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El Tribunal Supremo también tuvo un expresidente «okupa»: Eduardo Martínez del Campo

Eduardo Martínez del Campo y Acosta fue presidente del Tribunal Supremo durante 18 años; cuando fue nombrado ministro de Gracia y Justicia demoró designar sucesor tres meses para prolongar su estancia en la vivienda que tenía en el Palacio de Justicia. Lo cuenta María Luisa Román, la memoria viva del Tribunal Supremo en este artículo.

La carrera profesional del burgalés Eduardo Martínez del Campo y Acosta es una de las más brillantes de la historia. Abogado de profesión, fue también diputado y senador.

En 1890 fue nombrado presidente de Sala de la Audiencia Territorial de Madrid (antecedente del Tribunal Superior de Justicia actual). En 1892, fiscal del Tribunal Supremo. Y en 1901 se convirtió en presidente del Tribunal Supremo, puesto que ocupó durante los ocho años siguientes. 

Hasta el 21 de octubre de 1909.

Ese día tuvo que cesar obligatoriamente. ¿Por qué? Porque Segismundo Moret, del Partido Liberal, nuevo presidente del Consejo de Ministros –como se llamaba entonces al actual presidente del Gobierno–, lo nombró nada menos que ministro de Gracia y Justicia. 

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No podía compaginar los dos puestos.

Moret había reemplazado a su compañero de partido, Eugenio Montero Ríos, tras la llamada Semana Trágica de Barcelona (entre el 26 y el 31 de julio), resultado de la llamada a filas a los reservistas de 1903 a 1905 para hacer frente a la rebelión que las cabilas rebeldes del  Rif protagonizaron contra el Ejército español, que ocupaba el Protectorado de Marruecos, en el norte de ese país.

Aquello devino en una huelga general, convocada por la CNT y la UGT, que triunfó en las principales ciudades catalanas.

Sin embargo, perdieron su control. En algunas ciudades los comités sindicales sustituyeron a las autoridades.

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En Sabadell llegaron a proclamar la república.

El Gobierno de Montero Ríos se vio obligado a declarar el estado de guerra ante los violentos disturbios y a enviar refuerzos militares desde Valencia, Zaragoza, Burgos y Pamplona, para el control del orden público.

75 perdieron la vida, 5 de ellos de las fuerzas del orden; más de 500 personas resultaron heridas.

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Su gestión de la crisis no fue un éxito y en octubre se vio obligado a presentar la dimisión.

El Rey Alfonso XIII, en consecuencia, llamó a Segismundo Moret a formar Gobierno, que inició su andadura el 29 de octubre de ese año 1909.

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Y AQUÍ EMPIEZA LA HISTORIA DEL EXPRESIDENTE «OKUPA»

Eduardo Martínez del Campo y Acosta vivió desde 1891 hasta 1909 en el edificio del Tribunal Supremo, en el piso más alto del Palacio de Justicia.

Hasta no hace mucho, era costumbre que los presidentes de órganos judiciales importantes vivieran en el mismo edificio, a cargo del Estado, de la misma manera que algunos ministros en nuestro tiempo. Como por ejemplo el de Interior. No es nada raro.

En aquel tiempo era la costumbre.

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El edificio del Supremo, además, era muy cómodo porque tenía una discreta escalera que le permitía descender desde su domicilio hasta la planta inferior, donde tenía su despacho.

Esto ya no existe. Porque después del incendio que sufrió el edificio en 1915 tuvo que ser reconstruido en la forma que lo conocemos hoy.

El expresidente del Tribunal Supremo, y nuevo ministro de Gracia y Justicia, vivía muy a gusto, hay que decirlo, y se mostró muy renuente a dejarlo.

De hecho, podía prolongar su habitabilidad. ¿Por qué? Porque a él –y, solo a él– le correspondía proponer un sustituto al presidente del Consejo de Ministros a la persona que le sustituiría en la Presidencia del Tribunal Supremo.

Y lo demoró todo lo que pudo.

A su favor contaba que estaba casado con María Eugenia Montero Ríos, hermana del expresidente del Gobierno, Eugenio María Montero Ríos, quien, a pesar de ser un ángel caído de la política, todavía poseía fuertes influencias.

Y, lo más importante, no utilizó la información para tirar contra su sucesor y rival político para no perjudicar a su hermana y a su cuñado.

Martínez del Campo y Acosta no propuso ningún nombre al presidente Moret hasta enero de 1910 (en aquel tiempo no existía ningún Consejo General del Poder Judicial y la prerrogativa correspondía al jefe del Gobierno, sin tener que negociar con la oposición y sin que existiera ninguna mayoría cualificada). Pasados tres meses. 

El silencio de Montero Ríos no evitó, sin embargo, la chanza y la burla en los medios de la época. 

«Hemos dicho que no llevaba á nadie á la presidencia del Supremo, para volver á ocuparla al terminar su breve existencia ministerial. Hemos dicho que seguía viviendo en aquella casa sin ánimos de abandonarla. Hemos dicho que no se ocupaba de reformar la Administración de Justicia, porque iba á dejar la cartera inmediatamente«, publicó el periódico Gedeón en el mes de enero de 1910.

El 17 de enero, finalmente, su sucesor, José Aldecoa y Villasante, fue elegido.

Pero no pudo ocupar el piso oficial de inmediato porque el ministro de Gracia y Justicia estaba en proceso trasladarse a la casa que había comprado en la madrileña calle Lista, cosa que hizo finalizando ese mes.

Martínez del Campo y Acosta siguió al frente del Ministerio hasta el 9 de febrero, cuando Moret se vio obligado a dimitir tras fracasar en su intento de disolver las Cortes y convocar nuevas elecciones con el fin de obtener una mayoría que lo respaldara.

A Moret sustituyó otro miembro del Partido Liberal, José Canalejas. 

Martínez del Campo y Acosta culminó su carrera profesional convirtiéndose en uno de los ministros de Gracia y Justicia más efímeros de la historia, ocupando el sillón del palacio de la calle de San Bernardo apenas 111 días.

El presidente «okupa», como se le llamaría en nuestro tiempo, no disfrutó tampoco mucho de su nueva casa.

Murió 14 meses después, el 11 de abril de 1911. Tenía 71 años.

No lo hizo mal como presidente del Tribunal Supremo. Pero el detalle de su resistencia a abandonar el piso oficial no lo dejó en muy buen lugar ante la opinión pública del momento y ante la historia.