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Cartas desde Escocia: Lo que se nos olvida del viaje del Rey Emérito a España

Cartas desde Escocia: Lo que se nos olvida del viaje del Rey Emérito a España
Mario Conde reflexiona sobre la figura del Rey Emérito, don Juan Carlos de Borbón, y las circunstancias que le impiden regresar a España, una "injusticia", opina.
19/4/2023 06:48
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Actualizado: 19/4/2023 00:13
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Hay un razonamiento puramente formal que, en ese plano, es incontrovertible: Don Juan Carlos no tiene causa alguna pendiente ni razón jurídica para residir fuera de España y, en consecuencia, no existe obstáculo alguno para venir cuando y a lo que quiera.

No recibe asignación del Estado. No maneja fondos públicos. No es sujeto tributario del Estado español.

Todo eso, como digo, lleva a una conclusión en el plano formal que convierte su decisión de venir, de regresar a España, sea a lo que fuere, a navegar o pasear por las tierras gallegas, manchegas o de cualquier otra parte de nuestra geografía, en incontrovertible.

Pero no todo en la vida se rige por razonamiento formales. Para nadie pero, posiblemente, para la Monarquía, menos.

D. Juan Carlos es un Rey y, sobre todo, ha sido un Rey de una capital importancia en la historia de España.

Y, como tal, es percibido por muchos españoles.

Incluso por una buena parte de aquellos que no entienden la forma monárquica de Estado, que la consideran un producto de otros tiempos regido por principios carentes de racionalidad, que atiende a sangre y no a capacidades individuales.

Incluso muchos de los que así piensan estoy seguro de que en una medida nada despreciable tienen un profundo respeto por Don Juan Carlos, precisamente por esa labor ejecutada.

Carlos IV y su relaciones con Godoy, Isabel II y sus inagotables asuntos amorosos y de otro tipo, Don Alfonso XIII al abandonar algo precipitadamente España, no ayudaron, desde luego, a la mejor comprensión y valoración de la institución monárquica.

Mi querido Don Juan de Borbón supo, como síntesis de su vida, transmitir la idea de ”Majestad” aunque no fuera Rey de derecho.

Seguro que en el corazón de Don Juan Carlos resuenan con fuerza aquellas inolvidables palabras: ”Majestad, por España, todo por España”.

Pero si somos sinceros, que debemos serlo porque de otro modo no merece la pena escribir, admitiremos que las reticencias –cuando menos— sobre la restauración franquista de la Monarquía borbónica, eran poderosas.

Sin embargo, en 1993 la Monarquía, gracias a Don Juan Carlos, gozaba de un aprecio sin precedentes en España.

Solo por esta conclusión merecería un enorme respeto su figura.

DON JUAN CARLOS DE BORBÓN

A don Juan Carlos, dice Mario Conde, le han hecho sufrir lo indecible. «Verse insultado de una manera canalla, tan típica del oscuro resentimiento hispano, sometido al escarnio público, tiene que afectar muy seriamente a su equilibro emocional, como sucedería con cualquier persona», afirma.

LA SITUACIÓN POR LA QUE PASA DON JUAN CARLOS ES UNA INJUSTICIA

Pero siguiendo con la sinceridad necesaria, ese aprecio ha decaído hasta extremos insospechados. Ciertamente los monárquicos y las personas de sentido común sin daños en su alma aceptan la idea de la injusticia de la situación por la que tiene que atravesar el Rey de España, Don Juan Carlos I.

Pero esa aceptación global de su figura, situando los problemas amorosos y de otro orden en su lugar, sin convertirlos en causa eficiente del rechazo, deben, reclaman una contrapartida del propio Rey.

Cierto es que no tiene causas pendientes, ni sometimiento alguno a la Justicia, ni restricciones a su libertad ambulatoria.

Cierto. Pero, igualmente cierto, es que no puede decir ”aquí no ha pasado nada”.

Porque claro que ha pasado algo, y mucho, y ese algo se sitúa dentro de su actuación pasada, pero también dentro de su actuación presente y futura.

Ese ”algo” no pesa en lo legal, pero sí en lo social y en lo monárquico.

La gente no espera que Don Juan Carlos se encuentre en una actitud constante de penitencia, pero sí que pide que respete su propia figura histórica de Rey de España y con ella la propia institución monárquica, muy, pero que muy afectada, en la mente popular, por muchos esfuerzos que, honestamente, está haciendo su actual titular.

Y, por otro lado, siendo la monarquía una institución ”de familia”, las discordias, públicas o soterradas, pero percibidas como tales entre un padre y un hijo dañan de modo cierto la base en la que la institución se sustenta.

¿Este viaje afecta negativamente a Don Juan Carlos?

Creo honestamente que algo sí, pero en todo caso cualquier viaje a España del Rey Don Juan Carlos, por todo lo que acabo de describir, debe estar acordado con el Rey Don Felipe por respeto, no al Rey actual, si se quiere, pero sí a la institución monárquica, y el mero hecho de que se transmita la sensación de que no ha existido coordinación y de que eso ha generado una molestia o incomodidad en el Rey que, con razón considera que los viajes de Don Juan Carlos deben considerar siempre el factor ”oportunidad” y con unas elecciones en vista de pájaro regresar a España para dar la lúdica sensación de unas regatas a vela que transmiten el ”aquí no ha pasado nada”, no es, sin duda, lo mas oportuno.

Esa sensación, como digo, transmitida soto voce al pueblo español no es lo mas recomendable para una dañada institución monárquica.

Yo le entiendo y le respeto.

A Don Juan Carlos, me refiero, porque le han hecho sufrir lo indecible. Una persona acostumbrada, no sólo a ser Rey sino, además, y esto es lo importante, a ser un Rey respetado por la inmensa mayoría de los españoles, y también fuera de nuestras fronteras, verse insultado de una manera canalla, tan típica del oscuro resentimiento hispano, sometido al escarnio público, tiene que afectar muy seriamente a su equilibro emocional, como sucedería con cualquier persona.

Pero una de las obligaciones del Rey es sobreponerse a las circunstancias.

DEBERÍA PODER VIVIR EN ESPAÑA

Me gustaría que Don Juan Carlos pudiera legítimamente vivir en España. Eso, desgraciadamente, es una aspiración que no veo muy fácil de lograr Se me abren las carnes al pensar que pueda morir en tierra árabes ajenas.

Debería de poder venir a su país y disfrutar de los años que le queden en su deporte favorito, o en lo que estime como más oportuno dentro de los razonables límites que todos entendemos.

Pero es Rey y aquí ha pasado algo y por ello tiene necesariamente que coordinarse con el Rey Felipe, porque en este momento es quien representa a España, y la imagen de desconcierto, y peor aún, de desencuentro, con su hijo el Rey es mala para la institución monárquica, muy afectada en la actualidad.

¿Puede el Rey Felipe negarse a un viaje a España de su padre?

Por autoridad, no. Pero, por racionalidad y defensa de la institución monárquica, tiene el derecho y el deber de expresar a su padre, el Rey Don Juan Carlos I, su posición.

No es cierto, ni muchísimo menos, eso de lo que algunos acusan a Don Juan Carlos consistente en que le trae al fresco la institución monárquica.

Es rotunda total y absolutamente falso.

Es una persona humana de edad avanzada y muy dañada emocionalmente.

Rey, sin duda. De enorme importancia, por supuesto. Pero también persona humana necesitada un poco de cariño que alivie sufrimientos.

Es difícil saber combinar todo ello. Incluso para un hombre de la talla humana, política e histórica de Don Juan Carlos

Desde Escocia, con el cariño de siempre y el respeto nunca perdido, me permito recordar: «Majestad, por España. Todo por España».

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