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Demanda millonaria contra los herederos del hombre que transcribió a partituras la música de Paco de Lucía, cobrando el 50 % de sus derechos de autor

Paco de Lucía, el genial compositor y guitarrista. De acuerdo con la demanda de juicio ordinario interpuesta, José Torregrosa Alcaraz cobró desde los años sesenta hasta su muerte, en 2005, el 50 por ciento de 36 canciones de Paco de Lucía "como coautor", lo que es el centro del pleito.
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José Torregrosa Alcaraz, compositor y arreglista, fallecido en noviembre de 2005, cobró desde los años sesenta y setenta hasta su muerte el 50 por ciento de los derechos de autor de 36 obras musicales compuestas por Paco de Lucía por el solo hecho de haberlas transcrito a partituras.

De hecho, a día de hoy todavía aparece como “coautor oficial” de cuatro álbumes del genial guitarrista y compositor, entre ellas una obra emblemática como “Entre dos aguas”, creada en 1973.

Los herederos de Torregrosa -su viuda, María Luisa Olcina Sánchez, y sus dos hijas- siguen cobrando por ello, todavía en 2020.

Con este estado de cosas quieren acabar los herederos de Francisco Sánchez Gómez, “Paco de Lucía”, Casilda Sánchez, Lucía Sánchez, Francisco Sánchez, su viuda, Gabriela Canseco y dos hijos menores de edad, quienes han interpuesto una demanda de juicio ordinario que ha caído en el Juzgado de lo Mercantil 3 de Madrid, cuyo titular es Jorge Montull Urquijo.

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En la misma, solicitan que el magistrado reconozca la titularidad del 100 por ciento de las 36 obras musicales citadas compuestas por Paco de Lucía, se anule la inscripción de Torregrosa en el Registro de la SGAE en relación con esas obras, se condene a la mujer y a las hijas del arreglista a devolver las cantidades percibidas –millonarias– por esos derechos de autor y que se les condene al pago de 100.000 euros como indemnización en concepto de daño moral.

La demanda legal está articulada por los abogados Marisa Castelo y Agustín Azparren.

El palacio de don Javier González-Longoria, más conocido como palacio Longoria, donde tiene su sede la SGAE, en la que se guardaban los registros manipulados de las obras de Paco de Lucía. Foto: Carlos Berbell/Confilegal.

¿CÓMO PUDO OCURRIR?

La España de 2020 no tiene nada que ver con la España de los años sesenta, setenta, ochenta y parte de los noventa, en los que la gestión de los derechos de autor por parte de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), era de una opacidad rayana en la oscuridad absoluta.

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Paco de Lucía fue víctima de una de las corruptelas que habían terminado de pasar por “costumbre”.

Consistía en que los transcriptores a partituras musicales que tenían que presentarse al Registro de la SGAE -condición sine quanon para cobrar derechos de autor- se apuntaran parte de los derechos de autor de esas obras, en cuya gestación no habían tenido nada que ver.

Lo normal era un 20 por ciento, como le ocurrió a Joan Manuel Serrat y a Víctor Manuel, pero podía llegar al 30 o al 50 por ciento, como en el caso de Paco de Lucía.

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Por un trabajo que podría valorarse hoy en 30 euros por obra, cobraban el resto de su existencia y sus herederos durante los 70 años siguientes.

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A estos sujetos se les denominaba “silbadores”.

Joan Manuel Serrat también fue víctima de estos “silbadores”.

SON VERDADEROS RÍOS DE ORO LO QUE SE LLEVAN

“Paco era un desastre con los asuntos burocráticos, es cierto. Pero tampoco ayudaba la gestión de entonces de la SGAE. Ni revisó las liquidaciones o pagos por derechos de autor ni nada. Tampoco podía comparar con nada y valorar su rendimiento. Jamás sospechó que nadie estuviera cobrando por sus derechos de autor”, cuenta Azparren.

Paco de Lucía confió plenamente en José Torregrosa cuando lo conoció. Era el productor musical de la discográfica Philips, donde grabó sus primeros discos. El maestro Torregrosa. Así se le conocía.

“Como Paco carecía de conocimientos musicales para escribir las partituras, lo cual era normal en el mundo del flamenco, Torregrosa se ofreció a transcribirlas y, lo más importante, a registrarlas en la SGAE”, añade el abogado.

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Y en ese proceso, Torregrosa se apuntó como coautor, sin serlo, aprovechándose de la oscuridad con la que operaba la SGAE, donde las fichas podían ser manipuladas y falsificadas con toda facilidad.

“El Productor de la casa discográfica se ofrecía amablemente a encargarse del papeleo y a ayudar en el registro confeccionando la partitura, pero en el proceso, ayudado por una mala praxis de la SGAE que llevaba a que nadie hiciera preguntas, se incluía él mismo en la ficha de reparto de la obra, en un buen número de obras de Paco de Lucía, y en la mayoría de ellas, ni más menos que ¡¡¡con un cincuenta por ciento!!! de los derechos de autor y manipulando las fichas de registro”, dice el informe pericial elaborado por el prestigioso flamencólogo Faustino Núñez, que los herederos han adjuntado a su demanda.

“Es impensable que el señor Torregrosa pueda ser autor a medias con Paco de Lucía de estas obras”, añade.

Ricardo Modrego, compañero de Paco de Lucía en sus primeros discos a dos guitarras, relata que “toda la obra que hicimos Paco y yo al principio, desde el año 64, fuimos a registrarla a la SGAE con Ramón Jiménez Barrado, el dueño del Real Musical. Como contrapartida a eso, Ramón Jiménez ha estado cobrando el 33 % de nuestra obra sin otro esfuerzo que el del día que fuimos a la Sociedad a  hacer el registro. (…) Son verdaderos ríos de oro lo que se llevan”.

La corruptela, porque no se la puede definir de otra forma, duró hasta mediados de los años 90, cuando Eduardo -“Teddy”- Bautista asumió la Presidencia de la SGAE.

Acabó con ella por inmoral e ilegal y protegió a los compositores.

A partir de ese momento las partituras pasaron a ser elaboradas por músicos profesionales por un precio, a tanto alzado por canción y sin adquirir ningún participación en los derechos de autor.

“Teddy” Bautista acabó con estas prácticas fraudulentas cuando asumió la Presidencia de la SGAE, en 1995. Foto: EP.

LUCÍA, LA HIJA DEL GUITARRISTA, DESCUBRIÓ EL DESAFUERO

Fue la hija del guitarrista, Lucía Sánchez, abogada especializada hoy en derechos de autor y uno de los demandantes, la que descubrió el desafuero al hacerse cargo de las tareas administrativas de su padre.

“Aquél descubrimiento enfadó muchísimo a Paco. ¿Cómo alguien en el que había confiado como si hubiera sido su padre pudo engañarle de esa forma? No concebía pensar que se hubiera podido aprovechar de él y que figurara como coautor de obras suyas”, señala Azparren.

Para un creador como el genial guitarrista no podía haber mayor afrenta que otra persona se hubiera aprovechado de su creatividad y de su trabajo.

Una vez que se descubrió todo el pastel, Lucía Sánchez instó -como es preceptivo en estos casos-, un acto de conciliación en la SGAE frente a los herederos de Torregrosa, en representación de su padre e impulsada por el propio Paco de Lucía, como paso previo ineludible para presentar la demanda ante la justicia.

Fue el 15 de febrero de 2012. El maestro Torregrosa había fallecido siete años antes, en 2005.

La abogada alegó que las fichas desde las que se habían venido haciendo las reparticiones de derechos de autor de las obras de su padre estaban llenas de tachones, con modificaciones de porcentajes y con la firma de su padre falsificada o sin firmar.

Aquello no llegó a nada porque los herederos de Torregrosa solicitaron la suspensión del acto para consultar archivos y reunir documentación.

El 26 de febrero de 2014 ocurrió lo inesperado. Paco de Lucía murió en Cancún, lo que provocó un complejo proceso para repartir la herencia, que culminó en 2017 y que, durante ese tiempo, paralizó todo.

Ese año, el 6 de septiembre, se reanudó el acto de conciliación, con presencia de los herederos de Torregrosa, con lo que se dejó libre la vía judicial.

“Entre dos aguas”, uno de sus grandes éxitos. En los registros de la SGAE aparece José Torregrosa como “coautor” y dueño del 50 por ciento de los derechos de autor.

LA RAZÓN, DE LA PARTE DE LOS HEREDEROS DE PACO DE LUCÍA

Para el abogado, está muy claro quién tiene razón. “Lo hemos argumentado con toda contundencia en nuestra demanda”, relata.

El pacto verbal de reparto de los derechos de autor fue nulo por inexistente, al faltar el requisito del consentimiento. También existe una evidente falta de causa, pues la causa para percibir derechos de explotación del autor nunca puede venir por la transcripción de unas partituras. Y hay, además, enriquecimiento injusto“, sentencia.

Un problema al que se tendrá que hacer frente es saber cuánto dinero cobró Torregrosa durante 40 años por los derechos de autor de las obras de Paco de Lucía y cuánto han percibido sus herederos en los últimos 15 años.

El cálculo le corresponde hacerlo a la SGAE.

¿Millones? Seguro.