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“La economía sumergida de la Segunda División B es uno de los problemas para su profesionalización”, según Lolo Escobar

El entrenador del Las Rozas CF, Lolo Escobar, se ha convertido en poco menos que una leyenda al subir en dos años, de preferente a la Segunda División B a un club muy humilde. Foto: José María Garzón/Confilegal.
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Todo el mundo reconoce que el trabajo de Lolo Escobar, como entrenador, es poco menos que una gesta. En dos años ha conseguido que un club modesto con Las Rozas CF ascendiera de preferente a Segunda B.

Escobar colgó las botas de jugador de fútbol cuando tenía 28 años. Se licenció en Instituto Nacional de Educación Física y completó su formación, con el Máster de alto rendimiento de preparación física de la Real Federación Española de Fútbol, y otras maestrías relacionadas.

Comenzó con el Villanueva del Pardillo. Pasó por múltiples clubs de la Comunidad de Madrid como el Unión Adarve, el UD Puerta Bonita, Trival Valderas Alcorcón y el Alcobendas Levitt.

Finalmente fichó por el Las Rozas CF, donde actualmente se encuentra dirigiendo, junto con su hermano Josete Escobar y su ayudante Jorge, con quien comparte los méritos de sus logros deportivos.

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Lolo Escobar es un tipo joven, abierto y directo. Sin pelos en la lengua a la hora de responder a las preguntas.

¿Hay mucha diferencia entre un equipo de categoría preferente y otro de la Segunda División B? ¿Y con la Primera y Segunda División?

Sin duda. Por un factor: el nivel económico que se gestiona. La Segunda División B es semiprofesional, lo mismo que la Tercera y las preferentes. La mayoría de los futbolistas necesitan tener trabajo, ya que con lo que perciben del fútbol no tienen para vivir.

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Por ello, la gestión de los horarios es muy importante para la formación de los deportistas.

Vivir del fútbol es algo que muy pocos pueden hacer hoy en día. En este sector se incluyen los entrenadores que, además, cada vez hay un porcentaje mayor. Cada año se obtienen alrededor de tres mil licencias nuevas. El problema es que no hay tantas plazas para ellos lo que acaba derivando en una masificación de entrenadores en fútbol base, con sueldos muy reducidos.

Indudablemente a nivel deportivo los jugadores mantienen esa ilusión que llevan teniendo desde categorías más bajas, pero sí es cierto que dan un salto de calidad, pero no hablando exclusivamente de la técnica, sino también en aspectos de profesionalidad y dedicación.

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Evidentemente, la Segunda División B no se puede comparar a la Primera o a la Segunda División.

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La gestión de los horarios y el factor económico, que también es importante, ¿no?

El factor monetario está muy ligado a la dirección de la propia sociedad deportiva que, en líneas generales suele ser bastante compleja, sí.

Uno de los objetivos de Luis Rubiales, el presidente de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), es profesionalizar y fortalecer el fútbol semiprofesional y aficionado. ¿Puede usted identificar algún problema importante que pueda dificultarlo?

La economía sumergida de la Segunda División B es uno de los problemas para su profesionalización. Porque los clubes que hacen las cosas serias y pagan sus impuestos no pueden competir con aquellos que pagan en negro. La economía de los primeros se dispara en sueldos y salarios y no pueden pagar a los mejores jugadores.

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La profesionalización podría suponer un peligro ya que como vemos de la experiencia personal de un entrenador de una de estas categorías, los clubes se verían mayormente perjudicados.

Evidentemente, el control que se tendría que adquirir la Federación Española de Fútbol y el aporte económico que tendría que volcar en estas divisiones ascendería a una cuantía notable para poder solventar todos los problemas que se plantean.

Es presumible que equipos con grandes presupuestos como puede ser el Córdoba CF podrían verse enormemente favorecidos por dicha profesionalización, pero la inversión que tendrían que aportar clubes más modestos como en este caso Las Rozas, podrían suponer un fuerte peligro para muchos de ellos. Pudiendo ser incluso inviable en equipos de dicha magnitud.

Indudablemente, si se otorgara un apoyo cuantioso por parte de la RFEF y la progresión fuera in crescendo, es notorio y manifiesto que los clubes adquirirían una mayor competitividad porque se estaría jugando bajo las mismas reglas del juego, no dando lugar a situaciones de desprotección o economías sumergidas en esta división de bronce.

Este exitoso entrenador de Segunda División B advierte al presidente de la RFEF, Luis Rubiales, del obstáculo principal para la profesionalización de las divisiones inferiores. Foto: JM Garzón/Confilegal.

¿Y qué opina usted de la iniciativa  Iván Villar, representante de los jugadores de Segunda División B en la Federación de Madrid sobre la creación de un fondo de garantía salarial?

La creación de este sistema me parece una de las mejores ideas que hay. Uno de los casos más frecuentes es que si un equipo baja y lo hace con jugadores con contratos de tres años y tienen que asumir con muchos menos ingresos esos contratos tan abusivos para la categoría en la que están, a diferencia de lo que sucede en esta categoría, LaLiga les rescata.

Hay casos de clubes de Segunda División B que bajan a Tercera con sueldos de cuatro mil euros. Sueldos que son completamente inaccesibles para una categoría como Tercera División. Si hubiera un fondo como ese, verdaderamente a la RFEF demostraría que se preocupa por el fútbol semiprofesional.

Una de las opciones que se proponen, fuera de la creación del fondo de garantía salarial, es que el CSD obligue a todos los clubes a que todos los contratos estén dados de alta.

Simplemente con eso estaría solucionado puesto que si se tiene contrato salarial y está dado de alta en la SS todos los clubes de la categoría jugarían con las mismas reglas del juego.

Las Rozas, por ejemplo, al ser una Sociedad Anónima tiene que dar de alta a todos sus trabajadores, pero hay muchos equipos que están cobrando en negro. Un jugador al cobrar en negro está totalmente desprotegido.

Como verdaderamente no se está entrando a resolver esta situación es con contratos a cero o contratos de voluntariado. Un jugador puede estar cobrando 1.200 euros y en vez de eso tener un contrato de voluntariado. Esta es una práctica lamentable y vergonzosa.

Lo que pasa es que llega diciembre y al jugador, ni al entrenador, se les protege. Te echan y te quedas con una mano delante y otra detrás y no percibes absolutamente nada.

Sabiendo que con los trabajos que tienen y con esos sueldos pues obviamente no vives. El roto que te hacen es importante.

¿Esto resta capacidad de funcionamiento a una sociedad que hace todo correctamente frente a las que no?

Totalmente.  Al final si yo quiero pagarle a un jugador mil euros, el club tiene que cubrir todos los seguros sociales, el IRPF, todo lo que te obliga Hacienda a pagar.

Sin embargo, tú te vas a otro equipo que te da mil euros pero te lo da en negro, tú percibes mil y ese club es más competitivo ya que está pagando menos.

A mí una ficha de mil euros me cuesta mil trescientos y a ese club le cuesta solo mil. Con lo cual nuestro presupuesto, aparte de ser de los más bajos de los 80 equipos de segunda B, además es menos competitivo porque tenemos que dar de alta a todos los jugadores.