Carlos Berbell, director de Confilegal, moderó las intervenciones de Javier Borrego, abogado, exjuez del Tribunal Europeo de Derechos Humanos y exmagistrado del Supremo; María Tardón, magistrada del Juzgado Central de Instrucción 3 de la Audiencia Nacional; y Enrique López, magistrado de la Sala de Apelación de la Audiencia Nacional y magistrado emérito del Tribunal Constitucional. Foto: José Barahona.

El orden internacional en el banquillo: magistrados y juristas coinciden en Boadilla del Monte en que no erosionará el Estado de Derecho

24 / 04 / 2026 08:00

Actualizado el 24 / 04 / 2026 12:39

El Teatro Princesa Doña Leonor de Boadilla del Monte acogió ayer un nuevo encuentro de los Diálogos Jurídicos de Confilegal, con un debate que puso sobre la mesa una pregunta tan incómoda como urgente: ¿está el derecho internacional agonizando o simplemente atravesando una crisis más de las muchas que han jalonado su historia desde que, en 1945, las potencias vencedoras levantaron el edificio normativo que debía evitar para siempre el horror de otra guerra mundial?

Magistrados, fiscales, funcionarios, abogados, procuradores y vecinos del municipio madrileño llenaron el aforo para escuchar a tres voces de excepción: Javier Borrego, exjuez del Tribunal Europeo de Derechos Humanos y exmagistrado del Tribunal Supremo; María Tardón, magistrada del Juzgado Central de Instrucción 3 de la Audiencia Nacional; y Enrique López, magistrado emérito del Tribunal Constitucional y magistrado de la Sala de Apelación de la Audiencia Nacional.

De izquierda a derecha, Enrique López, María Tardón, Carlos Berbell, Javier Borrego y Francisco Manuel Oliver, magistrado, que también intervino después.

Fue Carlos Berbell, director de Confilegal y moderador del evento, quien abrió el fuego. Señaló dos episodios recientes como detonantes del debate: la irrupción de un comando de operaciones especiales de Estados Unidos en Venezuela para detener a su presidente, Nicolás Maduro, y el ataque conjunto de Washington y Tel Aviv contra instalaciones militares iraníes.

Dos hechos con un denominador común que Berbell resumió con precisión quirúrgica: «El andamiaje que construimos, imperfecto pero extraordinario, ha sido sustituido por la fuerza bruta, ochenta años después. Y esto no es un fenómeno aislado».

El director de Confilegal fue más allá. Vinculó esos episodios a una tendencia de largo alcance que afecta al corazón mismo de las democracias occidentales: «Las democracias ya no mueren por golpes de Estado; mueren porque los líderes elegidos democráticamente comienzan a erosionar desde dentro, poco a poco, las instituciones que las sostienen, debilitando los contrapesos. Es el desprecio de las normas cuando el que manda decide que las normas le estorban».

Berbell, en su exposición de apertura, vinculó la crisis del derecho internacional y la erosión del Estado de Derecho dentro de las democracias. Foto: José Barahona.

Un derecho sin tribunal

El primero en tomar la palabra fue Borrego, que desde el inicio dejó claro que hablaba con la libertad de quien ya no ocupa ningún cargo. «Hoy no soy juez de nada», advirtió, antes de situar el debate en sus coordenadas jurídicas precisas.

«El derecho internacional es un derecho de consenso; no hay un tribunal que condene», recordó. Aludió al artículo 51 de la Carta de Naciones Unidas, que ampara la legítima defensa ante un peligro inminente, y apuntó que Estados Unidos se acoge precisamente a ese argumento en relación con el arsenal iraní y su capacidad de proyección en la región.

«¿Lo había o no lo había? Esa es la cuestión», planteó.

Borrego elevó además la mirada hacia el comportamiento del propio Irán: «Lo que ha hecho Irán atacando a los países del Golfo, ¿no es también una agresión?».

Y lanzó una advertencia dirigida al auditorio, característica de su estilo directo: «No me gustan las afirmaciones tremendistas. El mundo se divide en crisis, y esta es una más. No es ningún final de ciclo».

Javier Borrego recordó que el artículo 51 de la Carta de Naciones Unidas ampara la legítima defensa ante un peligro inminente, en este caso la posible posesión de arma nuclear por parte de Irán. Foto: ABM.

Tardón no compartió ese escepticismo sobre la gravedad del momento, aunque sí el rechazo al catastrofismo. Para la magistrada de la Audiencia Nacional, responsable de algunos de los casos de terrorismo más complejos tramitados en España en los últimos años, lo ocurrido constituye un crimen de agresión sin paliativos.

«Han atacado un país y se han llevado a su jefe de Estado. Eso no tiene ningún pase desde el derecho internacional», sostuvo con firmeza.

«La Carta de Naciones Unidas busca mantener la paz y el respeto a los derechos de los demás. Hay una ruptura evidente, venga de Estados Unidos, de Rusia o de Irán», afirmó.

«La Carta de Naciones Unidas busca mantener la paz y el respeto a los derechos de los demás. Hay una ruptura evidente, venga de Estados Unidos, de Rusia o de Irán», afirmó. Foto: Ayuntamiento de Boadilla del Monte.

Reconoció que ningún tribunal puede hoy juzgar a las grandes potencias —la arquitectura del Consejo de Seguridad lo impide estructuralmente—, pero insistió en que esa impunidad no puede perpetuarse indefinidamente: «Alguien tendrá que poner orden y reconducir las cosas, porque no sabemos a dónde va esta deriva».

Y añadió una nota personal que resonó en el auditorio: «El espíritu que llevó a crear los instrumentos de cooperación internacional, ese espacio de libertad, seguridad y justicia que tanto costó construir, se tambalea».

López aportó la perspectiva histórica más larga y la lectura geopolítica más descarnada.

El magistrado emérito del Tribunal Constitucional recordó que la intervención de EE.UU. en Venezuela, capturando a Nicolás Maduro, fue autorizada por un Gran Jurado.

Recordó que desde 1945 el principio de restricción de la fuerza ha convivido con guerras —Corea, Vietnam, Yugoslavia, Ucrania— que nadie logró frenar desde el derecho, y que en ninguno de esos conflictos el orden internacional se derrumbó definitivamente.

Hizo hincapié, además, en la coherencia interna del sistema jurídico estadounidense: «Un jurado de Estados Unidos determinó que Maduro tenía que ser procesado por diversos delitos, y un juez autorizó la actuación. En su escenario jurídico, no están actuando al margen de la ley».

Una afirmación que no implica legitimar la acción, sino entender su lógica desde dentro.

Y llamó la atención sobre un flanco que a su juicio queda casi siempre en penumbra cuando se habla de Irán: «Esta guerra no nos preocupa por el pueblo iraní, que vive bajo un régimen donde la palabra democracia no existe y los derechos civiles son pisoteados cada día. Nos preocupa por el desencaje energético. La noticia no es el ataque; es que está cerrado el estrecho de Ormuz».

Aunque López no reprochó a los países democráticos su hipocresía con respecto a Irán, recordó que lo que realmente preocupa en nuestro país es el desencaje energético. Foto: ABM.

¿También en España?

El debate giró entonces hacia un patrón que Berbell identificó como transversal a las grandes potencias: el debilitamiento del Estado de derecho desde dentro, el ataque sistemático a los jueces, la descalificación permanente del adversario político.

La pregunta era inevitable: ¿se reproduce ese patrón en España?

Borrego desconfió de los análisis en blanco y negro, de la tentación de dividir el mundo en aliados y enemigos, en los que están en el lado correcto de la historia y los que no.

«A mí lo que no me gusta es que nos quieran llevar a amigo-enemigo», dijo. Reconoció que en España existen déficits democráticos que le preocupan —«no entiendo que el presidente de una gran compañía se elija desde La Moncloa»—, pero rechazó que la situación pueda equipararse sin más a otros escenarios internacionales: «Aquí tenemos un montón de problemas y nos dedicamos a arreglar el mundo. Vamos a ser serios».

Y lanzó una puya a la cultura del dramatismo: «En este país apostamos por el dramatismo. Y esto es el mundo».

El exmagistrado del TEDH, Javier Borrego, huyó de los análisis en blanco y negro, de dividir el mundo en aliados y enemigos. Foto: ABM.

López fue más contundente en su diagnóstico doméstico, y al mismo tiempo más sereno: «En España, el Estado de derecho sigue teniendo una gran fortaleza. A los jueces se les critica porque se puede hacer, y eso en sí mismo ya es una señal de salud institucional. Pero lo que dice un juez, se cumple».

Reconoció que algunos actores ejercen incorrectamente el poder, pero marcó una distinción esencial: «Eso no significa que la democracia esté perdiendo poder».

Y añadió, con cierta melancolía, una reflexión que fue quizá la más aplaudida de la tarde: «Lo que me da pena es que Irán solo se vea a través del uso de la fuerza, y nadie hable de los derechos humanos de su población».

López descartó los análisis catastrofistas sobre el Estado de Derecho en España. «Sigue teniendo una gran fortaleza», afirmó. Foto: ABM.

Tardón cerró esa parte del debate con una nota de confianza institucional que sonó a convicción, no a retórica: «El Estado de derecho es mucho más fuerte de lo que algunos actores, incluso dentro de nuestro propio Estado, piensan. Hay gente con puestos de responsabilidad que nos está abocando a un abismo. Pero los contrapesos del Estado de derecho tienen suficiente fuerza para evitarlo».

María Tardón coincidió con López sobre la fortaleza del Estado de Derecho en España. «Está mucho más fuerte de lo que muchos piensan», dijo. Foto: ABM.
El alcalde de Boadilla del Monte, Francisco Javier Übeda –el tercero por la izquierda en la primera fila– siguió con mucho interés todo el debate. Foto: ABM.

Optimismo con los ojos abiertos

En el tramo final, los tres intervinientes apostaron, con matices distintos pero con una misma dirección de fondo, por el optimismo.

Tardón lo explicó desde la psicología colectiva y desde los intereses más primarios de los ciudadanos: «Ya están producidos los grandes desastres. Nos ha entrado el miedo a todos, porque nos quedamos sin aviones, sin combustible. Las crisis económicas nos preocupan. El miedo guarda a la viña. Cuando el mundo occidental ve que su Estado de bienestar se tambalea, encontrará la manera de reconducir la situación».

Y apuntó a los políticos como el eslabón más sensible de esa cadena: «Son gente pendiente de los votos. Y cuando los ciudadanos lo sufran en sus bolsillos, en su forma de vida, los políticos tendrán que responder».

La magistrada Tardón se mostró optimista, en el tramo final del debate. «El miedo guarda a la viña. Cuando el mundo occidental ve que su Estado de bienestar se tambalea, encontrará la manera de reconducir la situación», dijo. Foto: ABM.

López lo fundamentó en los datos más duros, los que raramente aparecen en los titulares: «2026 es el año en que menor porcentaje de hambruna hay en el mundo, y en el que más ha disminuido la desigualdad en África. El mejor año de la historia sigue siendo el último año. Algo está pasando».

Y mostró confianza en que el conflicto del estrecho de Ormuz encontrará solución: «Especialmente por intereses económicos. Soy optimista con el orden internacional».

Borrego, en su estilo escéptico y directo, zanjó la cuestión con una respuesta tan lacónica como cargada de sentido cuando le preguntaron cómo ve el futuro del orden internacional: «Pues como ha sido hasta ahora».

Borrego recordó que siempre ha habido crisis en la historia de los países. Y esta se superará. Foto: ABM.

López quiso, no obstante, terminar con una exigencia que sonó casi a advertencia: «Los países pequeños no podemos convertirnos en jueces. La historia va muy rápido, y lo que decimos hoy puede jugar en nuestra contra mañana. A los líderes les pediría responsabilidad: con la ciudadanía, con su historia y con sus intereses».

López recordó que «2026 es el año en que menor porcentaje de hambruna hay en el mundo, y en el que más ha disminuido la desigualdad en África. El mejor año de la historia sigue siendo el último año. Algo está pasando». Foto: ABM.

Una tarde en Boadilla del Monte que dejó, como los mejores debates jurídicos, más preguntas abiertas que respuestas cerradas. Y la certeza de que el derecho internacional, malherido o no, sigue siendo el único lenguaje común con el que la humanidad puede intentar hablar de paz.

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