El ministro de Justicia, Juan Carlos Campo, pasa estos días poco tiempo en su despacho oficial. Sale rápido del viejo caserón de San Bernardo para ir al encuentro con su buen amigo el responsable de Justicia del PP, Enrique López.
El CGPJ no puede ser una correa de transmisión del Ejecutivo, pero tampoco convertirse en el frente judicial de oposición al Gobierno. Va depender mucho no solo de quienes sean finalmente los elegidos como vocales, sino principalmente por quien sea la persona que lo vaya a presidir.
Necesitamos a un hombre de solida formación jurídica, de intachable trayectoria y con amplia experiencia en las instituciones más altas del Estado. Un hombre que más allá de la ideología sepa tejer y lograr consensos y que sea unánimemente aceptado en la carrera judicial.
Según la ley orgánica ha de ser un magistrado del Tribunal Supremo o un jurista de reconocido prestigio con más de 15 años de trayectoria profesional.
Sin embargo, para encontrar a ese magistrado del Tribunal Supremo que ahora esta finalizando otras ocupaciones de Estado, no hay que mirar muy lejos.
Nos jugamos muchos para no acertar con la persona indicada para presidir el CGPJ y el Tribunal Supremo en los próximos cinco años.