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Audiencia Provincial de Madrid: la «mini» ciudad de la Justicia de la capital de España

Eduardo de Porres, presidente, el "guardián de las llaves" Edificio de la Audiencia Provincial de Madrid que alberga a los tribunales de lo penal. Carlos Berbell/Confilegal.
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Aunque no lo parezca, la Audiencia Provincial de Madrid es el tribunal más grande de toda España. Se compone de 30 Secciones. 15 en la jurisdicción penal y 15 en la civil. En total, prestan servicios 146 magistrados titulares, 12 magistrados suplentes, 31 letrados, 3 médicos forenses y cerca de 550 funcionarios.

Sin contar el personal adicional. Léase el médico asistencial, los agentes de la Policía Nacional y de la Guardia Civil, los empleados de la vigilancia privada, mantenimiento, limpieza, etc.

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Casi 900 personas, en números redondos.

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Una «mini» ciudad de la Justicia en toda la regla. Desde hace poco más de un año se le puede llamar así.

Porque antes la Audiencia Provincial de Madrid estaba aquejada del mal de la dispersión de sedes.

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Las Secciones penales estaban en Boston y las civiles en California. O para ser más exactos, unos en el norte de Madrid, en el 96 de la Calle Santiago de Compostela, y los otros en el edificio del número 41 de la calle de Ferraz, al oeste de la ciudad, a unas decenas de metros frente a la sede central del PSOE.

Sin olvidar la Sección de lo Mercantil, con 25 personas, que estaba en la calle Martínez Campos, en el centro.

Entrada al edificio de los tribunales de lo civil, en el 100 de Santiago de Compostela. Carlos Berbell/Confilegal.
Entrada al edifico que alberga los tribunales de lo penal de la Audiencia Provincial de Madrid. Carlos Berbell/Confilegal.

En 2016 la Consejería de Presidencia y Justicia de la Comunidad de Madrid -hoy sólo de Justicia- se vio obligada a tomar una decisión: cerrar las sedes de Ferraz y de Martínez Campos, porque no cumplían con la normativa de seguridad. Lógico. Eran edificios antiguos.

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«La primera idea fue la de trasladar la Sección Civil y la Mercantil a la calle Albarracín, a San Blas, al este de Madrid», explica Eduardo de Porres, 61 años, presidente de la Audiencia Provincial. El «guardián de las llaves» y el eje sobre el que gira todo el órgano judicial.

«Ya sabe usted que la palabra crisis tiene dos significados en chino: peligro y oportunidad. Lo sucedido no fue una gran oportunidad, sino ‘la’ oportunidad, porque el edificio colindante de Santiago de Compostela había quedado vacío. Tuvimos la oportunidad de unificar las sedes. Era algo histórico», añade.

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La inversión realizada rondó los 7 millones de euros

El entonces consejero, Ángel Garrido, y la directora general de Justicia, Yolanda Ibarrola, «lo vieron desde el primer momento», relata Porres.

Lo vieron con claridad. La propuesta del presidente De Porres acababa con los problemas que generaba la dispersión, como disfunciones administrativas o suspensiones de juicios por no asistencia de las partes, y reducía gastos en materia de mantenimiento o transporte de documentación entre la sedes.

Fue el primer compromiso cumplido por parte de la Comunidad de Madrid en la reagrupación de sedes que prevé nuestro Plan de modernización de las infraestructuras judiciales.

La inversión realizada rondó los 7 millones de euros, que comprendió la obra de implantación de oficinas en el 100 de Santiago de Compostela y la renovación general de climatización y acabados del otro edificio, el de la jurisdicción penal.

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Quedaron fuera, es cierto, dos Secciones, las especializadas en Familia, que siguieron ubicadas en el mismo edificio que los Juzgados de esa jurisdicción, en la calle Francisco Gervás.

Eduardo de Porres, presidente de la Audiencia Provincial de Madrid, la «mini ciudad» de la Justicia, en la que trabajan diariamente casi 900 personas. Carlos Berbell/Confilegal.
Una de las tres salas de vistas de lo civil, en el edificio nuevo. Carlos Berbell/Confilegal.

De Porres sigue ejerciendo la jurisdicción, presidiendo la Sección 29 de lo Penal, aunque exento del 50 por ciento de las ponencias. Pero nadie le exime de sus 180 sentencias al año.

«La verdad es que la gestión de la Audiencia Provincial te absorbe todo el tiempo del que dispones. Es una pequeña ciudad con multitud de situaciones y de problemas por resolver. A mí las mañanas se me pasan volando. Cada 15 días, además, tengo reunión de la Sala de Gobierno y un día a la semana deliberación de la Sección», relata.

Hasta su nombramiento como presidente de la Audiencia Provincial, en mayo de 2014 -sustituyendo a Ana Ferrer, la primer magistrada de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo-, la principal experiencia de gestión había sido su servicio al frente del Juzgado de Instrucción 4 de Madrid, formado por 15 personas.

Fueron 20 años como juez de instrucción, 10 de ellos en Plaza de Castilla.

«Cuando te ves al frente de órgano cómo este por primer vez, te entra respeto. Pero confieso que siempre me han gustado los temas de gestión. Soy muy ordenado y eso me ha ayudado», cuenta.

También es un buen diplomático. Tiene una inteligencia intuitiva innata que le permite leer a las personas que tiene enfrente y actuar en consecuencia, desactivando conflictos y saliendo con bien donde a otros les hubiera explotado el artefacto.

Sección de lo Mercantil de la Audiencia Provincial de Madrid. Carlos Berbell/Confilegal.
Vestíbulo del edificio de la Sala de lo Civil de la Audiencia Provincial de Madrid. Carlos Berbell/Confilegal.

Como la mayor parte de los jueces y magistrados hoy en día, De Porres no procede de una familia de juristas. Su padre era delineante y él hizo la oposición a juez al mismo tiempo que trabajaba de abogado.

«La verdad es que siempre quise ser juez. Desde que empecé la carrera», admite.

El presidente de la Audiencia Provincial de Madrid está particularmente orgulloso de la «mini» ciudad de la Justicia que gestiona. Y de las mejoras obtenidas.

«En el nuevo edificio los magistrados tienen todos su despacho. En el viejo, tenían que compartirlo. Aquí también tienen plazas de aparcamiento, de las que adolecían en Ferraz. Y una biblioteca de 160 metros cuadrados, una Sala de Prensa, otra Sala de Reuniones. Además, contamos con una planta adicional», rememora casi de carrillo.

En el cambio él ha perdido un despacho, como presidente. «No tenía ningún sentido en este nuevo escenario».

¿Satisfecho? «Creo que todo el personal puede sentirse satisfecho de cómo ha quedado la Audiencia Provincial de Madrid, sí», admite con una sonrisa abierta.

Lo suyo es una prueba de buena gestión de recursos humanos y materiales.

Un buen punto en el curriculum profesional de cara al siguiente desafío: la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo.