«Tito» Martínez Lázaro, una persona de convicciones
Ignacio González Vega, portavoz de Juezas y Jueces para la Democracia, con Javier Martínez Lázaro durante el curso de verano que la asociación de jueces realizó en 2016 en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. Confilegal.

«Tito» Martínez Lázaro, una persona de convicciones

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18/9/2017 06:05
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Actualizado: 18/9/2017 00:05
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Javier Martínez Lázaro, mi compañero «Tito», era una persona de convicciones. Durante su larga enfermedad ha sido, además, un ejemplo porque transmitía esperanza a todos los que le rodeábamos. Fue un mensajero de la esperanza en un mundo mejor.

«Tito» y yo nos conocíamos desde hacía 40 años. Durante los 9 años últimos, desde 2008, cuando terminó su mandato como vocal del Consejo General del Poder Judicial, fue mi gran compañero y «mi vecino»; nuestros despachos estaban puerta con puerta en los edificios de la Audiencia Nacional que compartimos, en el marco de la Sala de lo Penal, a la que ambos pertenecíamos.

Uno de los rasgos personales que emergen de la existencia vital de «Tito» es que era un líder. Por su capacidad de iniciativa, de movilización. Lo demostró entre 1972 y 1973, en la Universidad Autónoma, donde estudiaba derecho, luchando por la democracia.

Era una persona, además, que le gustaba la claridad en todo. Fue periodista profesional. Trabajó en el diario Informaciones. También se licenció en Derecho. Se hizo abogado laboralista, trabajando para Comisiones Obreras, codo con codo con nuestra amiga común, Manuela Carmena.

En 1995 aprobó la oposición y se convirtió en juez. Pasó por San Bartolomé de Tirajana, en Gran Canaria, Aranjuez, Barcelona, donde llevó vigilancia penienciaria. Luego pasó por un Juzgado de lo Social. Después pasó a formar parte de la Sección 17 de lo Penal de la Audiencia Nacional, que presidía Jesús Fernández Entralgo.

Entre 2001 y 2008 fue vocal del Consejo General del Poder Judicial.

«Tito» Martínez Lázaro fue un personaje muy importante en el movimiento asociativo judicial; en Jueces para la Democracia. Era un hombre que tendía puentes, que sabía dialogar. Se convirtió en el punto convergente entre la generación de Manuela Carmena y la de Perfecto Andrés Ibáñez y las nuevas generaciones, que venían pidiendo paso.

Siempre trató de sumar, de aunar posiciones. Porque era consciente de que el proyecto por el que todos luchabamos era un proyecto colectivo, un proyecto de cambio, de mejora, de transformación de la Justicia.

«Tito» no era una persona sectaria.

Todo lo contrario. Siempre estaba abierto a la negociación.

Una característica que aprendió como abogado del sindicato.

Sus resoluciones destacaban por una prosa clara y limpia, herencia de su paso por el periodismo. Él creía firmemente que la Justicia era un servicio público.

En su paso por el Consejo se afanó por reformar las cosas.

Y dejó una huella clara.

Como la dejó también en la Audiencia Nacional. No se calló cuando vio injusticias. Defendió a Baltasar Garzón públicamente cuando el Tribunal Supremo lo inhabilitó. En él no tenía cabida el silencio cómplice.

Siempre dejó escuchar su voz, no importa que fuera minoría.

Viví toda su enfermedad. Compartí sus últimas semanas y fui testigo de su deterioro, que me rompió el corazón.

Dicen que nadie muere de verdad mientras los que le quieren le tengan en su pensamiento y en su recuerdo. «Tito» Martínez Lázaro, mi amigo «Tito», vivirá conmigo mientras yo tenga vida.

Javier Martínez Lázaro falleció ayer a la edad de 63 años. 

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