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Nuria de Gispert, defensora del Mutualista en Alter Mutua: ¿Honorabilidad o discurso de odio?

Nuria de Gispert, defensora del Mutualista en Alter Mutua: ¿Honorabilidad o discurso de odio?
Sobre estas líneas Nuria de Gisbert, sobre quien versa esta columna de Sonia Reina Sánchez, delegada territorial para Cataluña de la Fundación Internacional Derechos Humanos. EP.
24/10/2018 06:15
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Actualizado: 22/2/2021 12:32
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Ante determinadas conductas, no deberíamos mirar hacia otro lado, no deberíamos callar y dejar que los acontecimientos sigan su curso, pues hacerlo supondría que la defensa de los derechos fundamentales estaría en riesgo. Esa defensa que es cosa de todos.

No podemos mirar hacia otro lado ante el continuo y sistemático discurso de odio que realiza la ex presidenta del Parlament de Cataluña, señora Nuria de Gispert.

Y menos cuando resulta ser, paradójicamente, la “Defensora del Mutualista” de la entidad Alter Mutua, entidad que pretende ahora su expansión por toda España. 

Un cargo que no deja de sorprender ni a los abogados mutualistas, ni a los defensores de los derechos fundamentales, pues están a expensas de una persona que ha demostrado ser el vivo ejemplo de un pensamiento supremacista.

Para situar ese discurso de odio, esas expresiones que denotan un pensamiento imbuido de supremacismo, excluyente e intolerante, con un odio integrista hacia todos aquellos que no “piensan” de forma idéntica a sus querencias, debemos partir de la Carta Universal de los Derechos Humanos de 1948.

Sin entrar en detalle de lo preceptuado en la Carta Universal de los Derechos Humanos, Carta que ejemplifica la capacidad del ser humano de superar las diferencias y las adversidades, esa superación que hizo posible que 50 países se sentaran a la misma mesa tras la Segunda Guerra Mundial y la convirtieran en realidad en 1948, haré mención única y exclusivamente a su artículo 1, que, a mi entender, engloba lo que debería ser la base del comportamiento humano:

“Artículo 1 : Todos los seres humanos nacen libres en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”

Todos:  Sin distinción de raza, sexo, idioma, religión, opinión política, o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica o cualquier otra condición. En definitiva, la no discriminación.

Seres humanos: Los derechos humanos derivan de la propia esencia del individuo como persona, sin necesidad de realizar actividad alguna para ser titulares, sino por el simple y, a la vez, importante hecho de existir.

Nacen libres: Desde el mismo nacimiento se reconoce la esencia de la libertad del individuo (no de los territorios)

Dignidad y derechos: Todos aquellos que se establecen en la Carta y de los que debe ser protegida la dignidad y la libertad

Y, examinadas las continuas declaraciones de la Defensora del Mutualista, llegamos a la conclusión que ninguno de estos conceptos, absolutamente ninguno, forma parte ni de su pensamiento ni de su obra.

De Gispert, permítanme que no utilice su condición de “Molt Honorable” (Muy Honorable), por haber sido presidenta del Parlamento de Cataluña, es desde siempre, y con más ahínco en los últimos tiempos, ejemplo del pensamiento que vulnera y pisotea los derechos fundamentales

No viene de ahora, no nos engañemos, quizá ahora sea más evidente pero no podemos olvidar que, cuando era Presidenta del Parlamento de Cataluña, ya hacía gala de su pensamiento sectario.

Recordaremos sólo uno de los hechos acaecidos entonces: De Gispert recibía a unos niños que visitaban el Parlament y, mientras los tenía sentados en los escaños de los diputados, desde su sillón de Presidenta les mentía.

Sí, les mentía.

Les mentía explicándoles que la Guerra de Sucesión (que no de secesión) fue una guerra de “los catalanes” por la libertad y que donde ellos se encontraban era un polvorín donde se almacenaban armas (hecho cierto) armas que eran utilizadas por los españoles para controlar a los catalanes.

Esas expresiones, aparte de faltar a la verdad, pueden ser constitutivas de un discurso de odio hacia un determinado colectivo,  de una forma más o menos sibilina, pero discurso de odio al fin y al cabo.

Tergiversar la Historia para implantar en mentes inocentes como las de unos niños de apenas 10 años, para generarles la convicción que los españoles son personas (o bestias con forma humana como los define el Sr. Torra) malas por naturaleza, que mataban a aquellos que sólo defendían la libertad, es, en sí mismo, discurso de odio

Hay formas perversas de generar odio, pero utilizar a unos niños, a unas mentes que deben ser formadas para ser libres y críticas, es una de las más execrables.

Otros ejemplos de manifestaciones de la señora De Gispert en los últimos tiempos:

  • A Carme Chacón: “vuelve a Miami, que (allí) estabas muy bien”.
  • Continuos boicots a empresas que ella entiende que son “no catalanas”.
  • Al PSC: “Dais asco”.
  • A Inés Arrimadas: “vete a Cádiz”, “inepta”, “ignorante”, “garrula”, “choni”.
  • Diferentes mensajes señalado a jueces, con nombre y apellidos.
  • Identificando en redes sociales la escuela a la que acude la hija de Albert Rivera.
  • Publicar continuamente mensajes pidiendo la vulneración de la Constitución, de las leyes y de las resoluciones judiciales.

¿Puede una persona con ese pensamiento, ser la idónea para ocupar el cargo de “Defensora” del mutualista?

¿Sigue considerando Alter Mutua que es óptima esa elección?

NO PODEMOS AMPARAR LA CONDUCTA DE NURIA DE GISPERT

Quizá, Alter Mutua debería reflexionar  y hacer reflexionar a la Sra. De Gispert, porque ni los abogados, ni los ciudadanos, podemos justificar y amparar dichas conductas.

La Orden ECO/734/2004, establece que las personas que sean nombradas “Defensores” deben ser personas con honorabilidad y de reconocido prestigio.

Y, vista la trayectoria de la Sra. De Gispert, comprobado su continuo y sistemático discurso de odio hacia quien piensa o siente distinto, deberíamos preguntarnos por los conceptos de honorabilidad y prestigio.

Deberíamos preguntarnos si, una persona que descalifica e insulta a otra sólo por pensar diferente, puede defender y representar lo que viene establecido en la citada Orden.

Deberíamos preguntarnos hasta qué punto sería capaz de defender a un mutualista, o si su ideología le llevaría a dictar resoluciones discriminatorias.

Deberíamos preguntarnos qué honorabilidad ostenta quien incita, continuamente, a la desobediencia de las leyes, de la Constitución y de las resoluciones judiciales, o quién señala a abogados, jueces y fiscales.

Deberíamos preguntarnos qué prestigio ostenta quien insulta y pretende expulsar de un lugar a otra persona por pensar distinto.

Deberíamos preguntarnos qué honorabilidad y prestigio ostenta quien promueve boicots contra empresas o autónomos, por identificarlos con una ideología o sentimiento distinto al suyo.

Deberíamos preguntarnos si nuestra conciencia nos permite no denunciar comportamientos contrarios a los derechos fundamentales de todos los individuos, si con nuestro silencio ayudamos a crear una sociedad menos libre, menos igualitaria y carente de derechos básicos para la convivencia en paz.

Creo, firmemente, que el respeto a los derechos fundamentales debe ser el camino a seguir por todo individuo, que el trato fraternal entre los ciudadanos nos ha de llevar a una sociedad mejor, más libre e igualitaria, y que la condena a los ataques a la convivencia en paz y a la democracia debería ser unánime, respetando, todos, el derecho a existir y disentir.

Y para ello, debemos denunciar, siempre, todos aquellos actos que la pongan en riesgo, sin complejos y sin temor a las consecuencias, porque nunca debemos olvidar que el odio no construye, nos destruye como individuos y como sociedad.

Reflexione, señora De Gispert.

Reflexionen, señores de Alter Mutua.

El odio no contruye, destruye.

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