El Rey y la fiscal general del Estado celebraron una reunión «estilo Potomac»

3 / 09 / 2021 20:51

En esta noticia se habla de:

En Washington se suele decir que la superficie del Potomac, el río ante el que fue construida la capital de los Estados Unidos, son aguas tranquilas pero que su interior es muy peligroso porque lo surcan potentes remolinos y corrientes subterráneas.

Por ello, la reunión que mantuvieron don Felipe, Rey de España, y la fiscal general del Estado, Dolores Delgado, en el Palacio de La Zarzuela, para que esta le entregara la Memoria de la Fiscalía General del Estado, de 2020, de hace un año –un anacronismo que alguien, en algún momento tendría que rectificar legalmente donde corresponde–, fue «estilo Potomac».

Todo muy formal, muy tranquilo, en la superficie.

Muchas sonrisas, mucho quedar bien, mucho explicar, por parte de Delgado, cómo va ir su discurso del próximo lunes, en la solemne sesión de apertura de tribunales, la eficacia de la Fiscalía y cosas de esas.

También le entregó el libro conmemorativo «40 años del Estatuto Orgánico del Ministerio Fiscal. Al servicio de la sociedad», un texto legal que, irremediablemente, tendrá que ser reformado, junto con el Reglamento, una vez que el Anteproyecto de Ley de Enjuiciamiento Criminal sea aprobado por el Parlamento. Si alguna vez es aprobado.

Pero no hablaron de lo que realmente estaba en todos los medios de comunicación, publicado en exclusiva por El Mundo: el escrito que el pasado 24 de febrero le envió Juan Ignacio Campos, el teniente fiscal –y número 2 de la Fiscalía–, a las autoridades suizas requiriendo información sobre las cuentas que el Rey Emérito, don Juan Carlos, tiene en ese país.

Del mismo emergen cuatro posibles delitos: tráfico de influencias, blanqueo de capitales, contra la Hacienda pública y cohecho.

Maldita sea la gracia, debió pensar la fiscal general del Estado.

¿Por qué ha tenido que ser hoy y no ayer o antes de ayer o la semana que viene?

Hoy, precisamente.

Porque de la misiva de su número 2 se desprende que don Juan Carlos hacía «pluriempleo» como «comisionista internacional».

Al mismo tiempo que barría para España también barría –supuestamente– para «su buchaca».

Cobró –presuntamente–»comisiones y otras prestaciones de similar carácter en virtud de su intermediación en negocios empresariales internacionales» con el fin de amasar su fortuna.

Esas situaciones son siempre «un marrón», doy fe.

Las dos partes se comportan como en un teatro. Uno haciendo de Rey, sin hacer mención alguna sobre lo que todo el mundo está hablando, y la otra de fiscal general del Estado, pensando en que el tiempo avance lo más rápido posible y, después, a otra cosa.

Porque la información generada por el número 2 de la Fiscalía pone más difícil el regreso a España del Rey Emérito, es un hecho.

Las consecuencias son evidentes.

Por eso, el abogado del Rey Emérito, Javier Sánchez-Junco, salió con un comunicado, casi de inmediato de conocerse la información, afirmando que se había vulnerado la presunción de inocencia de su cliente por las «graves afirmaciones» que la Fiscalía del Tribunal Supremo hacía sobre don Juan Carlos.

En especial por los mencionados delitos.

Su cruda descripción –tráfico de influencias, blanqueo de capitales, contra la Hacienda pública y cohecho– ante el tribunal de la opinión pública refuerza el estado de opinión de que el Rey Emérito se sirvió de su posición para hacer negocios privados. 

Por eso, Sánchez-Junco, afirma que se ha conculcado «de manera evidente el principio de presunción de inocencia que ampara a todo ciudadano y se traslada a la opinión pública valoraciones y consideraciones que perjudican gravemente a S.M. el Rey D. Juan Carlos, que está sometido a una investigación por parte de la Fiscalía desde hace más de un año».

Y se queja de que «dicha solicitud de asistencia judicial no es pública».

En su opinión, dicho escrito no tenía que haber visto la luz jamás porque las actuaciones son reservadas. Y tiene razón. Pero estamos en 2021.

A estas alturas de la historia nadie puede esperar que lo que es noticia, y una noticia tan importante, no vea la luz.

Lo que extraña es, precisamente, que no la haya visto antes.

Lo de la reunión con el Rey don Felipe no ha sido un trago de buen gusto para la fiscal general del Estado, conociendo, como es, una mujer empática. Tampoco para S.M. el Rey.

Lo importante de ese encuentro es lo que no se han podido decir. Las miradas que se han cruzado, cargadas de significado y los microgestos que se han intercambiado lo han dicho todo por ellos.

Fue una reunión muy tranquila. Como las aguas de la superficie del Potomac. Como mandaban los cánones.

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