El exministro socialista Francisco Caamaño propone que España se dote de una nueva Constitución de corte federal

24 / 01 / 2020 06:30

Actualizado el 24 / 01 / 2020 07:48

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El exministro de Justicia del último gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de A Coruña (UdC) y miembro de la firma CCS Abogados, Francisco Caamaño, plantea que la mejor solución para el futuro de España es que se dote de una nueva Constitución de corte federal, rebatiendo así la posición de quienes, «para negar la conveniencia de ese cambio, sostienen que, de facto, ya la tiene».

La propuesta la hizo ayer en la sede de la Real Academia Gallega de Jurisprudencia y Legislación, durante su conferencia titulada “Silencios constitucionales y ordenación territorial”, sobre el presente de la Carta Magna.

Una intervención donde hizo una defensa cerrada del modelo territorial federal.

El catedrático de Derecho Constitucional de la UdC fue desgranando las respuestas a varias y esenciales cuestiones: ¿Fue una buena idea dejar abierto el diseño territorial de España?, ¿Por qué se cuestionan hoy los elementos estructurales de aquel diseño constitucional -bilateralidad, hechos diferenciales, reparto competencial- y, paradójicamente, quienes formulan esas críticas se hacen llamar constitucionalistas?, ¿En qué se parece ‘su’ constitución al texto aprobado en el año 1978?, ¿Desarrollo equivocado o involución constitucional?, ¿Es un problema de diseño o un problema de ejecución?

«A la España del siglo XXI no parece satisfacerle el modelo territorial de 1978”.

Toda constitución, afirmó Caamaño, aspira a ser la ordenación jurídica de un proyecto político de convivencia. “En los procesos constituyentes tan importante es lo que se expresa por escrito como aquello que se silencia: lo que se incluye, como lo que deliberadamente se excluye”.

Para este experto, la clásica distinción de Bryce entre constituciones escritas y no escritas peca de ingenua.

“En toda constitución hay ausencias deliberadas y acuerdos tácitos que impresos no sobrevivirían un solo día; La ‘libertad negativa’, los pactos de silencio desempeñan un papel destacado en la formación de consensos básicos”, añadió.

La «piedra de toque»: Articular la igualdad común y gestionar, por igual, las diferencias

A nadie se le oculta, argumentó Caamaño, que cuando el proceso constituyente comprende comunidades de base territorial con una población que participa mayoritariamente de una identidad colectiva propia y diferenciada, “una de esas cuestiones -acaso, la cuestión por excelencia- es la relativa a cómo articular la igualdad común, presupuesto de todo estado, gestionando, al tiempo, la diferencia”.

Para este catedrático, es una falacia sostener que la nación precede al estado. “Más bien ha sido el largo proceso de construcción del estado (la delimitación de fronteras, la formación de un ejército, la ordenación del territorio, la creación de una hacienda pública, la unificación de mercados y la supresión de barreras arancelarias internas, el establecimiento de una moneda…) y la progresiva incorporación de símbolos (el himno, la bandera, los mitos…) y tareas al espacio público (la educación, en tanto que formación en valores compartidos, el reconocimiento de derechos de ciudadanía, la existencia de una representación política común…) los elementos que han generado un sentimiento de adhesión al proyecto compartido”.

Opina que el proceso de articulación del estado liberal se dobla con el proceso de construcción nacional: «No es la Nación la que segrega un Estado propio, sino el Estado el que conforma su Nación».

El modelo territorial español depende del reconocimiento de una pluralidad identitaria para sobrevivir

Para el exministro de Justicia, en ese lento y dispar proceso hubo estados con una capacidad nacionalizadora mayor que la de otros, bien por la eficacia transformadora de sus políticas públicas (Francia sería el principal ejemplo), bien porque habilitaron fórmulas constitucionales que, acomodando en origen la diferencia, habilitaron sinergias en favor del proyecto común, como es el caso de las grandes federaciones territoriales (EEUU, Brasil, Argentina, Australia…).

Fuera de estos modelos de Estado, añadió Caamaño, hubo otros casos, en mucho menor número, en los que ese proceso de conformación fue por distintas causas débil e incompleto.

Es el caso de Reino Unido, Bélgica, Canadá y es el de España. Esto es así “hasta el punto de que, con el paso del tiempo, la condición democrática de tales estados se ha hecho depender del obligado reconocimiento interno de una pluralidad identitaria territorialmente asentada”.

El contenido de esta charla forma parte del ciclo de conferencias programado por la Real Academia Gallega de Jurisprudencia y Legislación en colaboración con Abanca y el Colegio Provincial de Abogados de A Coruña.

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