Renovación del CGPJ: Vivimos desde hace dos años y medio un día de la marmota continuo

26 / 07 / 2021 06:46

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Esa es la realidad. Y esa es la razón por la que este fin de semana, desde Confilegal, hemos hecho caso omiso a las declaraciones de las únicas dos personas que tienen los llaves para llevar a cabo la renovación del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), un órgano constitucional cuya caducidad tenía que haber sido diciembre de 2018. Hace dos años y 7 meses, por lo tanto.

Nos aburre. Lo confesamos.

Porque, mientras uno, Pedro Sánchez, declaraba el viernes, desde Palo Alto, California, Estados Unidos, que el PP no tenía «ninguna voluntad» de renovar el Consejo, el otro, Pablo Casado, respondía que quien está bloqueando el proceso es el presidente del Gobierno.

«¿Quién bloquea?, ¿el partido que defiende lo que dice Europa y la Carta Magna o el que ataca al Tribunal Constitucional, al Supremo o al Tribunal de Cuentas y que insulta a los jueces por llevarle la contraria?», se preguntó Casado al día siguiente.

Es el mismo paripé que se repite desde hace 31 meses, digamos las cosas como son.

Pedro Sánchez no quiere volver a la forma de elección de los 12 vocales jueces de 1980, cuando la carrera judicial eligió a sus doce representantes mediante voto secreto y directo. Quiere que se siga haciendo como hasta ahora. Que los elija el Parlamento.

Por la política. 6 por el Congreso y 6 por el Senado.

Y le da lo mismo que las cuatro asociaciones nacionales de jueces –incluyendo Juezas y Jueces para la Democracia– lo apoyen.

Casado, por su parte, que se siente muy fuerte desde la victoria electoral de Isabel Díaz Ayuso en las últimas elecciones autonómicas a la Comuinidad de Madrid –a lo que se une el apoyo de la Comisión Europea–, exige que el PSOE se avenga a modificar la Ley Orgánica del Poder Judicial para posibilitar que los jueces elijan a sus doce representantes.

Y en esas estamos.

En un estado muy similar al que vivió Phil, el personaje de Bill Murray en la famosa película «Atrapado en el tiempo».

Que todos recordamos como la película de «El día de la marmota», la traducción de su título original en inglés: «The Groundhog day».

Phil, el hombre del tiempo de una televisión local, egocéntrico y sarcástico, se traslada a Punxsutawney, una localidad donde el 2 de febrero de cada año celebran el día de la marmota.

El día en el que una marmota hibernara al despertar señala el final del invierno o su prolongación por seis semanas.

Acompañado de una productora, encarnada por Andie McDowell, y un cámara, se ven obligados a pasar la noche en el pueblo por una fuerte ventisca. Al día siguiente, Phil descubre que sigue siendo 2 de febrero y que lo vivido el día anterior se repite.

Sólo él es consciente de este fenómeno. Y así durante 35 días.

A diferencia de la película, en nuestra realidad los políticos son los únicos que parecen no darse cuenta de que cada día que se despiertan están viviendo su día de la marmota.

Porque hacen las mismas, o similares declaraciones. Todavía no parecen haberse dado cuenta. Nosotros, espectadores ávidos, lo tenemos muy claro.

Es cierto que los personajes son distintos, después de la última remodelación ministerial. Ya no son Carmen Calvo o Juan Carlos Campo, ahora son Félix Bolaños, el nuevo ministro de Presidencia, o Pilar Llop, la nueva titular de Justicia.

Pero la letra y la música son la mismas.

No hay prisa para renovarlo, digámoslo claro.

Una vez desactivada la capacidad de nombramientos de cargos discrecionales del CGPJ, el órgano de gobierno de los jueces ha dejado de molestar.

Sigue funcionando, es cierto, pero sus vocales se asemejan más a Grace, el personaje al que dio vida Nicole Kidman en «Los otros», la película de Alejandro Amenábar.

Habitan un edificio y viven en un tiempo prestado que ya no les pertenece.

Convertidos en piezas de un tablero político que ha paralizado el estado de derecho, impidiendo no solo su renovación sino también la del Tribunal Constitucional, el Defensor del Pueblo y ahora el Tribunal de Cuentas.

Una situación con la que podrían acabar si quisieran. ¿Cómo? Presentando la dimisión en bloque, incluyendo el presidente en funciones Carlos Lesmes.

Pero eso no va a ocurrir.

Esta es la era del día de la marmota. Y, por ahora, no tiene fin.

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