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El EGO en la Abogacía no es malo, es esencial

León Fernando del Canto
El EGO en la Abogacía no es malo, es esencial
León Fernando del Canto es abogado español y barrister en Londres; dirige el bufete Delcanto Chambers.
28/8/2021 06:46
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Actualizado: 14/6/2022 14:11
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“Has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse. Del conocerte saldrá el no hincharte como la rana que quiso igualarse con el buey, que si esto haces, vendrá a ser feos pies de la rueda de tu locura la consideración de haber guardado puercos en tu tierra.” (De los consejos que dio don Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula Barataria, con otras cosas bien consideradas, El Quijote Capítulo XLII).

Don Alonso Quijano advierte que una rana no debería tratar de hincharse para parecerse a un buey, pues, como en la fábula de Esopo, puede reventar en el intento.

Para evitar el desastre es importante conocerse.

En realidad don Quijote le explica a Sancho los peligros de un EGO tóxico. Para el hidalgo, como para la mayoría de personas, el EGO a primera vista parece ser algo negativo.

Sin embargo, basta dedicarle unos minutos para darse cuenta de que el EGO tiene su lado tóxico, pero también un lado saludable.

Desde esta columna tratamos de mirar la Abogacía desde distintas perspectivas; y hoy la tomamos prestada del psicoanálisis.

EGO en griego y latín significaba YO. Sujeto, primera persona en singular.

Algo que todas y todos entendemos desde que nacemos, pero que paradójicamente nos lleva toda una vida comprender.

¿QUÉ ES EL EGO?

A nivel coloquial entendemos el EGO como algo no deseable.

Decimos que alguien tiene mucho EGO cuando denota “exceso de autoestima” (DRAE, acepción 2) o se da “auto importancia” (Diccionario de Cambridge, acepción 1).

De esta forma pensamos de forma genérica en el EGO cuando en realidad hablamos de sus patologías. Así decimos que si una persona es ególatra, egocéntrica o egoísta es que tiene EGO.

Convertimos así este término en algo no deseable.

Desde la psicología, sin embargo, el EGO es una parte fundamental de nuestros procesos intelectuales, de nuestra propia mente; de quienes somos.

“[El EGO] constituye en cierto modo el centro del campo de la consciencia y, en la medida en que este campo comprende la personalidad empírica, ese yo es el sujeto de todos los actos conscientes.” (Jung, Carl Gustav. Contribuciones al simbolismo del sí-mismo. Editorial Trotta, 2011).

Así pues, el EGO nos otorga el sentido de identidad que posibilita que podamos establecer una narrativa sobre quienes somos, ante nosotras y nosotros mismos, pero también socialmente.

El autor ve el EGO como algo positivo.


Pero el EGO es mucho más que identidad.

El EGO es la individualidad que nos diferencia de las y los demás pero también es la perspectiva desde la que miramos al mundo, y desde donde formamos nuestra escala de valores.

El EGO toma decisiones, organiza y clasifica nuestra realidad, pero también nos permite interaccionar con nuestro ser y con el mundo que nos rodea

El EGO se esfuerza por resolver conflictos entre las otras partes de la psique y también con el mundo exterior de las personas y las circunstancias que nos rodean.

El EGO se configura como un símbolo. Entendido como una colección de imágenes, pensamientos y arquetipos, modelos conceptuales que nos representan.

Se asocia con otros símbolos, como los de prestigio, éxito, poder y orgullo.

Por ejemplo, si valoramos la prosperidad, podríamos adquirir un coche caro no porque lo necesitemos sino porque representa la prosperidad.

El EGO busca la realización en los bienes simbólicos que adquiere, y busca la inmortalidad a través de los mismos.

El EGO busca constantemente una continuidad en su narrativa sobre la identidad para darnos una sensación de seguridad y estabilidad, aunque en realidad sabemos que es una sensación infundada, porque si hay algo constante en la vida es precisamente el cambio.

Aunque nuestra identidad, como dice Zygmunt Bauman, es líquida, el EGO trata de construir una sensación de estabilidad a través de nuestros recuerdos, nuestras imagenes, nuestros hábitos y los rituales que adoptamos para sostenerlos.

Y ese mismo EGO se convierte también en la voz de nuestra consciencia.

Está constantemente monitorizando nuestra realidad, analizando y determinando, valorando, cómo reaccionamos ante las circunstancias.

Reconociendo su existencia, y sin obsesionarnos con liquidarlo, podemos evitar que el EGO adopte formas tóxicas y trabajar para construir un EGO saludable.

Un EGO saludable no nace, se hace. Se construye mediante la reflexión, las relaciones enriquecedoras y el diálogo en buena compañía.

UN EGO SALUDABLE EN LA ABOGACÍA

Construir un EGO saludable equivale a tener una narrativa clara sobre quiénes somos. Nos permite estar en paz con nuestras vidas y reconciliarnos con nuestra identidad.

Sabemos cuando alguien tiene un ego saludable porque se siente incuestionablemente a gusto en su propia piel.

Pero sobre todo porque al rozar su piel con la de las otras personas no saltan chispas tóxicas.

Pero no pensemos que estos temas importan sólo al psicoanálisis.

Como diría mi estimada Paula Fernandez-Ochoa, conocer nuestra identidad es fundamental en la Abogacía para poder comunicar el trabajo que hacemos.

Así, a nivel profesional un EGO saludable nos permite entendernos como abogados y abogadas. Nos ayuda a explicar qué hacemos, porqué lo hacemos y a quién servimos.

En una profesión como la nuestra, el EGO es la perspectiva desde la que nos medimos en una disputa, la que nos permite confrontar a la otra parte; e igualmente la que nos permite llegar a un acuerdo.

Por ello el EGO letrado ha de esforzarse en ser saludable. Ello requiere grandes dosis de autenticidad, que sin duda ayudan a equilibrar problemas de autoestima o identidad, tan comunes en la abogacía,

Un EGO saludable en la Abogacía requiere ser trabajado, pero sobre todo exige autenticidad para llegar a creer y valorar nuestra independencia, nuestra libertad, nuestras relaciones, nuestros gustos y nuestra escala de valores.

Merece la pena intentarlo, y como siempre, quedo a vuestra disposición si os interesa profundizar en el tema.

«No es posible despertar a la conciencia sin dolor. La gente es capaz de hacer cualquier cosa, por absurda que parezca, para evitar enfrentarse con su propia alma. Nadie se ilumina fantaseando figuras de luz, sino haciendo consciente su oscuridad» (Carl Jung).

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