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Puigdemont, el «saca conejos» de la chistera, «amenazado de secuestro»

Puigdemont con su enésimo conejo sacado de la chistera: la "amenaza" de secuestro contra su persona. EP.
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Con franqueza. Creía que, en lo que respecta al prófugo de la Justicia, Carles Puigdemont, lo había visto todo. Pero confieso públicamente que me he equivocado.

De haberse dedicado al circo, a principios del siglo XX, cuando los medios de comunicación no eran tan omnipresentes, Puigdemont habría tenido un rotundo éxito. Porque no tiene precio a la hora de sorprender.

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Cada semana, cada día nos asombra con un nuevo giro en «el relato».

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Como si se tratara de una serie de Netflix, HBO o Amazon Prime.

El último, se ha conocido hoy: ¡Alguien lo quiere secuestrar! 

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Sí, como suena.

A él. Al hombre más público de España. Sobre el que los focos y las cámaras de las televisiones y de fotos jamas dejan de ponerse. 

Y no solo eso.

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En vez de denunciarlo ante la comisaría de Policía de su barrio, en Waterloo, Bélgica, va y lo hace ante la Mesa del parlamento autonómico. 

¿Por qué será? ¿Es que no se fía de la diligente Policía belga?

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No, no es eso.

La Mesa del parlamento catalán ha acordado por mayoría, con los votos a favor de JxCat y ERC, y en contra de los de Ciudadanos y PSC-Units, informar a la Fiscalía española de dicha supuesta amenaza de secuestro. 

El presidente de la cámara autonómica, Roger Torrent, «conmovido» por la misiva que Puigdemont les envió, fechada el 9 de abril –hace 28 días, lo que evidencia un «peligro inminente claro» ante el que había que actuar con premura– , impulsó el acuerdo.

Un acuerdo que no tiene ningún marco legal ni enganche ni percha ni nada que se parezca, como bien le dejaron claro los letrados de dicha cámara.

Pero no importó.

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Por enésima vez, Puigdemont volvió a sacar un nuevo conejo de la chistera.

El expresident «saca conejos» se le podría apodar. 

«Días atrás trascendió, a través de los medios de comunicación, que un empresario, de nombre Gerard Bellalta, ofrece la cantidad de 100.000 euros como recompensa por secuestrarme», decía Puigdemont en su misiva.

«Al margen de las acciones que el Ministerio Público tendría que emprender contra alguien que declara públicamente la intención de cometer un delito de esta entidad, que puede incentivar acciones ilegales de espontáneos o de voluntarios de diferente índole, como miembro que soy del Parlament de Catalunya, pido amparo a la Mesa«, añadía el prófugo.

Torrent pidió a los letrados del parlamento autonómico un informe para ver si tenía encaje legal.

Y no lo tenía.

El reglamento de la Cámara no prevé amparo jurídico alguno para casos como el que plantea Puigdemont.

Y el huido lo sabía cuando envió la carta. La Mesa también lo sabía.

Y los letrados ratificaron que no era posible.

«El reglamento no regula actualmente ningún derecho ni mecanismo específico que prevea la actuación de la Cámara para garantizar la protección jurídica» de sus miembros, dijeron en su informe.

Eso fue lo que argumentaron también Ciudadanos y el PSC para oponerse.

Pero ha dado lo mismo.

Porque lo importante no es que la Fiscalía investigue o deje de investigar una amenaza de secuestro de Puigdemont.

Visto lo visto, a día de hoy es más probable que el expresidente prófugo se «autosecuestre» o lo «secuestren» amigos de la parroquia separatista que un ajeno trate de hacerlo.  

Lo importante, para Puigdemont, es seguir en el «candelabro», que diría la bella Sofía Mazagatos, alimentando su imagen victimista y sufridora. Ya me gustaría saber qué opina Oriol Junqueras, quien lleva un año y medio en prisión preventiva, de esa imagen de «luchador por la patria» que ha pretendido forjarse el prófugo.

Porque esta última «denuncia» de Puigdemont va por ahí.

Otro conejo más. ¿Cuántos le quedan?

Todo un artista.