Las publicaciones en redes sociales, pistas para ubicar y detener a delincuentes y sospechosos
Andrew Tate, exboxeador y 'streamer' británico, fue detenido en Rumanía después de publicar un vídeo en el que aparecía con cajas de una marca rumana de pizza.

Las publicaciones en redes sociales, pistas para ubicar y detener a delincuentes y sospechosos

En los últimos días del año más cataclísmico para Twitter, la red social sigue generando momentos surreales, como la detención en Rumanía de la personalidad mediática Andrew Tate luego de una breve gresca, a primera vista inconexa, con Greta Thunberg, activista medioambiental de Suecia.

Pero la última palabra de la joven sueca ha apuntado a una herramienta de investigación que en la actualidad utilizan las fuerzas del orden en todo el mundo: los perfiles de redes sociales de los sospechosos, en los que se identifican y hasta se autoincriminan, una consecuencia sumamente útil para las autoridades.

El caso de Andrew Tate

La detención del exboxeador y ‘streamer’ británico responde a una investigación sobre la presunta comisión de delitos de constitución de un grupo delictivo organizado, trata de personas y violación por su parte y la de su hermano, Tristan.

Los hermanos, junto a otros dos ciudadanos rumanos, habían sido acusados por la Fiscalía rumana de reclutar a mujeres de Estados Unidos y Reino Unido y transportarlas a Rumanía para forzarlas a participar en la creación de material pornográfico para distribuirlo, como ha informado la cadena Romania TV.

Como consecuencia, la Dirección de Investigación de la Delincuencia Organizada y el Terrorismo (DIICOT) del país había emitido una orden de arresto en 24 horas contra ellos. Sin embargo, esta no se llevó a cabo hasta que Tate publicó una respuesta en Twitter en Thunberg.

El intercambio comenzó con un mensaje público en el que Tate se jactaba de su colección de coches, haciendo referencia a las emisiones de su colección de 33 coches y ofreciendo enviarle a la lista a su correo electrónico a Thunberg, que respondió: «Sí, por favor ilumíname. Envíame un correo a energíadepenepequeño@comprateunavida.com».

En el siguiente mensaje de Tate, el exboxeador aparece con una caja de pizza de una franquicia rumana mientras se burla de las acciones contra el cambio climático de Thunberg. Horas después sería arrestado.

Según el diario rumano Gandul, el asalto a la vivienda de los hermanos en la localidad de Voluntari, en el extrarradio de Bucarest, después de poder comprobar que se encontraba en el país. Los fiscales antimafia habían pasado nueve meses recopilando evidencia sobre las acusaciones

Aunque una portavoz de DIICOT negó en una entrevista con el New York Times que la marca de pizza del vídeo de Tate fuera una clave para que las autoridades supieran que se encontraba en Rumanía, Thunberg insinuó (antes de las susodichas declaraciones), como varios comentadores antes que ella, que este desliz se trataba de un error por parte del británico en otro ‘tweet’ que rezaba «Esto es lo que pasa cuando no reciclas las cajas de pizza».

Publicar los delitos para los seguidores

La detención de los hermanos Tate ha sido uno de los ejemplos de más alto perfil de investigación de fuentes abiertas (OSINT), una disciplina que usan policías, periodistas e investigadores para recabar información a través de material ampliamente disponible, particularmente a través de internet.

Si bien el último caso responde a una investigación que ya estaba abierta, cabe destacar que en los últimos años se han conocido cada vez más casos en los que los ciudadanos publican contenido en redes que puede ser utilizado como evidencia de la comisión de un delito.

Una de las instancias más frecuentes en España son los vídeos en los que se puede observar que los usuarios exceden los límites de velocidad en las carreteras, incurriendo en delitos contra la seguridad de tráfico.

Es el caso de un detenido en Madrid que duplicaba la velocidad máxima en coches de alta gama o el de un joven que batió el récord de exceso de velocidad en Cataluña, llegando a 246 kilómetros por hora, ambos descubiertos gracias a los vídeos en sus respectivos perfiles de misma red social china TikTok.

El detenido se grabó mientras conducía deportivos a elevadas velocidades en Madrid.

En algunas situaciones, la misma publicación puede considerarse como un delito, como lo es en los casos de discurso de odio u ofrecer servicios ilegales, como la venta de drogas o la difusión de material pornográfico sin el consentimiento de alguno de las personas que aparece en él.

Las redes sociales tienen canales de mensajería instantánea que se aprovechan para ofrecer estos servicios de forma relativamente privada, pero algunos usuarios menos precavidos han sido detenidos por publicar este tipo de contenido de forma completamente abierta, lo cual ha llevado a unas pocas detenciones.

Un caso más sutil fue el de una pareja que fue detenida el año pasado por tráfico de cocaína, heroína y marihuana luego de aparecer en un vídeo «haciendo ostentación de una cantidad de dinero importante», como comunicó la Guardia Civil de Utrera (Sevilla).

En el material audiovisual, «mientras sonaba la música, podía verse bailar a una joven que iba dejando caer gran cantidad de dinero en billetes de distinto valor, al tiempo que su pareja bailaba en segundo plano». Después de investigar, los agentes llegaron a la conclusión de que ese “súbito” enriquecimiento “no podía tener un origen legal”, por lo que procedieron a registrar sus domicilios.

Fuera de España se pueden encontrar algunos casos más dramáticos, como el de la estadounidense Misty VanHorn, de 22 años, que fue detenida en Oklahoma por intentar vender a sus dos hijos, de 2 años y de 10 meses, a través de su perfil de Facebook.

VanHorn había estado enviando mensajes privados a sus conocidos ofreciéndoles a sus hijos por miles de dólares para intentar pagar pagar la fianza de su novio, que se encontraba en prisión.

Fue acusada de tráfico de niños y arrestada, pero un detective que trabajó en el caso le dijo a la cadena News on 6 que podía clamar que habían hackeado su cuenta.

Los límites de la evidencia

En España, si bien las publicaciones online pueden ser utilizadas como evidencia en un caso penal, existen varias limitaciones para que sea efectivo. En la gran mayoría de los casos, los usuarios que difunden esta información tienen la absoluta libertad de borrarla.

Los pantallazos (imágenes que resultan de tomar una «foto» de la pantalla) tienen una utilidad mínima, ya que se pierde información que podría resultar del análisis forense del material, como sus metadatos, que incluyen la fecha y la hora en la que se publicaron.

Un material de esta naturaleza puede resultar en la impugnación de la prueba. Lo mismo ocurre con las fotos que se toman de las pantallas o las transcripciones manuales de los mensajes o diálogos.

Esto se debe a que la manipulación y descontextualización de material audiovisual, cada vez más común, ha minado la credibilidad de este tipo de evidencia cuando se presenta de por sí sola

Un avance que dificultará estos medios es el desarrollo de la tecnología ‘deepfake’, con la que se puede simular el rostro de cualquier persona en vídeos.

Todavía existen señales visuales, como la falta de expresividad, y de huella digital que permiten apreciar el uso de esta herramienta, pero se espera que se vayan corrigiendo, dificultando el trabajo de investigadores.

Conflictos internacionales

Pero cuando se cumplen las condiciones de fiabilidad del material y las fuentes, las autoridades y medios internacionales pueden echar mano de la OSINT para cumplir con funciones como contrastar informaciones oficiales y desvelar crímenes de guerra.

De acuerdo a Human Rights Watch, al menos diez casos de crímenes de guerra en Irak y Siria se han cerrado con condenas en Alemania, Finlandia, Países Bajos y Suecia usando publicaciones en redes sociales como evidencia.

La guerra en Ucrania ha sido inmensamente fértil en este aspecto, ayudando a los investigadores a estar más enterados que nunca sobre la realidad de los ejércitos ucraniano y ruso, muchas veces por sus mismas publicaciones.

Y medios como Bellingcat han aprovechado para llevar a cabo investigaciones como la que les permitió encontrar a un grupo involucrado en la programación de los misiles de crucero utilizados por las fuerzas rusas.

Como explican en un artículo, una de las pistas que tuvieron fue una foto del equipo que sirvió para conseguir su ubicación a partir de los principios de geolocalización, una disciplina cada vez más popular en el análisis de fotos.

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