La novia del teniente agredido en Alsasua destaca el odio y la saña de los autores de la paliza

La novia del teniente agredido en Alsasua destaca el odio y la saña de los autores de la paliza

18 / 04 / 2018 06:15

Actualizado el 02 / 08 / 2018 13:27

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Uno de los detalles que más recuerda María José N.C., la novia del teniente de la Guardia Civil agredido en Alsasua el 15 de octubre de 2016, fue «el odio y la saña con la que golpeaban» a su novio en la cabeza, por lo que su impulso en todo momento fue protegerle y por eso, en el exterior, se puso encima de él para intentar que pararan.

Según su versión, ella también recibió multitul de puñetazos y patadas por la espalda y en el bajo vientre.

«Sentí golpes por todo mi cuerpo, mucho dolor. Temí por mi integrida física y por la vida de Óscar», dijo en referencia al teniente, durante el juicio que se celebra en la Audiencia Nacional contra 8 jóvenes de Alsasua (Navarra) -7 hombres y una mujer- acusados por la agresión multitudinaria a dos agentes de la Guardia Civil y a sus respectivas parejas, calificado como un delito de terrorismo por la Fiscalía.

El ataque ocurrió en la madrugada del 15 de octubre de 2016 a las puertas del bar Koxka.

Desde ese día, afirmó la joven, de origen ecuatoriano, le da «miedo» volver a la localidad.

De hecho, ya no vive allí.

Alsasua es un municipio situado al noroeste de la Comunidad Foral de Navarra, muy cerca del límite con el País Vasco, que tiene 7.419 habitantes y es zona donde habla el euskera.

«Desde aquel día perdí mi vida, mi hogar, todo», afirmó ante el tribunal detrás de un biombo, protegida de la vista de los supuestos agresores.

Durante su testimonio se mostró muy segura y contundente cuando relató, con pelos y señales, lo ocurrido, en el que ella fue también víctima.

Y explicó que a partir de entonces la vida en el municipio fue «un infierno», pues casi cada día había pintadas o carteles con mensajes ofensivos frente a la casa de sus padres y les «rajaron» el coche.

Según su versión, una de las pancartas que colgaron fue la que más le «impactó», pues se podía leer escrito en euskera «el pueblo no perdona».

«Me da miedo volver a Alsasua. Me da miedo estar sola, pasear sola. Tardé más de siete meses en volver al bar que regentan mis padres, que era mi hogar», apuntó.

NO TUVO «NINGÚN APOYO SOCIAL»

Además, lamentó que desde el día de los hechos la gente de la localidad le «aisló totalmente» y no ha tenido «ningún apoyo social», ni siquiera de sus amigos.

Sí admitió que hay gente que se «solidariza» con ella, pero «en la intimidad», nunca en público.

Como consecuencia de la agresión, María José N.C. sufrió lesiones físicas y necesitó ayuda psicológica, ya que presentaba un «cuadro ansioso depresivo y estrés postraumático crónico».

«Llegué al límite de no ver salida y pensé quitarme de enmedio», subrayó.

En el relato que hizo de lo acontecido la madrugada de los hechos, María José N.C. reconoció claramente a la mayoría de los acusados y relató con mucha seguridad y entereza el papel que jugó cada uno la noche de los hechos.

«Hay personas a las que no he acusado porque no estoy cien por cien segura. Como me falta un 10 por ciento, hoy no están aquí. Hay testigos que van a venir que estoy segura al 90 por ciento, pero al faltarme un 10 por ciento no les he acusado», explicó.

«POR ÉL ESTAMOS HOY AQUÍ»

El fiscal José Perals fue nombrando uno a uno a los acusados y la víctima respondió lo que recordaba.

Sobre Jokin Unamuno declaró, tajante, que «por él empezó la agresión»: «Por él estamos hoy aquí. Y agredió tanto fuera como dentro del bar».

También reconoció a Adur Ramírez, Ohian Arnanz, Aratz Urrizola y Julen Goicoechea como participantes en la paliza.

De Jon Ander Cob, dijo que le pidió dentro del Koxka que les dejaran en paz y que allí estaba «dentro del tumulto», pero que no le vio fuera.

También vio en la calle a Iñaki Abad, pero no le vio golpear.

Y en cuanto a Ainara Urquijo, señaló que no la reconoce.

María José N.C., que tenía 19 años cuando ocurrieron los hechos, relató que vivía en Alsasua desde los tres años -tras llegar de Ecuador- y que cuando empezó a salir con el teniente de la Guardia Civil sabía que «iba a tener represalias» como que le «retiraran el saludo», pero que ella no le dio importancia porque «no puedes dejar que te impongan lo que tienes que hacer».

EL BAR KOXKA ERA SU «ZONA DE CONFORT» EN LA LOCALIDAD

La víctima aseguró que tanto ella como su novio eran clientes habituales del bar Koxka y que por eso fueron esa noche con el sargento y su pareja, ya que eran nuevos en la localidad y ella les quería mostrar su «zona de confort», donde se «sentía a gusto».

María José N.C. admitió que «sabía que ir al bar» iba a provocar ciertos comportamientos de los allí presentes como que les «mirasen mal» o que «empezasen los cotilleos».

Y, de hecho, destacó que así fue, por lo que confirmó que los jóvenes que había en el local sabían que ella estaba acompañada de guardias civiles.

«POR SER GUARDIAS CIVILES»

Después le llegó el turno de declarar a la novia del sargento, Pilar P.O., quien llevaba apenas 15 días viviendo en Alsasua cuando ocurrieron los hechos.

También declaró detrás de un biombo.

Según relató, el primer día que fue a un bar, alguien hizo un gesto que le sorprendió, y es que al pasar por detrás del teniente realizó un gesto con la mano como «señalándole» y entonces decidieron irse porque, tal y como le explicaron, eso significaba que habían reconocido a los guardias civiles.

Tanto María José N.C. como Pilar P.O. confirmaron los insultos que dirigieron los agresores el 15 de octubre de 2016 hacia los agentes y explicaron que les gritaban que «lo tenían merecido por ser guardias civiles».

Además, Pilar P.O. apuntó que hablaban de su novio como «el sargento» y «sargento torturador».

Ambas también lamentaron que «nadie» les ayudó mientras les estaban golpeando y que hubo personas que grabaron la agresión con sus teléfonos móviles.

Pilar P.O., que sigue viviendo en Alsasua con su pareja, está convencida de que hubo más gente dentro y fuera del bar que participó en la paliza, aparte de los ocho acusados, pero que no ha podido identificar a nadie más.

La novia del sargento lamentó que después de lo ocurrido ya no tiene «vida» en Alsasua y que sólo va a la localidad para «hacer la compra, nunca sola».

Cuando lo hace, reveló, ha sido «insultada» y se siente «sometida constantemente a un juicio de valor, como si tuviera que pedir perdón y dar explicaciones» cuando fue ella la agredida.

En la tercera sesión del juicio que se celebrará hoy, miércoles, acudirán a la Audiencia Nacional testigos de la agresión, en concreto el dueño del bar Koxka en el momento de los hechos, dos camareras del local y dos policías forales. EP.

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