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La mitología griega desde un enfoque criminológico

Javier Nistal Burón
La mitología griega desde un enfoque criminológico
Sobre estas líneas, "Zeus de Esmirna", desenterrado en el año 1680 (Museo del Louvre, París) sobre el que versa, en parte, esta columna de Javier Nistal. .
22/3/2022 06:48
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Actualizado: 21/3/2022 19:08
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A través de la Mitología los antiguos Helenos explicaban la naturaleza del mundo y el origen de las cosas: de la vida, de la justicia, de la verdad etc., así como el significado de las instituciones políticas y religiosas, en definitiva de su propia civilización. No cabe duda, que la mitología griega ha tenido una presencia muy importante en el mundo contemporáneo, porque los griegos han sido el faro de referencia del pensamiento de nuestra civilización en todos los ámbitos, también en el relativo al crimen y sus consecuencias, que estudia la ciencia de la Criminología; palabra derivada del latín “criminis” y del griego “logos”, que significa etimológicamente “el tratado o estudio del crimen”.

Este término, expresado por primera vez por el antropólogo francés Pablo Topinnard en el año 1.883, tiene múltiples definiciones, entre las que podemos destacar la que conceptúa esta ciencia multidisciplinar como el estudio del delito, sus causas, los medios para combatirlo, el modo de actuar de las personas que lo cometen y sus consecuencias para la víctima.

DELITO, DELINCUENTE Y VÍCTIMA EN EL OLIMPO DE LOS DIOSES

Según las creencias del pueblo griego de la antigüedad clásica, sus dioses moraban en el monte Olimpo, la montaña más alta de Grecia, donde se entremezclaban, con relativa frecuencia, con los humanos y compartían los defectos y las virtudes de éstos -más los defectos que las virtudes-.

De ahí, que no nos deba de extrañar que estas divinidades, a pesar de su condición de tales, actuaran como humanos y cometieran los mismos crímenes, que cometían aquellos en el mundo terrenal, incluso en mayor número y gravedad, pues la condición divina les facilitaba esa comisión y, así, bajo ese paraguas de divinidad, los dioses del Olimpo cometían todo tipo de actos delictivos: robos, violaciones, incestos, asesinatos, raptos, secuestros y, así hasta un largo etcétera.

Zeus es el dios más poderoso del Olimpo en cuyo “curriculum delincuencial” figuran todo tipo de crímenes: raptos, violaciones, delitos de incesto, muertes, conspiraciones y rebeliones

Y es que, en algunos casos, esta actividad delictiva se consideraba parte del status que proporcionaba la condición divina, pues tanto las relaciones entre las propias deidades de uno y otro género entre sí, como las que mantenían los dioses con los simples mortales solían incluir el incesto, la seducción y/o la violación de la mujer que deseaban poseer, como algo natural y cotidiano, para ello adoptaban las formas que buenamente quisiesen, tanto de animales (caballo, toro, ave, carnero, delfín etc.) como de objeto, para seducir a sus múltiples e indefensas víctimas femeninas -para los dioses del Olimpo todo era posible-.

El “ranking” delictivo de los dioses de la mitología griega lo ocupa, precisamente, el padre de todos ellos, el inefable Zeus.

Es el dios más poderoso del Olimpo en cuyo “curriculum delincuencial” figuran todo tipo de crímenes: raptos, violaciones, delitos de incesto, muertes, conspiraciones y rebeliones.

Fue un dios que se caracterizó por ser protagonista de múltiples aventuras y devaneos amorosos, tanto con diosas, como con mujeres mortales e incluso también con hombres.

ZEUS, LIBERTINO, ADÚLTERO, LUJURIOSO

Sin duda, fue un auténtico libertino y un adúltero irredento y lujurioso (tuvo siete esposas, entre ellas sus hermanas Démeter y Hera, y diversas amantes); no dio, precisamente, buen ejemplo de decencia y honestidad a las demás deidades, con sus comportamientos, antes al contrario, fue uno de los más facinerosos y crueles de la mitología, que violó, raptó, torturó y asesinó sin límite, ni piedad alguna.

El dios Zeus aprovechó, con frecuencia, su capacidad para transformarse en cualquier cosa con el objetivo de seducir a sus “víctimas femeninas indefensas”; lo hace con la mortal Europa hija de los reyes de Sidón y Tiro; enamorado de la muchacha, se presentó ante ella transformado en un hermoso toro blanco.

Mientras Europa jugaba en la playa, Zeus rapta a la joven y la convierte en su esposa. Se transforma en cisne para seducir a Leda; con igual finalidad rapta al joven Ganimedes, disfrazado de águila. Hasta en lluvia dorada se transformó el dios Zeus para seducir a Dánae, hija de Acrisio y Eurídice, soberanos de Argos.

El dios Zeus aprovechó, con frecuencia, su capacidad para transformarse en cualquier cosa con el objetivo de seducir a sus “víctimas femeninas indefensas”

La muchacha había sido encerrada por su padre para evitar que tuviese descendencia, pues un oráculo le había vaticinado que moriría a manos de su nieto; el dios Zeus se introdujo en los aposentos de la joven, en forma de lluvia dorada, y juntos engendraron a Perseo, uno de los heroicos semidioses de la mitología griega, que junto a Heracles y Teseo llevaron a cabo numerosas tareas sobrenaturales.

El dios Zeus, además de sus múltiples delitos, también fue un dios cruel, sino que se lo digan al Titán Prometeo, cuando éste con la complicidad de Atenea, entró en el Olimpo y robó el fuego a los dioses para entregárselo a la Humanidad; Zeus como castigo le encadenó en las montañas del Cáucaso, donde todos los días un águila le devoraba el hígado, que por la noche le volvía a crecer, de tal forma que el castigo no tenía fin.

LOS HERMANOS DE ZEUS

Los hermanos de Zeus, en el elenco de la mitología, tampoco se quedaron atrás en su carrera delictiva, pues Poseidón, dios de los mares, al igual que su hermano fue otro libertino, que sedujo y forzó a numerosas diosas, ninfas y mujeres mortales; con ellas tuvo incontables descendientes, entre los que destaca el infame cíclope Polifemo.

El otro hermano de Zeus, el dios Hades-dios de los infiernos- también hizo de las suyas con las mujeres, empezando por la que sería su esposa a la fuerza –Perséfone– a la que sedujo con artimañas.

También los múltiples hijos que el promiscuo dios Zeus engendró, siguieron los pasos de su padre en la carrera delictiva.

Algunos de ellos destacaron como contumaces delincuentes, tal es el caso del dios Apolo, que poseía múltiples atributos, como ser el dios de la belleza, de la perfección, de la armonía, del equilibrio y de la razón, hasta tal punto que, posiblemente, después de Zeus fuera el dios más influyente y venerado de todos los de la antigüedad clásica.

Protector de la música y la poesía, del canto y de la danza; a pesar de sus muchos valores y virtudes, también cometió horrendos delitos, mató a los siete hijos de Níobe, esposa de Anfión, rey de Tebas, solamente porque Niobe presumía de ser más fértil que Leto, la madre de Apolo.

También mató a Coronea, que era su amada, porque compartía lecho con un apuesto joven de Tesalia. El dios Apolo fue de los pocos dioses que recibió el correspondiente castigo por sus actos delictivos, con el destierro durante nueve años del Olimpo.

En este tiempo trabajó como pastor para el rey Admeto de Feras en Tesalia y, también, estuvo sirviendo al rey Laomedonte en la construcción de las enormes murallas alrededor de la ciudad de Troya.

Artemisa era una diosa muy vengativa, mató a Acteón, tras transformarle en un ciervo y hacer que sus propios perros lo hicieron pedazos y devoraran sus carnes y, ello, porque éste la vio desnuda mientras se bañaba en los bosques cercanos

Pero la actividad delictiva de los dioses del Olimpo no estuvo sólo en manos del género masculino, también las diosas cometieron actos criminales -no iban a ser menos- así ocurrió con Artemisa, la hermana melliza de Apolo y diosa cazadora.

Artemisa era una diosa muy vengativa, mató a Acteón, tras transformarle en un ciervo y hacer que sus propios perros lo hicieron pedazos y devoraran sus carnes y, ello, porque éste la vio desnuda mientras se bañaba en los bosques cercanos a la ciudad beocia de Orcómeno -se ve que esta diosa era muy celosa de su intimidad-.

La diosa Artemisa mató también a Quione, porque ésta, envanecida por su hermosura, tuvo la osadía de despreciarla.

Otra de las víctimas importantes de Artemisa fue la ninfa Calisto, a la que mató por orden de Hera (esposa de Zeus), quien quería castigarla por haberse dejado seducir por Zeus, como si la culpable fuese la seducida y no el seductor.

Otra diosa, dentro de la mitología, que tampoco se quedó corta en su actividad delictiva fue Atenea la diosa de la guerra, la civilización, la sabiduría, la estrategia, de las artes, de la justicia y de la habilidad; la hija favorita de Zeus.

La diosa Atenea era tremendamente vanidosa, no soportaba que nadie le hiciera sombra. Como diosa de las artes y los oficios se la vinculaba al arte del hilado y el bordado; en una ocasión, una joven mortal originaria de Lidia, llamada Arácnea, tuvo la osadía de desafiar a la diosa hilandera, y llegó a proponer un torneo con ella.

La diosa herida en su amor propio por las pretensiones de Arácnea destrozó su maravillosa labor y transformó a su rival en una vulgar araña.

La diosa Atenea también, injustamente, convirtió a la joven y hermosa Medusa en un monstruo con los cabellos de serpientes y con una mirada aterradora, que era capaz de convertir en piedra a cualquiera que se cruzara en su camino y, todo, porque la joven tuvo la desgracia de ser violada en su templo por el dios Poseidón, lo que Atenea consideró una profanación, como si la joven Medusa hubiera sido la culpable y no la víctima.

ASPECTOS CRIMINOLOGICOS DE LOS MITOS GRIEGOS

Sobre este breve repaso que hemos hecho de la carrera delictiva de algunas de las deidades más importantes de la mitología griega, podemos extraer algunas consideraciones criminológicas, sin duda, interesantes y, posiblemente, trasladables algunas de ellas a los tiempos actuales:

La primera, que como hemos podido comprobar, cometen delitos todas las deidades, tanto los dioses, como las diosas y, mientras más importante es la deidad más intensa es la carrera delictiva de ésta, dando a entender que es porque tiene más posibilidades y facilidades para actuar ilegalmente.

La segunda, que la tipología delictiva es diferente entre las deidades del Olimpo, pues la lascivia de los dioses les lleva a cometer innumerables delitos relacionados con el sexo; por su parte, la actividad delictiva de las diosas, suele estar motivada, más bien, por los celos, la vanidad y las envidias, siendo curioso observar que éstas son más coléricas, vengativas y crueles, que sus compañeros del género masculino en sus reacciones contra sus víctimas, cuando se sienten ofendidas por éstas, especialmente, contra las mujeres mortales, a las que consideran culpables, cuando en realidad son víctimas (el caso de Medusa).

Ambos géneros de deidades de la mitología comparten la actividad delictiva  de la traición, la rebelión y la conspiración en su pugna por el poder.

La tercera, que los delitos que cometen las deidades griegas, raramente, conllevan castigo alguno, no existe un rechazo social ante ellas.

Salvo honrosas excepciones, los crímenes de los dioses suelen quedar impunes, particularmente, si ese dios disfruta de una posición superior en la escala jerárquica de las divinidades del Olimpo.

No así, si los delitos los cometen los humanos o alguna deidad inferior, dado que el autor de esos delitos sí que recibe severos castigos, algunos de por vida (el caso de Prometeo).

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