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Lo malo y lo bueno en las primarias en los partidos políticos, visto desde el punto de vista legal

Manuel Sánchez de Diego Fernández de la Riva
Lo malo y lo bueno en las primarias en los partidos políticos, visto desde el punto de vista legal
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, propuso en el PP la elección del líder mediante elección directa, en primarias, pero luego retiró la propuesta. EP.
01/3/2017 05:58
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Actualizado: 13/8/2020 13:22
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El último párrafo del artículo 6 de la Constitución Española después de decir que los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política viene a señalar que “su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos”.

Creo recordar que esta frase debe su paternidad y buen hacer a don José Manuel Otero Novas, que fue ministro en los Gobiernos de Suárez y muñidor de acuerdos en la Transición Política.

Desde hace unos años y coincidiendo con el descrédito de los dirigentes políticos, son habituales las llamadas elecciones primarias dentro de los partidos políticos.

Podríamos preguntarnos qué es lo que se consigue con las elecciones dentro de los partidos, además de cumplir con el mandato constitucional antes citado.

Considero que varios son los efectos beneficiosos de las mismas, siempre que se cumplan determinadas condiciones que más adelante señalaré.

Lo bueno

En primer o en último lugar, el debate político dentro de los partidos aparece en los medios de comunicación y suponen minutos de informativos que llegan a los ciudadanos.

Algo como poner en la “agenda setting”, en el día a día de la noticia, a una determinada formación política. Son minutos de publicidad no pagada, pues el partido y sus candidatos ‑precandidatos en terminología rebuscada de alguna formación política- son actualidad.

De alguna forma las primarias en los partidos políticos relegitiman a sus dirigentes y, por el efecto anterior de la publicidad, lo hace nos solo ante los propios militantes, también ante la ciudadanía en general.

Además, las primarias permiten la regeneración de los dirigentes de cada partido, vana ilusión me dirá algún amigo más metido en el fregado de la política. Pero en principio supone un debate franco y libre en donde el enfrentamiento no solo es de caras, también de ideas.

Eso sí, ideas dentro del ideario concreto de un partido. Siempre debe dejarse abierta la puerta a la evolución política de la ideología concreta, como cuando algún partido de izquierda pasó la página del marxismo. Aunque algunos quieran resucitarlo vía chavismo muy maduro, después de quedarse huérfanos del comunismo, tras la caída del muro de Berlín.

Lo importante permitir un amplio margen de discusión salvo propuestas claramente contrarias al ideario de un partido.

Es indudable que una elecciones primarias suponen un reforzamiento del partido, en tanto que los militantes vuelven a tener conciencia de su importancia y se convierten en los protagonistas del partido.

Ahora no solo pagan sus cuotas y mantienen su carnet, sino que dejan de ser espectadores pasivos para elegir a un dirigente, a una cara, a una forma de hacer política.

Las primarias son también una excelente factoría de ideas, de propuestas y de compromisos.

Los candidatos y sus equipos deben producir ilusión para mover al voto y aquello que prometen viene para quedarse, al menos en el recuerdo colectivo, aunque su cumplimiento real sea otra cosa. Además los candidatos deben definirse, ubicarse dentro del partido y establecer alianzas para alzarse con el triunfo.

El enfrentamiento limpio y transparente genera líderes más fuertes, capaces de alcanzar metas más altas. Eso sí, es imprescindible que la victoria sea merecida, no la propia de la lucha torticera y turbia, de ataques a los correos electrónicos, de los abusos, amenazas y pagos en forma de un trabajo en la administración pública o al servicio del partido.

Por cierto, ¿cuál ha sido la evolución del número de asistentes a los grupos parlamentarios en el Congreso de los Diputados?

Esta información solicitada por la vía de la Ley 19/2013 de transparencia puede conmocionarnos.

En las primarias es esencial la neutralidad del “aparato del partido”.

De aquellas personas que ocupan posiciones como dirigentes, administradores o simples trabajadores del partido. Con independencia de sus opciones personales, deberían de no emplear cuentas o recursos del partido para apoyar a una u otra candidatura.

Es normal que uno de los candidatos provenga de ese propio aparato, se trataría de las llamadas candidaturas oficial u oficialista. En general, quien manda en el partido a nivel nacional, territorial o local, presenta su candidatura con la intención de ganar. También es habitual que muestre su disconformidad con la primarias.

Quienes ocupan el poder tienen una tendencia a ser aclamados a la búlgara, con el 99,99 por ciento de los votos, que nunca fueron necesarios emitir. Por eso no es extraño encontrar opiniones que consideran que cualquier candidatura rival es un estorbo.

Lo malo

Aquí es en donde las primarias se convierten en una trampa, cuando se desvelan los chanchullos, jugadas y zancadillas que sufre el rival que osó presentarse a las elecciones internas del partido. Desde crear una normas electorales que le perjudican, a negarle el censo, limitarle el acceso a los medios del partido o marearle con promesas que no se cumplirán. Se trata de un David contra un Goliat.

Los medios del partido, de la Comunidad Autónoma, del Ayuntamiento o, si fueran precisos, del propio Estado se ponen a trabajar para el candidato o candidata oficial.

Presiones sobre los medios, informaciones sesgadas, advertencias a las sedes o, a veces, simplemente el silencio o, el susurro en forma de recuerdo: “acuérdate que tu hija trabaja en tal consejería o conserjería”.

Unas primarias sucias tienen un efecto totalmente contrario. Aunque se traten de ocultar por medio de la opacidad, al final todo sale a la luz pública. Para que unas primarias tenga efectos positivos es necesario que los ciudadanos, los afiliados y los candidatos perciban la limpieza en su desarrollo y, admitan así los resultados como justos.

Entre las condiciones necesarias podemos defender que la actuación de los dirigentes y del aparato del partido sea neutral en todo el proceso desde la creación de la normas de las primarias al recuento de votos.

En todo caso, las normas de la confrontación deben ser claras, precisas, justas y, no se hayan adoptado con la finalidad de favorecer a la candidatura oficial.

Es importante que quienes asuman la responsabilidad de las primarias en una llamada Junta Electoral, Comité Organizador o cualquier otro tipo de denominación no tengan una implicación directa con alguno de los candidatos. Aunque seguramente su actuación sea de escrupulosa imparcialidad, no debería existir ninguna duda al respeto.

Esto significa que cualquier manifestación pública de uno de los responsables a favor de un candidato debería eximirle de tal responsabilidad y ser sustituido por una persona más independiente del partido. La otra alternativa sería configurar un órgano colegiado paritario con representantes de cada candidatura para gestionar el proceso de las primarias.

Todo ello con respeto a la ideología del partido y a los derechos de los afiliados que deben ser informados de forma eficaz por medios electrónicos y por los canales habituales de comunicación. Esto es esencial en los casos en que se precise un procedimiento de registro previo que de alguna forma incumple con la propaganda “una afiliado, un voto”, que debería ser sustituida por el de “un registrado, un voto”.

El sistema de registro previo aunque puede ser considerado como ajustado a Derecho, puede ser “lesivo del principio de igualdad de derechos y deberes de todos los miembros del partido, que reconoce el artículo. 8 de la Ley Orgánica de Partidos Políticos” -siguiendo a la sentencia 000111/2015 del Juzgado de Primera Instancia nº 5 de Arrecife de fecha 15 de mayo de 2015‑, cuando el actuar del partido ha sido arbitrario y discriminatorio informando e instando a inscribirse a unos y “olvidándose” de otros afiliados.

Protección de Datos Personales y Primarias

Además en el proceso de inscripción debería solicitarse el consentimiento expreso y por escrito para que los candidatos puedan dirigirse a ellos directamente a través del censo de votantes que le proporcione el partido.

De esta forma se obviaría los reparos de la Agencia Española de Protección de Datos Personales (AEPD)que en un discutible Informe nº 0046 /2014 manifiesta que “la falta de comunicación de los datos de los afiliados a los candidatos no quedará necesariamente menoscabada por el hecho de que los propios candidatos no tengan conocimiento de los datos identificativos de los afiliados, siempre y cuando existan mecanismos que puedan garantizar el conocimiento, en igualdad de condiciones, por los afiliados de los principios programáticos de dichos candidatos”.

Y decimos que esta resolución es objetable, no solo porque el derecho a la protección de datos personales no es un derecho absoluto que puede estar limitado por otros derechos fundamentales y principio constitucionales –con es el de la democracia interna de los partidos político.

Porque tal y como interpreta la sentencia número 7/2015 de 19 enero del Juzgado de Primera Instancia núm. 4 de Gijón (Asturias), AC 2015\10 porque existe un consentimiento de los afiliados al uso de sus datos dentro del partido político, entre los que se encuentra un proceso de primarias.

También porque el informe de la AEPD no contempla algunas de las cuestiones habituales en los procesos electorales como es el conocimiento desigual por parte de los candidatos de las condiciones de quienes van a ejercer el derecho al voto.

En otro lado en este mismo informe –y en los emitidos con fecha 2 de septiembre de 2003, 1 de diciembre de 2004 y 3 de agosto de 2005 – se afirma: “la Ley habilita el tratamiento sin previo consentimiento de los datos relacionados con la ideología política de los afectados únicamente en caso de que el mismo sea directamente efectuado por el Partido político en cuestión, lo que en la interpretación más extensiva podría incluir a sus órganos de gobierno y representación”.

En definitiva, que la candidatura oficial, como integrante de los órganos de representación del partido, sí que tendría acceso al censo, algo que se niega a las otras candidaturas.

Esto es claramente discriminatorio y, por mucho que se diga que el candidato o candidata ha renunciado a todos los cargos en el Partido para presentarse a las elecciones, el conocimiento del censo no es algo que se “olvide” en unos días.

La puesta en escena

La elecciones primarias constituyen una oportunidad para que los partidos demuestren su vocación democrática. Por ello deben realizar un esfuerzo no solo de medios, también de espíritu, logrando vencer las reticencias de aquellos que ocupan puestos en la organización del partido para que actúen con neutralidad y buscando el equilibrio de los candidatos.

Por ello es importante ofrecer en las distintas sedes del partido, un equilibrio en la presentación de fotografías, folletos y, en general, la información de cada candidato.

Al propio partido político le interesa fomentar los debates entre los candidatos, en donde la confrontación de ideas se imponga a las descalificaciones personales, para que los votantes y, el público en general, puedan conocer a los candidatos, por lo que su ámbito de intimidad es más reducido que el de un ciudadano normal.

Por ello es esencial la transparencia en todos los aspectos de la contienda electoral. Si uno de los candidatos, normalmente el oficial, da los mítines en hoteles o paradores nacionales y, el otro en los locales de las sedes, sería recomendable conocer quien ha pagado los hoteles o los paradores nacionales.

Como reflexión final hemos de entender que cuando en unas elecciones primarias se trata de tapar al candidato no oficial, por la vía del silencio o la ocultación, algo no está funcionando en la democracia interna de ese partido político y, por tanto, se está quebrantando el artículo 6 de la Constitución Española.

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