecho de defensa, y la tutela judicial efectiva, pilares esenciales del ordenamiento jurídico.

El escenario actual, marcado por una clara inestabilidad política, pone de manifiesto más que nunca la necesidad de seguir trabajando unidos, desde la abogacía y la abogacía institucional, para estar presentes en el debate legislativo como futuros protagonistas de las leyes para que no sean nuestras enemigas sino nuestras aliadas en el desarrollo de nuestra profesión.

Es triste ver como compañeros cuelgan la toga por esas deficiencias antes nombradas, por ello esperemos que este nuevo periodo que se abre para la abogacía sea la oportunidad que tanto hemos anhelado jóvenes (y no tan jóvenes) juristas para reivindicar nuestro sitio en la sociedad civil.

Contamos con una voz más que legitimada para aplaudir aquellas reformas que sí se realizan con éxito pero también en criticar, señalar y aportar soluciones para aquellas reformas que estén pendientes y son necesarias para mejorar, no sólo nuestra profesión, sino los derechos y libertades del justiciable en un Estado de Derecho en el que ejercer la abogacía se realice con orgullo y calidad.

“El árbol de las leyes ha de podarse continuamente”. Anatole France.

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