El «Show» de Villarejo en el Congreso de los Diputados no defraudó, otra cosa es que alguien le creyera

El "Show" de Villarejo en el Congreso de los Diputados no defraudó, otra cosa es que alguien le creyera

28 / 05 / 2021 06:46

Actualizado el 28 / 05 / 2021 13:44

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Si algo quedó claro de la comparecencia del comisario jubilado, José Manuel Villarejo, investigado por 27 causas diferentes en la Audiencia Nacional, la mayor parte de ellas por los delitos de cohecho, al haber ejercido –supuestamente– actividades incompatibles con su condición de funcionario público, como han sido hacer trabajos detectivescos y de operaciones más propias de agentes secretos, por dinero, es que es imposible creer todo lo que dice.

Como un prestidigitador depurado, Villarejo mezcló verdades y trolas en formatos aparentes de verdades absolutas ante la Comisión Parlamentaria de Investigación del caso Kitchen, que se está llevando a cabo en el Congreso de los Diputados.

Y las contó. Como no podía ser de otra manera. En esta ocasión se quitó el parche del ojo izquierdo, que proyectaba la imagen de un moderno pirata, y se puso unas gafas de pasta, que le conferían un aire más intelectual. ¿Y pretendidamente creíble?

No había obligación de jurar o prometer decir la verdad, como solemos ver en las películas estadounidenses cuando los ciudadanos son llamados a declarar ante la sede de la soberanía popular en comisiones de investigación como esta.

Aquí se puede decir lo que se quiere sin temor a represalia alguna.

Por eso, Villarejo proyectó a sus señorías la imagen de un abnegado funcionario público al servicio del Estado que se ha pasado tres años y medio en prisión preventiva por sus actividades al servicio de la Patria. Con P mayúscula.

Porque la patria es lo más grande. Ya lo dejó claro en el juicio que le planteó el exdirector del CNI, Luis Sanz Roldán: «Con la patria y con la madre hasta la muerte, tengan o no razón».

Era evidente que ninguno de sus señorías se creyó un ápice de lo que decía Villarejo. Algunos de ellos le hicieron preguntas en un tono jovial, sabedores de la atención mediática, que denotaban la total incredulidad de sus respuestas antes de que las materializara, como ocurrió con el diputado del Partido Popular, Luis Santamaría.

«Hemos logrado que afirme el carácter político de Gurtel, que ha calificado como de operación política. Que participó en la investigación por orden de Antonio Camacho [ministro del Interior]. Que se usaron sus empresas. Que [Baltasar] Garzón exigió la presencia de Villarejo para investigar Gurtel…», escribió después.

Otros, como el representante de ERC, Gabriel Rufián, en tono intersante le hicieron preguntas inocentes, como si era cierto que él había sido el autor del apuñalamiento a la doctora Elisa Pinto.

A mí las preguntas que hacen algunos diputados me sorprenden porque no están trabajadas. Son de primero de primaria. Infantiles. Ausentes de intencionalidad.

¿Qué iba a responder Villarejo? «Así se las ponían a Felipe II«, debió pensar. Sin el conocimiento del caso, sin el «background» necesario, pues era meter gol a puerta vacía.

Pues dijo que no, que no conocía «a esa señora», aseguró que existían informes de la Guardia Civil –que no existen–, y  se inventó una conspiración con fondo de Margarita Robles, a la que 20 años atrás la doctora Pinto atendió como paciente, más propia de la imaginación de Michael Connelly.

Añadió que nunca había visto a la doctora, obviando que ella le identificó, con toda claridad, en una rueda de reconocimiento, como la persona que supuestamente la apuñaló.

«A esta señora no la ha apuñalado nadie, porque hay informes médicos, en fin, no le puedo revelar más datos donde dice la propia médico que la atiende que es una herida superficial autoinfringida. Pobre mujer, se murió al poco tiempo, la medico esta, que la atendió», añadió, abundando en su estrategia de ahcer creer que la doctora Pinto está loca. Y no lo está, doy fe de ello.

Pero se le olvidó aclarar que quien declaró ante la magistrada instructora fue el cirujano, que atendió a la doctora Pinto en el Hospital Gregorio Marañón y que dijo que dicha herida no podía ser autoinfringida.

Todo aseguró, estaba «perfectamente acreditado» en el expediente judicial. Claro, porque lo había dicho él. Sus declaraciones forman parte del sumario.

Villarejo ha sido acusado por la abogada de la doctora Pinto, Ana Blanco, por los delitos continuados de amenazas, de lesiones cohecho, lesiones agravadas y contra la Administración de Justicia, por los que solicita una condena de 22 años de cárcel junto con el millonario que, presuntamente, lo contrató, Javier López Madrid, para meterle miedo y que retirara la denuncia por acoso sexual que le había interpuesto.

El magistrado Manuel García Castellón, titular del Juzgado Central de Instrucción 6 de la Audiencia Nacional, tiene abierta, igualmente, una causa por motivos similares conra Villarejo y López Madrid.

Después Villarejo contó que habían intentado «eliminarle» cuando estuvo ingresado en prisión preventiva, mediante el suministro de una sustancia que luego dijeron que le había «sentado mal».

Villarejo aseguró que no sabe quien quiso, supuestamente, quitarle la vida con una sustancia que le provocó un shock anafiláctico, e incluso «muerte súbita» –que no pudo ser muerte súbita porque estaba ahí ayer–, pero se recuperó.

«Aguanté», subrayó la obviedad. Quizá por ser un carroza de 67 años le dieron «una dosis pequeñita».

A Jon Iñarritu, portavoz de Bildu, que se interesó por su salud y por quien presuntamente trató de quitarle la vida, Jon Iñarritu, le dijo que no sabe quién estuvo detrás pero le aseguró que en 2016, los responsables del CNI con quienes trataba, le aconsejaron que se marcha de España porque el entonces director del CNI, el general Félix Sanz Roldán, iba a por él.

Y esto es solo una pequeña muestra de lo que Villarejo dijo. A efectos prácticos fue una declaración inútil e innecesaria. Pero hay que reconocer que nos divertimos. Pasamos un buen rato.

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