Confilegal no ha puesto en tela de juicio, en ningún momento, la trayectoria de Javier Hernández, actual presidente de la Audiencia Provincial de Tarragona.
Jamás.
Sin duda es uno de los favoritos a ocupar la vacante de José Ramón Soriano como magistrado de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo.
El señor Andrés Ibáñez, de quien ayer publicamos una carta defendiendo a Hernández, entendió mal nuestra información.
La producción jurídica de Hernández es extensa y conocida en el mundo jurídico y judicial.
En su haber cuenta la elaboración de 2.574 sentencias.
Es un magistrado progresista respetado por todos.
El relato del magistrado jubilado del Supremo describe muy bien quién es, profesionalmente, el presidente de la Audiencia de Tarragona.
Su última iniciativa, la presentación de una cuestión prejudicial ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, que pone en duda parte de la reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal de 2015 -a la que dio el visto bueno el Consejo General del Poder Judicial, sumando varias aportaciones propias-, caso de ser admitida, podría crear serios problemas en la instrucción de algunos de los casos más sonados en los medios de comunicación.
Una prueba más de su sólida independencia de criterio, que todo el mundo alaba.
Lo que ha resaltado Confilegal es el hecho de que Mar Cabrejas y Javier Hernández tienen una amistad íntima y personal de la misma naturaleza que la que mantiene el presidente del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Supremo, Carlos Lesmes, con otro candidato a magistrado de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Alto Tribunal, Fernando Román, a quien le debe en gran parte su puesto.
TODO UN EJEMPLO
Lesmes, en un acto que le honra, desde el punto de vista ético y profesional, se abstuvo en la votación que llevó a cabo la Comisión Permanente para seleccionar a 6 candidatos que compiten por el sillón que ha dejado libre Pedro Yagüe en esa Sala, por haberse jubilado, lo mismo que Soriano.
El presidente Lesmes hizo que su Oficina de Comunicación incluyera en la nota de prensa de los seleccionados el siguiente texto:
“En este caso, el presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, Carlos Lesmes, no ha intervenido en la selección de los candidatos, ya que previamente ha presentado un escrito comunicando su decisión de abstenerse de participar “en todo acto, trámite o decisión” relacionados con este proceso selectivo por razón de su amistad con uno de los aspirantes, Fernando Román García, en virtud de lo dispuesto en el artículo 28.2.c) de la Ley 30/1992 de Régimen Jurídico de las Administraciones Públicas y del Procedimiento Administrativo”.
“Lesmes ya se abstuvo de participar, por los mismos motivos, en el procedimiento de elección de un magistrado de la Sala Tercera del Tribunal Supremo que tuvo lugar en enero de 2016, puesto al que también optó Román y para el que el Pleno del CGPJ eligió a Rafael Toledano Cantero“, añade.
O sea, se ha abstenido 2 veces.
La vocal Cabrejas, desde nuestro punto de vista, tendría que haber emulado el ejemplo del presidente Lesmes y haber hecho lo mismo en la elección de su amigo Hernández.
Debía haberselo dicho a sus seis compañeros de la Comisión Permanente, que es la que hizo la selección.
Y posiblemente alguno de ellos debería habérselo recordado.
No fue así.
¿Qué hará la señora Cabrejas el próximo 25 de enero, en el Pleno en el que se tiene que dirimir la elección del magistrado de la Sala Segunda?
¿Se abstendrá?
¿O votará a Hernández?
Esto es lo que se ha perdido el señor Andrés Ibáñez.
SU AMISTAD PERJUDICA A HERNÁNDEZ
La amistad de Cabrejas perjudica a Hernández, más que ayudarle, porque extiende la sombra de duda del «amiguismo» sobre sus sólidos méritos a magistrado de la Sala de lo penal.
Desde su llegada al CGPJ, además, Cabrejas no ha ocultado a nadie de su círculo su gran amistad con Hernández.
Al contrario, ha hecho gala de ello.
Lo dramático es que su voto personal es muy importante. Porque con los que cuenta, de su grupo progresista -profundamente dividido-, las cuentas no le salen para que Hernández sea elegido.
Necesita buena parte del apoyo de los 12 vocales que, desde el otro lado, capitanea Lesmes.
De la misma manera que Lesmes necesita contar con los decisivos votos que aglutina Cabrejas para que salga Fernando Román.
No es sólo una cuestión de sumas y restas y de intereses personales de los vocales.
¿Dónde quedan los valores del mérito y de la capacidad, sobre los que tanto se habla y se discursea?
Como dijo Cayo Julio César, cuando se divorció de su esposa, Pompeya Sila, tras conocer que ésta había asistido a una orgía sexual de mujeres aristocráticas -en la que se limitó solamente a mirar, sin tomar parte-: «Mulier Caesaris non fit suspecta etiam suspicione vacare debet» (La mujer del César no debe ser honrada, sino además parecerlo).
Entonces, hace 2.000 años, las apariencias eran muy importantes.
Ahora, también.
Era esto lo que queríamos dejar claro, lo que quizá don Perfecto Andrés Ibáñez no entendió del todo.