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¿Qué pasa con nuestros datos que circulan por la red? ¿Pensamos en las consecuencias?

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Cada 26 de abril, desde el año 2002, celebramos el Día Mundial de la Propiedad Intelectual, así lo estableció Naciones Unidas, sin embargo, ¿Somos conscientes de lo que supone colgar una foto o cualquier contenido en internet? ¿Qué pasa con nuestros datos que circulan por la red? ¿Pensamos en las consecuencias que puede tener un acto tan sencillo y al alcance de tanta gente?

La respuesta es no. Según Mònica Vilasau, profesora de los Estudios de Derecho y Ciencia Política de la Universidad Oberta de Cataluña (UOC), explica a Confilegal que “poca gente lee las condiciones de uso que imponen las redes sociales para poder tener acceso al servicio. Son textos largos y pesados y tendemos a aceptar las condiciones sin mirarlas mucho o nada”. “Es una práctica muy conveniente para las redes sociales”, pero que resulta difícil porque muchas veces utilizamos dispositivos que no permiten una lectura fácil y amable.

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“La inmediatez de las redes hace que de forma consciente o menos consciente vayamos proporcionando datos personales. No te fijas en lo que te está comportando. Te pueden localizar, saber qué te interesa, …”, señala la profesora Vilasau.

La consecuencia de no leer las condiciones es que no sabemos las implicaciones que tienen las acciones que realizamos en las redes, que cada vez tienen más usuarios. “Si no nos fijamos en las condiciones es probable que nuestros datos se sirvan a terceros, como empresas del grupo e incluso a otras empresas, o lleguen incluso a comercializar esos datos con fines comerciales”.

Además elaboran perfiles nuestros a través de nuestras consultas por internet y te envían productos relacionados. “Al entrar en algunas redes te preguntan sobres su datos personales, tus gustos, tusa acciones, tus hábitos de consumo… saben muchas cosas nuestras”, subraya.

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Según el informe sobre el uso de redes sociales del IAB (2016), en España ocho de cada diez internautas de entre 16 y 55 años utilizan las redes sociales, lo que representa más de 15 millones de usuarios. El estudio constata que las redes preferidas son Facebook, YouTube, Twitter e Instagram y que el 36% de los usuarios cuelgan y comparten contenidos.

La mayoría de internautas ofrece demasiada información personal 

Una vez cedidos los derechos intelectuales, sin embargo, estas plataformas podrían realizar muchas más acciones con nuestras imágenes, como por ejemplo venderlas, ponerlas en una base de datos, obtener algún rendimiento económico… De momento, no se sabe que lo hagan, sobre todo porque no les interesa, según Xalabarder, y además podrían tener problemas con los derechos de imagen, que a menudo no tenemos en cuenta.

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Esta experta en propiedad intelectual recuerda que una cosa es que saquemos una foto y como autor tengamos derecho a colgarla, pero otra cosa es que esto no implica que la persona que aparece en la foto haya consentido que la colguemos en la red.

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Para Mònica Vilasau, lo que hacemos es una “cesión implícita, una especie de licencias en perjuicio de que los derechos morales, la propiedad intelectual, sigan siendo del autor”. “Es algo que sería irrenunciable por parte de los autores”.

Con los datos personales que introducimos en una red social, una aplicación o una página web, pasa tres cuartos de lo mismo. Para Mònica Vilasau, experta en protección de datos de carácter personal en internet, está claro que una vez introducidos “perdemos su control”, a pesar de que cada vez lo hacemos más.

Y esto, es especialmente preocupante entre los jóvenes porque ofrecen en las redes demasiados datos personales, desgraciadamente hasta que alguien no sufre algún caso de acoso, no se cambia esa aptitud generalizada.

Mònica Vilasau explica que “cuando hacemos uso de las redes tenemos que ser conscientes de que es como conducir un vehículo, no estamos solos. No debemos causarnos daño a nosotros mismos, ni a los demás. Y esto es una asignatura pendiente, sobre todo en los jóvenes”. 

Y recuerda que ahora están surgiendo unos movimientos de desconectarse un poco de la red, de esta exposición constante a la observación externa. Es una cuestión de educación, pero también del momento y de las personas de nuestro entorno.

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Según datos de la Encuesta sobre equipamiento y uso de tecnologías de información y comunicación en los hogares (2016) del Instituto Nacional de Estadística (INE), el 75% de los usuarios de internet durante el último año ha suministrado algún tipo de información personal por medio de internet: el 66 % ha dado datos personales (nombre, fecha de nacimiento…), el 65% ha introducido datos de contacto (dirección, número de teléfono…) y el 45% ha dado datos de pago.

Vilasau explica que en las condiciones de uso es donde se tendría que informar sobre quien tiene acceso a todo este tipo de información, pero “esto no impide que en algún caso se haga uso de ella posteriormente y que se ceda a otras personas, aunque sea vulnerando la legislación”. Es más, hay que tener en cuenta la posibilidad de accesos a la información no consentidos, por ataques informáticos, por ejemplo.

Los peligros de las “etiquetas”

Una de las cosas más peligrosas es cada vez existen más instrumentos que permiten “etiquetar a las personas”, una vez identificado, la red te permite conseguir todas las imágenes relacionadas con esa persona.

Además, “el peligro es que la etiqueta la puedes poner tú o cualquier otra persona. Eso implica que puedes desconocer que hay una foto tuya con tus datos y que alguien pueda acceder a todas tus imágenes. Es algo especialmente preocupante entre los jóvenes”, indica Vilasau.

Ceder todos los derechos para que la red funcione

Para la catedrática de Propiedad Intelectual y también profesora de los Estudios de Derecho de la UOC, Raquel Xalabarder, es preciso que seamos cuidadosos cuando colgamos fotos u otros contenidos en internet.  Se debe distinguir si son espacios más o menos cerrados que nos permitan un cierto control —como por ejemplo Facebook— o en cambio son espacios totalmente abiertos, como un web, Twitter o Instagram, en que lo que cuelgas es público y puede convertirse en viral más rápidamente.

Sea un espacio más abierto o más cerrado, cuando colgamos una foto o una grabación de imágenes o de voz ¿cedemos la propiedad intelectual? «En las condiciones de uso, lo que hacen estas plataformas es obtener a su favor una licencia de todos los derechos de propiedad intelectual de todos los contenidos que colgamos», confirma Xalabarder.

¿Y por qué lo hacen? “Si queremos pensar bien, lo hacen porque, si no hubiera esta cesión de derechos, la herramienta no podría funcionar”. Y es que cada vez que alguien retuitea, cada vez que alguien comenta o comparte una entrada, realiza un acto de explotación y, por lo tanto, si Facebook no tuviera nuestra autorización, no se podrían hacer esas acciones y el sistema no funcionaría como red social. Según Xalabarder, “a efectos de propiedad intelectual, compartir comporta dos actos de explotación: la reproducción y la comunicación pública; y, por lo tanto, si no cedes como mínimo estos dos derechos, la red no funciona”.

Normativa europea

En la actualidad estamos a la espera de que tres de las plataformas con más usuarios, Facebook, Twitter y Google+, cambien precisamente las condiciones de uso porque no se ajustan a la normativa europea de protección de consumidores. Existen cláusulas de los contratos presumiblemente abusivas porque comportan un desequilibrio muy grande entre los derechos y las obligaciones de las dos partes, como por ejemplo que se puedan modificar las condiciones de uso unilateralmente, lo que la ley europea no permite.

En este mismo sentido, la profesora Vilasau insiste en que “La única posibilidad de una cierta garantía de control sería que el interesado cifrara los datos con técnicas de cifrado seguro», asegura. Sin embargo, no se muestra muy optimista porque esto va contra el “propio principio de las redes, que es el de compartir, divulgar y dar a conocer su propia vida”.

Cuando hablamos de cifrado nos referimos más a supuestos de comercio electrónico y a la empresas de cara a proteger sus documentos.