Dos agentes de la Benemérita corroboraron ayer el episodio que narró el exdelegado del Gobierno en Cataluña Enric Millo acerca de que los manifestantes que se agolparon en un centro de votación el 1 de octubre de 2017 utilizaron la «trampa del Fairy» para hacer que los agentes resbalaran y cayeran al suelo para poder agredirles.
Según explicó uno de los agentes a preguntas de la fiscal Consuelo Madrigal, frente al colegio electoral de la localidad de Sant Esteve Sesrovires (Barcelona) se resbaló porque «presuntamente habían echado lavavajillas en el suelo» de la calle.
Al caer de espaldas, una persona se acercó por detrás y le propinó una «fuerte» patada en la cabeza, que llevaba protegida por un casco.
«Patiné y caí como un saco», afirmó cuando le ha repreguntado una de las defensas.
Como consecuencia de esta agresión, el guardia civil se quedó aturdido unos segundos, aunque pudo continuar en el operativo.
Después se percató de que tenía dos contusiones en la nuca, por lo que acudió a un hospital en Sant Cugat del Vallés, donde le hicieron una resonancia.
Marina Roig, abogada del presidente de Ómnium Cultural, Jordi Cuixart, preguntó al testigo si estaba el suelo mojado por la lluvia, a lo que él respondió que «ese día no llovió».
Un teniente de la Benemérita que también participó en esta intervención pudo presenciar los hechos y se mostró de acuerdo en que «habrían echado jabón o algún líquido» en el suelo.
Dos guardias echaron a correr detrás del responsable de la patada a su compañero y cuando forcejeaban con él llegó otra persona que también propinó otra patada a uno de los agentes.
Los dos agresores fueron detenidos posteriormente.
INTENTO DE ATROPELLO
En la intervención en ese colegio de Sant Esteve Sesrovires resultaron heridos diez guardias civiles, según explicó el teniente, que mencionó otro episodio, cuando los efectivos salían del colegio con el material electoral requisado: un motorista intentó embestir con su vehículo a varios compañeros y cuatro o cinco trataron de reducirle, aunque les costó porque «era muy agresivo».
En ese enfrentamiento, el motorista, que ya había dado «bastante guerra» durante la primera parte del operativo policial, trató de arrebatar el arma a uno de los agentes.
Como los dos anteriores agresores, también resultó detenido.
En otro punto del interrogatorio, este mismo teniente comentó que después de este colegio participó en otros operativos, en los cuales los agentes no apreciaron ninguna resistencia ni insultos de los manifestantes, así que pudieron acceder sin problemas al centro, requisar el material del referéndum y marcharse.
Además de este agente, el jueves comparecieron ante en el Tribunal Supremo otros 13 guardias civiles que contaron cómo se desarrollaron sus actuaciones el día del referéndum.
El último de ellos fue un capitán del Instituto Armado que intervino el pabellón polideportivo de Roquetas (Tarragona).
Según dijo, en el exterior de este recinto había congregadas unas 300 personas, mientras que en su interior se concentraron otras 200.
En el momento que les vieron aparecer por la zona, estos grupos comenzaron a «exaltarse» y a gritarles insultos como «maricones, hijos de puta, asesinos».
Recalcó que, incluso, escuchó que alguien les acusaba de ser «los culpables de los atentados las Ramblas» de Barcelona que tuvo lugar el 17 de agosto de 2017.
BARRERA DE MUJERES Y PERSONAS DE AVANZADA EDAD
El capitán destacó que los manifestantes colocaron una primera barrera compuesta por «mujeres y personas de avanzada edad frente al resto de la masa que eran de entre 20 y 50 años, más corpulentos».
Asimismo constató, a preguntas de la fiscal Consuelo Madrigal, que cuando consiguieron salir del polideportivo, los concentrados acompañaron los vehículos policiales hasta que llegaron a una rotonda y comenzaron a lanzar piedras de entre cincuenta gramos y un kilogramo, que impactaron contra los cristales, llegando una a alcanzar al piloto de uno de los coches.
A preguntas del abogado Andreu Van den Eynde, que defiende al exvicepresidente de la Generalidad, Oriol Junqueras, admitió que los agentes golpearon a los concentrados para «defenderse de la agresividad de la gente».
En este punto, reconoció que había visto imágenes de cómo alguno de sus compañeros exhibieron las armas e hicieron ademán de golpearles con las culatas, pero concretó que sabían que no las podían utilizar.
En esta misma línea fue dirigido el interrogatorio de Jordi Pina, defensa del expresidente de la Asamblea Nacional Catalana (ANC), Jordi Sànchez.
Si bien, el capitán afirmó rotundamente que «el uso de las defensas (porras) está justificado cuando se agreden a las fuerzas» y que así estaba sucediendo con «sus hombres.
«La ley legitima el uso de la fuerza para cumplir la ley», añadió. EP.