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Vicente Gimeno Sendra: Un año sin nuestro maestro

Nicolás Marchal Escalona
Vicente Gimeno Sendra: Un año sin nuestro maestro
Vicente Gimeno Sendra en una foto tomada en 2018, durante la presentación de la obra "La prueba del ADN en el proceso penal", tesis doctoral de José María Garzón, que codirigió junto con Nicolás Marchal Escalona, el autor de esta columna. Gimeno Sendra murió tal que un día como hoy hace un año. Foto: Carlos Berbell/Confilegal.
22/11/2021 09:15
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Actualizado: 22/11/2021 09:15
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Defensa de una tesis doctoral. Componentes del Tribunal y el que suscribe nos confesamos con orgullo discípulos de Vicente Gimeno Sendra. Todos, sin decirlo, reconocemos que fue él quien nos tendió su mano desde su altura, su enorme altura y, gracias a él, hoy muchos estamos en el lugar que nos encontramos.

Puede que haya otros lugares, incluso mejores, pero sólo nosotros compartimos la grandeza y ese saber hacer de nuestro maestro.

Solo nosotros sentimos el gozo de haber heredado un pedazo de su enorme legado.

Tras la defensa de la tesis, una integrante del tribunal se dirige al ya doctor, mi hijo, y le comenta: “ya eres nieto de Gimeno Sendra”.

La vida nos da un padre al nacer, del que bebemos un modelo y andamos los primeros –y casi todos-, los años de nuestra vida. No obstante, algunos afortunados tienen la suerte de encontrar otros “padres” en el camino.

Personas grandes que entienden que el compartir y ayudar al “más pequeño”, no es sólo un deber moral, es un estilo de vida.

Gente que da a manos llenas lo que tanto esfuerzo les costó; quizás por eso, porque entienden que es posible que no todos tengan sus armas, que no todos sean capaces de andar el camino que ellos anduvieron y que, desde su altura, saben del valor de una mano tendida.

Vicente Gimeno era así: grande, muy grande.

La sonrisa con la que recibía al que llamaba a su puerta, la cuidada atención que le dispensaba, la afabilidad en el trato, la empatía ante el solicitante, el sí como norma y el “lo intento” en los casos más complejos.

Siempre estuvo ahí, escuchando, con esa mano siempre tendida.

Hoy hace un año que nos dejó. Cuando se fue jamás pensamos que el vacío que dejó llegara a ser tan grande, que nos doliera tanto, que aún hoy, pasado el tiempo, le recordemos y nos sigamos emocionando.

Aunque los que le seguíamos lo haremos toda nuestra vida, ha dejado un hueco irreemplazable en nuestras vidas y en nuestros corazones, porque –y me tomo la libertad de hablar en nombre de todos sus discípulos-, se nos marchó algo más que un mentor, se nos fue un padre.

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