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Acerca del concepto de Responsabilidad Social Corporativa

Javier Puyol es el socio director de Puyol Abogados, una boutique legal especializada en el mundo de las nuevas tecnologías y el cumplimiento normativo. Confilegal.
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La Responsabilidad Social Corporativa (RSC) también llamada Responsabilidad Social Empresarial (RSE), se define[i] como la contribución activa y voluntaria al mejoramiento social, económico y ambiental por parte de las empresas, generalmente con el objetivo de mejorar su situación competitiva, valorativa y su valor añadido. El sistema de evaluación de desempeño conjunto de la organización en estas áreas es conocido como el “triple resultado.

La Responsabilidad Social Corporativa va más allá del cumplimiento de las leyes y las normas, dando por supuesto su respeto y su estricto cumplimiento. En este sentido, la legislación laboral y las normativas relacionadas con el medio ambiente son el punto de partida con la responsabilidad ambiental.

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El cumplimiento de estas normativas básicas no se corresponde con la responsabilidad social, sino con las obligaciones que cualquier empresa debe cumplir simplemente por el hecho de realizar su actividad.

Sería difícilmente comprensible que una empresa alegara actividades de RSE, si no ha cumplido o no cumple con la legislación de referencia para su actividad[ii].

Bajo este concepto de administración y de gestión se engloban un conjunto de prácticas, estrategias y sistemas de gestión empresariales que persiguen un nuevo equilibrio entre las dimensiones económica, social y ambiental.

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Antecedentes de la Responsabilidad Social Corporativa

Los antecedentes de la Responsabilidad Social Corporativa (RSE) se remontan al siglo XIX, en el marco del cooperativismo y el asociacionismo que buscaban conciliar eficacia empresarial con principios sociales de democracia, autoayuda, apoyo a la comunidad y justicia distributiva. Sus máximos exponentes en la actualidad son las empresas de economía social, por definición empresas socialmente responsables. (Tomas, 2003, red).

El concepto de responsabilidad social empresarial, tiene diversas acepciones, dependiendo de quien lo utilice.

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Las más holísticas y progresistas hacen referencia a que una empresa es socialmente responsable, cuando en su proceso de toma de decisiones valora el impacto de sus acciones en las comunidades, en los trabajadores y en el medio ambiente e incorpora efectivamente sus intereses en sus procesos y resultados.

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La Responsabilidad Social de la Empresa (RSE), es esencialmente, un concepto con arreglo al cual las empresas deciden voluntariamente contribuir al logro de una sociedad mejor y un medio ambiente más limpio.

Se basa en la idea de que el funcionamiento general de una empresa debe evaluarse teniendo en cuenta su contribución combinada a la prosperidad económica, la calidad del medio ambiente y el bienestar social de la sociedad en la que se integra.

La demanda social de empresas socialmente responsables

En este sentido, se tiene que poner de manifiesto cómo debido al poder e influencia social que las empresas han adquirido, así como a su capacidad para tomar decisiones de largo alcance e impacto social, las empresas han de asumir su propia responsabilidad, definir su lugar en la sociedad y contribuir al desarrollo social conjunto.

Las empresas buscan dar respuesta a las exigencias de la sociedad, entre ellas, la demanda de comportamientos éticos en cuanto a los aspectos sociales, laborales, medioambientales y de respeto a los derechos humanos.

Las razones son varias: por un lado, las empresas quieren cada vez más ser reconocidas por su respeto y compromiso con los aspectos sociales, laborales y medioambientales tanto a escala nacional, como en sus actuaciones a escala internacional.

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Por otro lado, los inversores quieren conocer el comportamiento de las empresas en las que invierten respecto a esos aspectos, sino por concienciación, sí para asegurar la sostenibilidad de sus inversiones.

Por último, los agentes sociales quieren ver fidedignamente cómo son asumidas y observadas las responsabilidades de las empresas. Una empresa socialmente responsable tiene en cuenta, por lo tanto, los deseos de sus grupos de interés o stakeholders, es decir, su entorno en un sentido amplio: los empleados por supuesto, pero también los proveedores, los clientes, los accionistas, las comunidades locales, las asociaciones ecologistas, etc., en todos los países donde opera.

Dado que la RSC es un concepto aún nuevo y no claramente definido, existen ciertos aspectos críticos y polémicos que convienen tener en cuenta, como su carácter voluntario, su gestión a nivel global o local, o su posible utilización como mero marketing.

Requisitos de la Responsabilidad Social Corporativa

Y sobre esta base se establecen una serie de requisitos que debe contemplar la gestión de la Responsabilidad Social Corporativa se dividen en obligatorios y voluntarios.

Requisitos obligatorios

Así, los llamados “requisitos obligatorios” son los legales y reglamentarios del país o región donde actúa la organización. Una organización responsable debe tener, como pauta inicial de comportamiento, el compromiso de cumplir con los requisitos legales que le sean de aplicación en todos y cada uno de los lugares en los que desarrolle su actividad.

Como los requisitos legales son diferentes en función del país o región donde se ubique su actividad, las organizaciones en cada país o región deberán tener una gestión particular de estos aspectos para evitar caer en incumplimientos legales.

Requisitos voluntarios

Los requisitos voluntarios son internos, relativos a la gestión, los códigos éticos y de conducta, y la normativa de carácter voluntario, como, por ejemplo, las normas ISO 9001, ISO 14001, SA8000 o SGE21.

Los requisitos internos de gestión serán el conjunto de normas de comportamiento interno aprobadas por la dirección. En el ámbito de la gestión de RSC, estas normas de comportamiento interno serán definidas para satisfacer las expectativas de los grupos de interés. Existen discrepancias acerca de si la RSC debe tender a hacerse obligatoria, o por el contrario nunca debería perder su carácter voluntario.

Generalmente las empresas prefieren que sea voluntaria, mientras que las ONG, organizaciones de consumidores, etc., suelen pedir a los gobiernos leyes que abarquen los principios de la RSC.

Certificación de la RSC y cultura de la RSC en la empresa

Cuando existe un marco legal, el cumplimiento de los aspectos de la RSC es más efectivo. Sin embargo, para las empresas resulta de mayor interés que sea de carácter voluntario porque, aparte de no tener ningún compromiso legal, pueden utilizar la RSC como herramienta de diferenciación respecto a sus competidores.

Varias organizaciones de la sociedad civil reclaman la elaboración de normas por parte de instituciones normalizadoras como ISO o AENOR. Estas normas, si bien son de aplicación voluntaria, son certificables y gozan del suficiente prestigio como para que las empresas se esfuercen por conseguirlas.

Las normas tienen el problema de que su certificación tiene un coste económico que las pequeñas empresas a veces no pueden pagar.

En todo caso, se pretende buscar la excelencia en la empresa, atendiendo con especial atención a las personas y sus condiciones de trabajo, así como a la calidad de sus procesos productivos con la incorporación de las tres facetas del desarrollo sostenible: la económica, la social y la medioambiental, lo cual favorece la consolidación de la empresa, promueve su éxito económico y afianza su proyección de futuro.

Así puede afirmarse que entre las diversas políticas corporativas que pueden ser adoptadas por un núcleo empresarial concreto y determinado, las de Responsabilidad Social Corporativa tienen por objetivo favorecer una cultura de responsabilidad social en la empresa, fundamentalmente con carácter global, que contribuya a la creación de valor de forma sostenible para la sociedad, ciudadanos, clientes, accionistas y comunidades en las que la empresa desarrolla sus actividades, retribuir de forma equitativa a todos los colectivos que contribuyen al éxito de su proyecto empresarial, así como el hecho de favorecer la realización de nuevas inversiones considerando su retorno social, generando empleo y riqueza para la sociedad con una visión a largo plazo que procure un futuro mejor sin comprometer los resultados presentes.

El debate, por tanto, se centra en cuál debe ser el grado de implicación de la empresa con sus propios accionistas, con sus trabajadores, con sus clientes, con sus proveedores y con la comunidad en donde actúa.

Esto permite que conceptos como el desarrollo sostenible, la mejora continua de las condiciones de seguridad y salud en el trabajo o la responsabilidad ciudadana de la empresa se coloque en el centro de la discusión.

Crisis de credibilidad empresarial

Los sucesivos escándalos financieros, la crisis económica y las crisis alimentarias que han impactado en la sociedad europea, ha provocado una crisis en la credibilidad empresarial. La sociedad reclama cada vez más información sobre la actividad de las empresas en todos los niveles, así como las repercusiones de su actividad en el medio ambiente.

Estamos, sin duda, en una etapa de cambio de los sistemas de producción.

Hasta hace relativamente poco, los negocios se guiaban por una competencia feroz y la desmesurada ambición por aumentar su capitalización bursátil, lo que ha conducido, en algunos casos, a prácticas contables, ambientales y sociales poco recomendables que ha llevado al borde de la quiebra a varias empresas y, en consecuencia, puesto en compromiso el dinero invertido por los accionistas[iii].

La responsabilidad social de la empresa puede ser considerada, además del cumplimiento estricto de las obligaciones legales vigentes como la integración voluntaria por parte de la empresa, en su gobierno y gestión, en su estrategia, políticas y procedimientos, de las preocupaciones sociales, laborales, ambientales y de respeto a los derechos humanos que surgen de la relación y el diálogo transparentes con sus grupos de interés, responsabilizándose así de las consecuencias y de los impactos que derivan de sus acciones.[iv]

Las empresas como agentes sociales que son, juegan un papel muy relevante en el desarrollo de la sociedad en la que operan.

No es casual que las economías más avanzadas y que ofrecen mayores niveles de bienestar a sus ciudadanos sean aquellas que cuentan con un sector empresarial más dinámico, moderno y con modelos de gestión más sostenibles.

La capacidad de crecer, de crear empleo y de generar riqueza de las empresas depende de la calidad de sus modelos de gestión, de la participación de las partes interesadas y de las capacidades distintivas que sean capaces de desarrollar, que pueden acabar constituyéndose en ventajas competitivas.

Finalidad de promover la RSE en la empresa

Éstas, por su parte, vienen determinadas por la reputación y la capacidad de construir una estructura de relaciones que estimule la confianza de empleados, clientes, accionistas, proveedores, y, en definitiva, de toda la sociedad en la que se encuentran inmersas.

Martínez Ferrero[v] se plantea si los gestores de las empresas pueden promover prácticas de RSE con las siguientes finalidades:

  1. Utilizarlas como un mecanismo que evite que los mercados identifiquen las prácticas de manipulación contable que puedan estar desarrollando con el fin gestionar el resultado empresarial.
  2. Conseguir frenar el activismo y la vigilancia de los grupos de interés
  3. Maximizar su interés personal al conseguir una cierta connivencia con empleados, clientes, proveedores comunidades… y así garantizar la seguridad de su empleo, proteger su posición en procesos de fusiones o adquisiciones, etc.

Las anteriores son cuestiones que forman parte de la misión de la responsabilidad social empresarial y cuyo fin último es establecer un marco de referencia que impulse y facilite el desarrollo y consolidación de las políticas de responsabilidad social por parte de un tejido productivo cada vez más consciente de la indisolubilidad del binomio sostenibilidad-competitividad[1].

Señalándose a tal efecto, y a título de ejemplo, en la Estrategia Española de Responsabilidad Social de las empresas, que, si la responsabilidad social se aplica correctamente en las empresas y en el resto de las organizaciones, puede ayudar de una forma determinante a restablecer la confianza perdida, necesaria para una recuperación económica sostenible y para mitigar las consecuencias que la crisis económica ha provocado.

Diagrama de la Estrategia Española de Responsabilidad Social de las Empresas.  Ministerio de empleo y seguridad social.
Diagrama de la Estrategia Española de Responsabilidad Social de las Empresas. Ministerio de empleo y seguridad social.

Aplicación de la Responsabilidad Social Corporativa en las Administraciones públicas

La responsabilidad social, tanto en las empresas como en las administraciones públicas, puede, sin duda, contribuir a alumbrar modelos de gestión sostenibles en el tiempo y generadores de ventajas competitivas.

En este sentido, y dada su función social clave, existe la oportunidad y la necesidad de que la Administración Pública se aplique a sí misma los principios de gestión vinculados a la RSC, ejerciendo un papel ejemplarizante[2].

Además, más allá de ejercer este papel, en contextos como el español, la aplicación de los principios y líneas de actuación vinculadas a la responsabilidad social y al buen gobierno pueden contribuir en cierta medida a afrontar la actual crisis de confianza el ámbito de lo público. Entendiendo, el sector público. En este sentido, las cuestiones éticas, de buen gobierno y de transparencia cobran una especial relevancia, así como la apertura de vías y posibilidades para una participación ciudadana más directa.

Por otra parte, como cualquier otra organización, las organizaciones públicas generan impactos (sociales, laborales, ambientales, económicos, etc.), a través de sus actuaciones, en el desarrollo de su rol como consumidoras de bienes y servicios, como empleadoras o como responsables del diseño de políticas públicas.

En este sentido, dichas organizaciones deben conocer cuáles son estos impactos y encauzar la gestión para maximizar los posibles efectos positivos y minimizar en la medida de lo posible los efectos negativos que pudieran derivarse.

De esta forma, la Responsabilidad Social Corporativa proporciona a la Administración pública una visión más amplia de cuáles son sus responsabilidades y contribuye a dibujar una hoja de ruta para abordarlas.

Por otra parte, la Administración, como impulsora de políticas públicas y de marcos legislativos en los que actúan no sólo los ciudadanos, sino también las empresas, ocupa una posición privilegiada para facilitar el desarrollo de la RSC.

De esta manera, puede contribuir de forma directa a un logro de mayor calado, como es la construcción de un modelo de desarrollo sostenible para el país, donde el crecimiento económico se produzca de forma equilibrada con la protección del patrimonio natural y con el progreso y bienestar social

Sin olvidar que el fin de esta estrategia es acelerar el desarrollo sostenible de la sociedad, el comportamiento responsable y la creación de empleo.

Generar cultura de responsabilidad social de la empresa

Con independencia de esta posibilidad de aplicar los principios que informar la Responsabilidad Social Corporativa a las Administraciones Públicas, debe tenerse en cuenta, que el compromiso de observancia de la misma, vienen fundamentalmente orientado a las compañías, ya que la misma genera una cultura corporativa más innovadora, más atractiva internacionalmente, con más recursos para anticiparse y adaptarse a los retos de un mercado global y cambiante.

En definitiva, lo que se pretende es que los ciudadanos identifiquen la RSE como vehículo de competitividad, de sostenibilidad y de cohesión social y, por tanto, como una vía para entender el negocio como algo que no sólo tiene en cuenta los resultados, sino también la forma de obtenerlos, lo que se materializa en la generación de valor compartido y confianza en el largo plazo a través de la integración y gestión de los riesgos y oportunidades derivados del desarrollo económico, social y medioambiental[vi].

Estos objetivos se pueden resumir en la principal misión de la Estrategia de contribuir al desarrollo sostenible de la sociedad, impulsando modelos de gestión responsables que velen tanto por la competitividad y crecimiento de la economía, como por el desarrollo de las personas y el respeto por el medio ambiente.

 

[1] Cfr.: “Estrategia Española de Responsabilidad Social de las Empresas”. Ministerio de Empleo y Seguridad Social. Gobierno de España. Madrid 2015.

[i] Cfr.: SERVER IZQUIERDO, Ricardo J.; y CAPO VICED0, Jordi. “La responsabilidad social empresarial en un contexto de crisis. Repercusión de las sociales cooperativas”. Ciriec-España, revista de economía pública, social y cooperativa, 2009.

[ii] Cfr.: Ingeniería Sin Fronteras.” Informes ISF 3”. Varios Autores. 2008

[iii] FERNANDEZ GARCIA, Ricardo. “Responsabilidad social corporativa. Una nueva cultura empresarial”. Editorial Club Universitario. Alicante, 2009.

[iv] Cfr.:” Informe de la Subcomisión Parlamentaria para promover la RSE”.

v Cfr.: MARTÍNEZ FERRERO, Jennifer. “The Relationship between Earnings Management and Corporate Social Responsability and their effects on Corporate Performance, Cost of Capital and Reputation” (Salamanca 2013).

VI Cfr.: “Estrategia Española de Responsabilidad Social de las Empresas”. Ministerio de Empleo y Seguridad Social. Gobierno de España. Madrid 2015.

vII Cfr.: Instituto Nacional de Administración Pública (INAP). “Responsabilidad Social del Inap”. Hoja de Ruta para reforzar la contribución del Instituto Nacional de Administración Pública al bien común”. 2014.

viii Cfr.: MORENO, José Ángel. “Más allá de la RSC: limitar el poder de las grandes empresas”. Observatorio de Responsabilidad Social Corporativa. 3 de noviembre de 2015.

por Javier Puyol.

Javier Puyol es abogado, socio director de Puyol Abogados, magistrado excedente, exletrado del Tribunal Constitucional, exdirector de la Asesoría Jurídica Contenciosa del BBVA, consultor en tecnologías de la información y comunicación, administrador concursal, árbitro y mediador civil y mercantil, profesor universitario y académico de la Real Academia de Jurisprudencia.