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Opinión | «El instante más oscuro», donde Churchill da toda una lección de liderazgo y del poder de la oratoria

Opinión | «El instante más oscuro», donde Churchill da toda una lección de liderazgo y del poder de la oratoria
Cartel de la película "El instante más oscuro", donde el entonces ministro Winston Churchill, en esta ocasión interpretado por Gay Oldman, debe decidir si claudicar y negociar la paz o seguir con la guerra contra Hitler.
09/6/2024 06:35
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Actualizado: 12/6/2024 16:15
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«El instante más oscuro» analiza la resistencia, el poder de la oratoria y el impacto de un líder resiliente durante uno de los momentos más críticos de la historia moderna británica a través de la mirada de Winston Churchill, interpretado magistralmente por Gary Oldman.

La película nos invita a reflexionar sobre cómo la determinación y la fortaleza de un líder pueden jugar un papel crucial en la conformación de los eventos mundiales y en fortalecer la resistencia de una nación frente a amenazas descomunales.

El liderazgo de Churchill no solo mantuvo a la nación en pie, sino que también modeló el panorama político global.

La película, dirigida por Joe Wright, comienza el 9 de mayo de 1940, con la ocupación de Holanda y Bélgica por las tropas nazis de Adolf Hitler, y una Europa sumida en la desesperación y el caos ante la rápida caída de las naciones aliadas y con el ejército británico atrapado en Francia, Churchill asume el cargo de primer ministro.

Se enfrenta no solo a la amenaza exterior, sino también a la resistencia interna de su propio partido, el dimitido Neville Chamberlain y Lord Halifax, así como a las dudas de un escéptico rey Jorge VI, interpretado por Ben Mendelsohn, quien, en un principio, recela de Churchill, argumentando que «su historial es una letanía de catástrofes. Galípoli, 25.000 muertos. La política con la India, la Guerra Civil Rusa, el patrón oro…, la abdicación y ahora esta aventura en Noruega.[….] Winston carece de juicio».

Pero Churchill comprendió que el verdadero poder de un líder en tiempos de crisis reside en su habilidad para forjar esperanza en momentos de desesperación, para dirigir mediante principios firmes y para comunicar efectivamente su visión, inspirando así a las generaciones futuras a entender que los momentos de gran oscuridad pueden ser también los de mayor posibilidad de cambio.

Una imagen de la película en la que Churchill (Gary Oldman) realiza su discurso “Sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor” pronunciado en 1940, justo después de asumir el cargo de primer ministro.

El arte de la oratoria

La oratoria ha sido una herramienta fundamental en la política desde tiempos inmemoriales, permitiendo a los líderes comunicar ideas, influir en la opinión pública y dirigir las emociones colectivas.

Y Winston Churchill fue todo un maestro en el arte de la oratoria. Sus discursos y mensajes radiofónicos durante la Segunda Guerra Mundial no solo elevaron la moral de la nación británica, sino que también consolidaron su lugar en la historia como un líder excepcional.

Churchill entendía que la oratoria no era solo una forma de comunicar hechos o políticas; era una manera de inspirar y movilizar a la gente. En tiempos de crisis, como los que enfrentó Gran Bretaña durante la guerra, su capacidad para comunicar esperanza y determinación fue crucial.

Sus discursos no se limitaban a informar, sino que transformaban el espíritu de su audiencia, uniendo a todos en un esfuerzo común contra las adversidades, «La unidad de nuestra nación», como él mismo señalaría en varios discursos.

«Churchill entendía que la oratoria no era solo una forma de comunicar hechos o políticas; era una manera de inspirar y movilizar a la gente. En tiempos de crisis, como los que enfrentó Gran Bretaña durante la guerra, su capacidad para comunicar esperanza y determinación fue crucial»

Por ejemplo, su discurso “Sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor” pronunciado en 1940, justo después de asumir el cargo de primer ministro, es un claro ejemplo de cómo la oratoria puede ser utilizada para preparar a una nación para tiempos difíciles.

Winston Churchill: No debemos olvidar que nos encontramos en un estadio preeliminar de una de las más grandes batallas de la historia y que habrá que hacer muchos preparativos, aquí, en casa. Señor, yo asumo mi tarea con entusiasmo y esperanza. Y le digo a esta Cámara lo que les dije a los que se han incorporado a este Gobierno. No tengo nada que ofrecer, salvo sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor». […] ¿Ustedes nos preguntan cuál es nuestra política? Yo les digo que es hacer la guerra. […] ¿Ustedes se preguntan cuál es nuestro objetivo?. Les voy a responder con una sola palabra «Victoria«.

Este gesto de Churchill se convirtió en un auténtico acicate para la población británica durante la II Guerra Mundial.

Churchill no ofreció consuelo barato ni promesas fáciles; en cambio, preparó al pueblo británico para la severidad de la lucha, inculcando una resolución inquebrantable que sería fundamental para la resistencia del país.

Otro momento destacado de su maestría oratoria se vio en su discurso “Lucharemos en las playas”, en el cual Churchill utilizó una serie de frases rítmicas y repetitivas que no solo capturaron la atención de la audiencia, sino que también reforzaron el mensaje de resistencia inquebrantable.

Winston Churchill: A pesar de que grandes extensiones de Europa y muchos Estados antiguos y famosos han caído o pueden caer en las garras de la Gestapo y todo el aparato odioso del gobierno nazi, no vamos a languidecer o fallar.

¡Llegaremos hasta el final!, lucharemos en Francia, lucharemos en los mares y océanos, lucharemos con creciente confianza y creciente fuerza en el aire, defenderemos nuestra isla, cualquiera que sea el costo, lucharemos en las playas, lucharemos en las pistas de aterrizaje, lucharemos en los campos y en las calles, lucharemos en las colinas, ¡nunca nos rendiremos! […]

A través de sus discursos y sus mensajes logró infundir valor y un sentido de deber, factores esenciales para la moral durante los oscuros días de la guerra. Sus discursos, muchas veces, no apelaban a la verdad, pero sí iban todos directos al corazón de la gente.

Lord Halifax, al igual que Neville Chamberlain, era un firme convencido de que la mejor solución era llegar a un acuerdo con los alemanes a través de los italianos, sin embargo, sus muchas conspiraciones se vieron frustradas por el liderazgo de Churchill.

Gestión del liderazgo

En «El instante más oscuro», la gestión del liderazgo de Winston Churchill no se limita solo a su oratoria emblemática o a sus decisiones en el campo de batalla. También nos sumerge en las profundidades de las tensiones políticas internas, ilustrando la complejidad del liderazgo durante tiempos de turbulentos.

Un aspecto central de este drama político es el enfrentamiento ideológico y dialéctico entre Churchill y los líderes moderados de su partido, como Neville Chamberlain y Lord Halifax.

Mientras Churchill abogaba por una resistencia sin concesiones contra la amenaza del Tercer Reich, Chamberlain y Halifax representaban una facción dentro del gobierno que favorecía la negociación y un posible tratado de paz con Alemania, creyendo que esta podría ser la única manera de preservar lo que quedara del país y de su imperio.

«Winston Churchill: [Fuera de sí]. ¿Cuándo aprenderemos la lección? ¿Cuándo aprenderemos la lección?. Señor, ¿cuántos dictadores más deberán ser cortejados, apaciguados, colmados de privilegios antes de que aprendamos? [Golpea la mesa]. ¡No puedes razonar con un tigre cuando tienes la cabeza en sus fauces!»

Lord Halifax: No hay nada heroico en morir peleando si se puede evitar. No hay patriótico en «muerte o gloria», máxime cuando todo apunta a lo primero. No hay nada glorioso en intentar acortar una guerra que estamos perdiendo.

Winston Churchill: [Totalmente alterado]. ¿Perdiendo? Europa aún está…

Lord Halifax: Europa está perdida. Y antes de que nuestras fuerzas sean barridas por completo, este es el momento de negociar para obtener las mejores condiciones posibles. Hitler no impondrá unas condiciones inadmisibles. Él conoce sus debilidades. Será razonable.

Winston Churchill: [Fuera de sí]. ¿Cuándo aprenderemos la lección? ¿Cuándo aprenderemos la lección?. Señor, ¿cuántos dictadores más deberán ser cortejados, apaciguados, colmados de privilegios antes de que aprendamos? [Golpea la mesa] ¡No puedes razonar con un tigre cuando tienes la cabeza en sus fauces!

Y para imponer esta decisión, no dudaron en conspirar a sus espaldas con el rey, o chantajearle, abiertamente, con la dimisión conjunta.

Clementine, interpretada por Kristin Scott Thomas, junto a su marido el primer ministro Winston Churchill, a quien da vida Gary Oldman.

Además, la interacción de Churchill con su esposa Clementine, interpretada por Kristin Scott Thomas, ofrece una ventana a su vida personal, mostrando cómo sus desafíos domésticos se entrelazan con sus batallas políticas.

Clementine no solo proporciona apoyo emocional, sino que también actúa como una consejera crítica, recordándole la importancia de la empatía y la consideración hacia aquellos que llevan el peso de sus decisiones.

Clementine: ¿Querido, puedo decirte algo que creo que deberías saber?. Últimamente, he notado un serio deterioro en tus modales. No eres tan amable como solías. Te has vuelto tosco, sarcástico, autoritario y grosero.

Winston Churchill: ¿Esto es por la chica nueva…?

Clementine: Si el rey te pide que seas primer ministro….

Winston Churchill: Eso no lo sabemos todavía…

Clementine: No quiero que seas del desagrado de la gente…

Winston Churchill: ¿Más aún de lo que ya lo soy?

Clementine: Querido, sabes que estás a punto de ostentar un tremendo poder, solo superado por el del rey y con tanto poder debes intentar ser más amable….Y si es posible calmado. Quiero que todos te quieran y te respeten, como hago yo.

Ella y su secretaria personal, Elizabeth Layton, a quien da vida la actriz, Lily James, humanizan el personaje del Churchill.

En la película, cuando Churchill duda entre apoyar a los que le han puesto en el cargo y sus convicciones, baja al metro a preguntar a la gente de la calle. Todos prefieren luchar.

Convicción para liderar

En tiempos en que la opinión pública y la política interna estaban divididas, Churchill no solo demostró su capacidad para persuadir y argumentar con eficacia, sino también a su incomparable habilidad para exhibir fortaleza y resolución en momentos de gran incertidumbre.

Siguiendo el consejo del rey, decidió escuchar al pueblo. Para ello, bajó al metro [por primera vez] y conversó con la gente. Todos se mostraron a favor de no rendirse ante Alemania y luchar.

Y eso le ayudó a reafirmar su decisión: Luchar.

Demostró que un liderazgo efectivo a menudo requiere enfrentarse no solo a enemigos externos, sino también a disensiones internas. Y logró algo fundamental, transformar y dirigir la corriente social, apelando a la épica.

«La verdadera prueba de liderazgo no solo reside en las decisiones tomadas en la soledad de los despachos, sino en la habilidad de forjar unidad, demostrar fortaleza y lograr un propósito común frente a adversidades casi insuperables»

Algo que se refleja en la película durante los preparativos de la «Operación Dinamo», que concluyó el martes 4 de junio con la evacuación de 338.226 militares aliados desde Dunkerque, Francia, superando ampliamente las expectativas iniciales.

Este acontecimiento fue considerado por muchos como un «milagro» dada la magnitud de la evacuación, a tal punto que la percepción popular lo catalogó como una victoria.

Eso sí, para conseguir esa «victoria», se sacrificó la posición de Calais, donde había 4.000 soldados británicos, a cuyo comandante se le pidió que ganara todo el tiempo posible para facilitar la operación de Dunkerque.

De hecho, se le envió una misiva informándole de «su evacuación no se llevará a cabo». Toda estrategia tiene un precio.

Habilidad para forjar unidad

La película es un estudio de cómo la interacción entre personalidades políticas, cada una con sus propios miedos y motivaciones, puede definir la trayectoria de un país en crisis, especialmente bajo la sombra inminente de una invasión y la posibilidad de la aniquilación nacional.

Demuestra que la verdadera prueba de liderazgo no solo reside en las decisiones tomadas en la soledad de los despachos, sino en la habilidad de forjar unidad, demostrar fortaleza y lograr un propósito común frente a adversidades casi insuperables.

Igualmente, ofrece una pequeña reivindicación del poder de la oratoria, que además sirve de recado envenenado para las clases políticas actuales.

Aporta la dosis emoción sincera, al retratar la épica del rescate y el verdadero efecto palanca que tuvo su símbolo de «victoria» en la visión de la guerra de toda Gran Bretaña.

Es un auténtico testimonio del poder de un líder para alterar el curso de la historia mediante la fuerza de su carácter y sus palabras.

Eso sí, también nos recuerda que las guerras pasan factura a los líderes políticos.

En 1945, poco después de la victoria frente a los alemanes, hubo elecciones en el Reino Unido y los conservadores de Churchill perdieron el poder.

Como él mismo aseguraba «El éxito no es definitivo. El fracaso no es letal».

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