Otro verano sin Miguel Ángel Blanco

Pancarta desplegada por la Comunidad de Madrid en la sede de gobierno, situada en la Real Casa de Correos.
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Hay fechas que quedan grabadas en la memoria colectiva. Hace unos días, el trece de julio, el calendario nos volvió a recordar un acontecimiento que marcó, para siempre, no sólo a todos los españoles de bien, también a las sociedades de los cinco continentes que igualmente recogieron la noticia cruel que llegaba, desde un rincón de nuestro país.

Hace 20 años Miguel Ángel Blanco moría a consecuencia del vil y despiadado acto cometido por los asesinos de ETA.

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Vida y muerte. Relación natural y consustancial de la propia existencia.

Sin embargo, por desgracia y a consecuencia del más absoluto desprecio por las vidas de las personas, los terroristas, no permitieron que los padres, familiares y amigos de Miguel Ángel Blanco pudieran volver a apagar las velas de su cumpleaños nunca más.

El azote del terrorismo ha acompañado a los españoles durante demasiados años, hasta casi acostumbrar a la sociedad al dolor, al sufrimiento, a la crueldad. Ochocientas cincuenta y siete víctimas inocentes más el ahora recordado, M.A. Blanco. Aquí es cuando quiebra la relación natural entre vida y muerte. Y se rompe porque unos desalmados quisieron cambiar el destino de vidas por vivir, de ilusiones y sueños por cumplir.

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El verano coincide, normalmente, con un período en el que aprovechamos para descansar, para pasar buenos ratos junto a familiares y amigos, en definitiva, para disfrutar de los buenos momentos de la vida. En época estival no se acostumbra tanto a la melancolía, más propia, quizá, de otras épocas del año. Es tiempo de diversión y distensión.

La melancolía y tristeza que nos acompaña desde aquel 13 de julio ya ha cumplido la mayoría de edad. Veinte años después, nos sigue siendo imposible no pensar en el dolor y en la pena que quedaron incrustados en nuestros sentimientos de por vida desde aquella fecha teñida de llanto y luto a perpetuidad. Los veranos, en España, nunca volvieron a ser como los de antes.

Querido Miguel Ángel Blanco, recién cumplidos tus primeros veinte años desde que te fuiste (desde que te obligaron a marchar), hoy quiero soplar las velas junto a ti.

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Nuestro deseo sigue siendo el mismo que perseguimos desde mucho antes de tu adiós. Que sigamos gritando, bien fuerte, que ninguna idea o pensamiento, que ningún propósito u objetivo, nunca, jamás, merece aniquilar la vida de personas inocentes, como lo eras tú.

Tu vida, querido Miguel Ángel, no fue ni mucho menos en balde. Para tus padres, familiares y amigos fuiste un ser excepcional; Para toda la sociedad, te convertiste en un icono, en el símbolo que mejor ha representado en España la libertad y la esperanza.

Los veranos desde que no estás son más tristes pero gracias a ti, cada verano, recordamos mejor lo que significa la libertad y, sobre todo, la dignidad. Un maravilloso ser como tú, nos lo enseñaste a todos.

En recuerdo y gratitud a Miguel Ángel Blanco (Q.d.e.p.)