Una vez rescatado el cuerpo de Julen en la madrugada del sábado y finalizada la autopsia, las investigaciones se centran en depurar las responsabilidades penales que rodean el trágico accidente.
El juzgado de instrucción nº 9 de Málaga ha solicitado a la Guardia Civil toda la información recopilada durante los 13 angustiosos días de trabajo. El Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil ya remitió a la jueza, el pasado 17 de enero, un informe con las gestiones realizadas hasta ese momento.
Además de estudios urbanísticos de la zona, en ese informe se apuntaban ya, las posibles infracciones en torno al lugar por donde se precipitó el niño.
Infracciones que se basan sobre todo en 3 puntales: un pozo que no contaba con permiso alguno, la ausencia de medidas de seguridad y el por qué de unas obras previas al accidente, llevadas a cabo en el terreno que lo rodea.
También ha comenzado la toma de declaraciones a protagonistas y testigos.
De momento sólo han trascendido las contradicciones en las que incurrieron el dueño de la finca, David Serrano Alcaide, novio de la prima del padre de Julen y, el pocero, Antonio Sánchez.
Éste último declaró, desde el principio, que la zona no estaba como «él la había dejado», refiriéndose a la ausencia de una gran piedra que tapaba el agujero «para que no cayeran animales».
DUEÑO DE LA FINCA Y POCERO SE CULPAN MUTUAMENTE
Lo cierto es que el pozo carecía de los permisos que expiden la Dirección General de Minas y la Dirección de Dominio Público Hidráulico y Calidad de las Aguas , pertenecientes a la Junta de Andalucía.
Ni el pocero ni el propietario habían presentado solicitud para recibir este permiso. A éste respecto, cada uno «echa balones fuera» y carga la responsabilidad «en el contrario».
Tampoco el Ayuntamiento de Totalán había concedido autorización para ninguna obra realizada en la parte posterior del terreno que rodea el pozo y que se llevó a cabo poco antes del accidente.
¿Por qué se abrió una zanja de 35 por 5 metros al lado de ese agujero? La «finalidad» de esta obra en el terreno, también se investiga ahora.
La instrucción, por tanto, se afana en depurar responsabilidades entre los distintos factores y responsables que se entremezclan en este trágico suceso y que podría terminar calificándose de homicidio imprudente.
EL ORIGEN Y LA NATURALEZA DEL MATERIAL QUE TAPONÓ EL POZO
El cuerpo de Julen fue encontrado a las 01.25 horas de la madrugada del sábado por los equipos de rescate, tras 13 días de esfuerzos «contra reloj», en los que participaron hasta diez administraciones distintas y 12 empresas privadas.
La posición en que fue hallado el pequeño «hace determinar que la caída fue libre y rápida hasta la cota en la que se le encontró, unos 71 metros de profundidad» según confirmaba el sábado el delegado del Gobierno en Andalucía, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis.
Tras la caída, el niño se topó con «un suelo», precisando que, a partir de esa cota, «el pozo estaba relleno de tierra y por encima también tenía un tapón».
Además, añadió Rodríguez, «el aire que pudiera existir era el que había entre los pies y la cabeza del pequeño».
La muerte se produjo poco tiempo después de la caída debido a los múltiples traumatismos en cabeza y extremidades inferiores.
La autopsia del cuerpo que se practicó el mismo sábado reveló la presencia de politraumatismos y traumatismos en la cabeza.
Se tomaron muestras que han sido remitidas al Instituto Nacional de Toxicología en Sevilla para ampliar los resultados preliminares. Los resultados de estos estudios estarán listos en ocho o diez días, según el Ministerio de Justicia.
Paralelamente, los especialistas de la Guardia Civil han recogido porciones del material acumulado, tanto sobre el cuerpo del fallecido como el que tenía bajo sus pies, para determinar si «el tapón» procedía de la tierra que el propio niño arrastró con su caída.
Tendrán que determinar, también, cuál es el origen del suelo que había bajo sus pies.
Respecto a ésto, el propio delegado del Gobierno andaluz señalaba el sábado que «hay diversas teorías pero ninguna con certeza», añadiendo que «existen explicaciones como que en la propia caída fuera albergando arena, ya que, eran paredes muy imperfectas y arenosas». Una teoría con la que han manifestado desacuerdo algunos expertos.
«No obstante», añadió Rodríguez, «se tendrá que investigar».
Y en eso están ahora. En eso y, en esclarecer, por qué fueron dos senderistas los que avisaron a la policía ante la desaparición del pequeño y no sus propios padres.
La instrucción permanece bajo el secreto de sumario. Quedan muchas incógnitas por despejar.