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Honda preocupación entre los jueces de la AN por lo sucedido en la casa de García-Castellón

El magistrado Manuel García Castellón.
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Lo sucedido, ayer por la tarde, en el domicilio de Manuel García-Castellón, magistrado del Juzgado Central de Instrucción 6 de la Audiencia Nacional, ha llenado de honda preocupación a sus compañeros de ese órgano judicial, según ha podido pulsar Confilegal.

Por la sensación de vulnerabilidad y desprotección.

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Y por lo paradójico del caso: el hombre no forzó ninguna cerradura y no robó nada, a pesar de que el magistrado tenía ordenadores portátiles, con los que trabajaba, que eran de fácil transporte. 

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Eso sí, se paseó por el salón durante unos minutos con toda libertad, se supone que mirando y husmeando lo que García-Castellón tenía sobre los muebles.

Luego se marchó por donde vino, dejando la puerta de la calle abierta de par en par.

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Así se la encontró un pariente de García-Castellón.

Deduciendo que había pasado algo, llamó a la Policía Nacional.

Todos y cada uno de los seis jueces centrales de instrucción –Santiago Pedraz, Ismael Moreno, María Tardón, José Luis Calama Teixeira, José de la Mata y el propio García-Castellón- llevan una media de entre 300 y 350 asuntos anuales, todos ellos de máxima importancia relacionados con terrorismo, mafias y economía.

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García-Castellón es el instructor, además, de casos como Lezo, Púnica, Vitaldent o el del comisario jubilado, José Manuel Villarejo, por comentar cuatro de los más sonados.

Y la única protección que tiene es la de un agente que le lleva y le trae a su casa todos los días.

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Como al resto de sus compañeros de los centrales de instrucción, los que así lo precisan.

El Ministerio del Interior, tras conocer lo ocurrido, dio orden ayer de proteger el domicilio de García-Castellón lo que también abre una puerta a reflexionar sobre si sería conveniente restituir toda o en parte la protección a los jueces de la Audiencia Nacional que, en su momento, se suprimió cuando ETA abandonó las armas. 

Y no son solo los seis jueces centrales de instrucción.

También los 17 magistrados que componen las 4 secciones de la Sala de lo Penal y los dos de la Sala de Apelación.

Y lo mismo ocurre con los 19 fiscales que también sirven en ese órgano judicial, entre los que se incluyen el jefe y el teniente fiscal. 

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Los casos que instruyen unos y que juzgan los otros son de la máxima complejidad. Asegurar la seguridad personal en sus casas -de la que ahora no disponen- es un punto a considerar.

¿Qué buscaba el sujeto si su objeto no era robar? ¿Probarle al magistrado su vulnerabilidad? ¿Con qué objetivo? ¿Y quién? Son preguntas a las que tiene que dar respuesta la policía.