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El asesinato del periodista saudí Khashoggi en Turquía da la razón a Robles con lo de los misiles

Carlos Berbell
El asesinato del periodista saudí Khashoggi en Turquía da la razón a Robles con lo de los misiles
La ministra de Defensa, Margarita Robles, estaba en contra de la venta de misiles a Arabia Saudí para su utilización en la guerra del Yemen, un conflicto que denunció el periodista saudí, Jamal Khashoggi, asesinado el pasado 2 de octubre en el consultado de ese país en Estambul por miembros de los servicios secretos saudíes.
22/10/2018 06:15
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Actualizado: 21/10/2018 22:41
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Al final, la ministra de Defensa, Margarita Robles, tenía razón con su oposición a la venta de los misiles a Arabia Saudita. Misiles que se utilizarán en la guerra del Yemen y que, con toda seguridad, causarán bajas civiles.

Una guerra que denunció públicamente, en sus artículos en The Washington Post, periódico del que era columnista el reputado periodista saudí, Jamal Khashoggi, exiliado en Estambul, Turquía.

El pasado mes de abril, un misil «inteligente» disparado por un caza saudí impactó en una boda, en el norte de Yemen, en la que murieron al menos 20 personas, la mayor parte mujeres y niños.

Cuatro meses más tarde, otro misil «inteligente» -made in U.S.A.-, hizo saltar por los aires un autobús de escolares con 50 niños. Los ataques sobre colegios y hospitales se han repetido.

En los tres años y medio que dura la guerra han muerto 16.000 personas, la mayor parte civiles.

CRÍTICAS AL PRÍNCIPE HEREDERO

El pasado 11 de septiembre, Khashoggi publicaba un artículo en el Washington Post que llevaba por título «El príncipe heredero de Arabia Saudí debe restaurar la dignidad a su país acabando con la cruel guerra en Yemen».

«Los costos políticos asociados con la pérdida de vidas inocentes no pueden ser tabulados. Los fallos en la inteligencia saudita llevaron al despliegue de una bomba para atacar a un autobús que se sospecha que lleva las fuerzas de Houthi. En cambio, el misil golpeó a un autobús escolar que llevaba niños. El reino no puede permitirse tener una zona de guerra abierta en su frontera sur, la confianza de los mercados internacionales y el terreno mora», escribía Khashoggi. 

«Arabia Saudita no merece ser comparada con Siria, cuyo líder aparentemente no dudó en usar armas químicas contra su pueblo. Pero la continuación de la guerra en Yemen validará las voces que dicen que Arabia Saudita está haciendo en Yemen lo que el presidente sirio Bashar al-Assad, los rusos e iraníes están haciendo en Siria. Incluso en el sur de Yemen que ha sido ‘liberado’, los manifestantes actualmente están organizando una campaña de desobediencia civil, cantando consignas contra la coalición liderada por los saudíes, que se considera como el poder real en el terreno, en lugar del gobierno exiliado de Yemen».

Y terminaba el artículo con dos párrafos definitivos: «El príncipe heredero de la Arabia Saudita también debe aceptar que los hutíes, los islamistas sunitas (islamistas sunitas) y los separatistas del sur deben desempeñar un papel futuro en el gobierno de Yemen. Obviamente, Riad no obtendrá todo lo que quiere y dejará que los yemeníes resuelvan sus diferencias con sus compañeros hutíes en un Congreso Nacional, en lugar de en sangrientos campos de batalla».

«Cuanto más dure esta guerra cruel en Yemen, más permanente será el daño. La gente de Yemen estará ocupada luchando contra la pobreza, el cólera y la escasez de agua y reconstruyendo su país. El príncipe heredero debe poner fin a la violencia y restaurar la dignidad del lugar de nacimiento del Islam», concluyó.

Al príncipe heredero, Mohamed bin Salman, conocido por sus siglas MbS, el auténtico poder de Arabia Saudita, las críticas periodísticas no le gustan. Y menos las de un gran conocedor de las interioridades del Gobierno, como Khashoggi, quien se autoexilió hace un año a Turquía.

Acallar su voz era fundamental. Por eso, cuando las autoridades saudíes en el consulado de Estambul recibieron la visita de Khashoggi, para solicitar un certificado de soltería, documento que necesitaba para casarse por segunda vez con una ciudadana turca, debieron ver las puertas abiertas para acallar su voz.

Tenía que volver el 2 de octubre pasado al mediodía. Cuando eso ocurrió se encontró con lo que jamás esperó: una muerte atroz, con torturas previas.

Porque ese día le esperaron un grupo de 15 agentes saudíes llegados con esa misión expresa.

De acuerdo con un audio en poder de la policía turca, de turbio origen, es cierto, publicado por varios medios de ese país, Khashoggi todavía estaba vivo cuando, después de golpearlo con saña, comenzaron a apuntarle los dedos de las manos con una sierra.

Para apagar sus gritos desgarradores lo sedaron.

Luego fue decapitado en la sala contigua al despacho del cónsul y duró siete minutos.

En los ocho minutos siguientes, un experto forense, al que al parecer identifican con el saudí Salah Mohamed Tubaiqi, se puso a despiezar los restos del periodista.

«Cuando hago esta tarea oigo música. Vosotros deberíais hacer igual», se oye decir, al parecer, a Tubaiqi, al resto de los agentes.

TARDARON EN RECONOCER EL ASESINATO 17 DÍAS

Las autoridades saudíes tardaron 17 días en admitir la muerte del periodista.

De acuerdo con el fiscal general de Arabia Saudita, que difundió un comunicado oficial a través de la agencia de noticias oficial SPA, hubo hubo una «discusión» entre Jashogi y los agentes saudíes que «derivó en una pelea a puñetazos que se saldó con su muerte (…) y el intento de encubrir lo que había pasado».

En un principio, desde el Consulado se dijo que Khashoggi había dejado la legación diplomática por su propio pie.

Como era de esperar, desde Riad se ha levantado un «cortafuegos» para eximir de toda responsabilidad en la muerte del periodista al príncipe heredero saudí.

Sin embargo, desde Europa se ha respondido con contundencia.

Reino Unido, Francia y Alemania hicieron publico ayer un comunicado conjunto en el que los tres países tacharon de «injustificable» el asesinato de Yamal Jashogi, que condenaron «en los términos más contundentes posibles».

Los tres países exigieron una «aclaración urgente de lo sucedido exactamente» con el reportero.

Alemania fue más allá. La canciller Angela Merkel, anunció que su país daba por terminada la venta de armas a Arabia Saudí mientras no se aclarara lo ocurrido. 

A la vista de lo sucedido, Margarita Robles no andaba desencaminada con lo de los misiles. Nada desencaminada. 

Justo es reconocerlo.

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