Firmas

El buen juez: jerarquía, conocimiento, asertividad, orden y cordialidad en unidad de acto

Óscar Fernández León
El buen juez: jerarquía, conocimiento, asertividad, orden y cordialidad en unidad de acto
Óscar Fernández León, abogado y socio director de León Olarte Abogados, describe, en su columna, las cualidades que debe tener un juez en sala.
27/6/2022 06:48
|
Actualizado: 26/6/2022 21:57
|

Me gusta asistir a la celebración de audiencias previas y juicios, especialmente cuando estoy esperando mi turno para entrar en sala. Si bien esta práctica se ha visto muy limitada en los últimos años con las conocidas medidas de sanidad, lo cierto es que esta costumbre te ayuda a mejorar observando cómo actúan otros colegas, y, de paso, te permite conocer mejor al juez que dirige el acto (entiéndase juez o jueza), ante el que intervendrás a continuación, o quizás en un futuro.

En dichas asistencias, así como en mis propias intervenciones, me gusta registrar aquellas cualidades, materializadas en conductas del juez durante el acto, que resultan positivas o negativas para el desarrollo del mismo, lo que sin duda ayudará a mis compañeros de despacho a disponer más información del que podrá ser su auditorio en el futuro.

Ojo, esta práctica no debe juzgarse como algo negativo, sino como afirma Carofiglio, «conocer el temperamento, la disposición y las aptitudes del juez a fin de configurar los términos de un discurso persuasivo, es una contribución dialéctica a la adopción de decisiones acertadas, y no un arma impropiamente utilizada para ganar el juicio a toda costa».

Pues bien, la existencia de estas notas me ha animado a llevar a cabo esta colaboración, en la que pretendo destacar lo que a un abogado le agrada de un juez, y este “agradar” se encuentra ineludiblemente asociado a fluidez en el desarrollo del acto judicial.

Sintetizando, a continuación expongo aquellas conductas, comportamientos, acciones, etc. que despliega un juez en sala y que me hacen vivir el acto procesal con cierta comodidad, calma y confianza (y digo “cierta” porque a ninguna de las tres se puede alcanzar en un juicio):

1ª.- Disponer de un conocimiento pormenorizado del asunto y sus cuestiones más complejas, lo que evidencia un concienzudo estudio previo del mismo.

2º.-  La dirección del acto la lleva a la perfección, agotando todos y cada uno de los trámites procesales establecidos, demostrando nuevamente un exquisito conocimiento del desarrollo procesal del acto. 

3º.- Mantener una actitud de atención plena y escucha activa durante la intervención de los letrados, desplegando un lenguaje (especialmente el no verbal) coherente con aquella. Es muy importante que no se realicen por el juez muestras de desaprobación ni desagrado.

4º.-  Saber decidir el momento oportuno para agilizar el desarrollo de las vistas, llamando la atención del abogado o de la parte que en sus intervenciones se separaron notoriamente de las cuestiones debatidas.

5º.-  Durante la comunicación con los letrados actuar con asertividad, de modo que bien la inadmisión de prueba como la desestimación de un recurso, se hace no solo con la debida fundamentación, sino de una forma clara y precisa.

6º.-  Toda comunicación con los letrados, partes, testigos y peritos se realiza con cordialidad, incluso en situaciones difíciles. Igualmente, un toque simpático en el momento preciso relaja la tensión, y se agradece.

En definitiva, jerarquía, conocimiento, asertividad, orden y cordialidad en unidad de acto.

Creo que muchos compañeros coincidirán conmigo en que estás son cualidades ideales para un juez.

Ahora bien, no hemos de olvidar que a la hora de evaluar este tipo de situaciones nada es blanco o negro, pues aquí intervienen cuestiones muy variadas como la hora de celebración del juicio, o lo que es lo mismo, la carga de trabajo que lleve el juez a sus espaldas durante la jornada, la complejidad del asunto, el grado de colaboración de los propios letrados en el acto, los condicionantes personales del propio juez, etc., circunstancias que pueden alterar el proceder de cualquier juez, que no olvidemos es un ser humano.

Ciertamente,  hablar de un juez ideal puede ser utópico, pues cada uno tiene su  personalidad, carácter y estilo de hacer las cosas, y habrá unas facetas en las que uno destaque y otras en las que no, lo cual es absolutamente normal.

Pero lo que es igualmente cierto es que los jueces que están revestidos de estas cualidades te ayudan a mejorar como abogado, pues como refleja la máxima forense “Buenos jueces contribuyen a hacer buenos abogados”.

En esta noticia se habla de:

Otras Columnas por Óscar Fernández León:
Últimas Firmas