Opinión | Reivindicar a Felipe González: por qué su figura vuelve a ser clave

Manuel Jaén, magistrado retirado y profesor universitario, reflexiona sobre las críticas vertidas contra Felipe González y la necesidad de recuperar el espíritu y liderazgo que marcaeron una etapa clave del PSOE ante su actual crisis. Foto: RTVE.

25 / 02 / 2026 05:40

Qué tristeza producen esos personajes que, recientemente, se han expresado, en forma muy crítica, e incluso en forma despectiva, en contra de Felipe González, secretario general del PSOE, ni más ni menos que desde 1974 a 1997, y presidente del Gobierno, desde 1982 a 1996. Galardonado (1993), entre otras muchas altas distinciones, con el premio Carlomagno, en Alemania, premio que destaca la defensa de los más altos valores humanos, como la libertad, la humanidad y la paz, y con el Toisón de Oro (2025), en España, concedido por su servicio a España.

Y ello por el simple hecho de haber expresado su opinión, en forma inteligente y certera (o aunque no hubiera sido así),sobre el panorama político actual.

Pareciera que, para semejantes críticos, todos aquellos que no comulguen con sus propias ideas, deben ser objeto del mayor de los desprecios y etiquetados como de “derechas”, que sería, en su opinión, una especie de insulto, la peor expresión política que un ciudadano podría tener, como si ellos fueran únicos poseedores de la verdad, propugnando un pensamiento único, que rechaza cualquier opinión en contra, por muy razonable que pudiera ser, tal como aquel era descrito, a principios del siglo XIX, por el filósofo alemán Arthur Schopenhauer. Es ese sectarismo tan presente en ciertas fuerzas políticas, desde las que la única verdad es la que ellos propugnan.

Se olvida que hoy, afortunadamente, no rige semejante sistema de pensamiento único, sino otro muy diferente, cual es el pluralismo político, ideológico, que por cierto es uno de los valores de nuestra Constitución, cuando en su art. 1.1 dice que “España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político”.

Pluralismo que es, precisamente, el núcleo de toda democracia, en la que han de coexistir armónicamente todas las ideologías e ideas, en el marco del texto constitucional.

Es radicalmente rechazable pensar, como muchos seguidores de los partidos de “izquierda” sostienen y airean permanentemente, con frecuencia con el estímulo del propio Gobierno, que todo lo que venga de la izquierda está bien y, en cambio, todo lo que provenga de la derecha está mal; en mi opinión no es ni lo uno ni lo otro.

Libertad de opinión

Y también se olvida otro principio fundamental de toda democracia cual es la libertad de opinión, que no tiene por qué estar reñida con la disciplina de partido, que más bien está referida a los diputados y senadores, no necesariamente a miembros de un partido, en especial cuando quien expresa libremente la opinión no ocupa ya cargo representativo alguno.

Es radicalmente inadmisible que se prohíba, se trate o no de un miembro de partido, el ejercicio de la libertad de pensamiento, expresión u opinión, porque tal legítimo ejercicio es una de las principales señas de toda democracia, y ello es más reprochable aún si tal prohibición proviene desde un partido, el PSOE, caracterizado, o que se caracterizaba, por la defensa de las libertades.

Qué motivo puede haber para no respetar las opiniones de una persona de tanta autoridad y apoyo social como la de quien lideró el PSOE durante más de veinte años y fue presidente del Gobierno durante varios mandatos, con un respaldo popular que, además, nunca más se ha vuelto a repetir y muy probablemente nunca más se repetirá.

En mi opinión, la única explicación de las reacciones que se han producido contra Felipe González, en forma muy injusta y verdaderamente desproporcionada, no puede ser otra que la decepción de sus críticos tras los resultados de las últimas elecciones.

«Reivindico, pues, la figura extraordinaria de Felipe González, pues como dice el sabio refranero español, “es de bien nacidos ser agradecidos”, cuyos consejos y recomendaciones deberían tenerse muy presentes, o al menos respetarse».

A ello se suma el oscuro panorama que afronta el PSOE de cara a las próximas citas electorales, una situación ya advertida por prestigiosos socialistas. Estos, en un intento por reconducir el rumbo, han propuesto soluciones perfectamente legítimas y razonables, aunque no sean del agrado de quienes las cuestionan.

Sin embargo, esos críticos, instalados en un sectarismo o fanatismo difícilmente justificable, se resisten a reconocer la realidad y a aceptar posibles vías de salida. Entre ellas, la de un PSOE regenerado, con nuevos líderes capaces de recuperar el entusiasmo y la confianza de sus bases.

Una confianza que el partido supo alcanzar en los tiempos de Felipe González —y, cabría añadir, también de Alfonso Guerra—, cuando ambos formaron un tándem en la década de los ochenta que reportó importantes beneficios a la sociedad de entonces y cuyos efectos, en buena medida, aún perduran hoy.

Puede ser también que las duras críticas recibidas por aquel vengan motivadas por el temor a que las atinadas observaciones y comentarios de Felipe González hagan sombra a algunos de los actuales lideres de su partido.

Y, desde luego, lo que se revela a través de las opiniones vertidas por aquellos es una absoluta falta de coherencia entre los valores democráticos que aparentan encarnar, y la realidad de sus actos y opiniones, olvidando que lo importante es lo que se hace, y no lo que se predica ensalzando cierta pertenencia a un partido demócrata.

Evitar mayorías «Frankenstein»

Somos muchos ciudadanos los que lamentamos el giro dado por el PSOE, como partido socialdemócrata de centro-izquierda, que lo fue desde la época de Felipe González, durante varias décadas, y que es su espacio ideológico natural, perdiendo las últimas  elecciones generales (2023).

Lo que le llevó al partido a construir una mayoría de izquierdas (algunas de ellas extremas), palmariamente alejada de aquel centro, con una tasa de corrupción muy elevada, por más que este mal no sea de su exclusividad, rechazando acuerdos con un partido socialdemócrata como es el partido popular, con el que podría perfectamente entenderse en asuntos de Estado.

Deberían evitarse esas mayorías «Frankenstein», compuestas con partidos con ideologías dispares e independentistas, con el único fin de detentar el poder a toda costa, aunque ello vaya en contra del conjunto de los españoles, y si no se lograra la necesaria mayoría para gobernar deberían convocarse unas nuevas elecciones, a modo de segunda vuelta, como en otros países, porque es inadmisible que el país tenga que estar secuestrado por los partidos minoritarios, algunos incluso contrarios a la “indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles”, que proclama en su artículo primero la Constitución, aunque, ciertamente, para evitar que se produjeran situaciones como la que estamos padeciendo a raíz de las últimas elecciones, sería necesario un pacto de Estado que permitiera articular un nuevo sistema electoral que evitara situaciones tan anómalas como la actual, aunque soy consciente de que para ello sería necesario que los dos principales partidos políticos antepusieran los intereses generales a cualquier otro, algo que hoy, lamentablemente, es impensable.

En fin, causa mucha perplejidad y dolor, por lo injusto que es, que ciertas personas, del PSOE o cercanas a este partido, probablemente siguiendo consignas del propio partido, uno de cuyos principios es la libre expresión de ideas, intenten desprestigiar, con duras palabras y con evidente menosprecio, por el simple hecho de haber expresado, en uso de su libertad, ciertas opiniones, a quien fuera su secretario general, Felipe González, uno de los artífices, junto con Adolfo Suárez y, por supuesto, con el Rey Juan Carlos, de las libertades y, en fin, de la democracia de la que hoy, casi cincuenta años después, disfrutamos todos los españoles, figuras a las que todos debemos estar agradecidos y honrar permanentemente por el enorme servicio público prestado a nuestro país.

Reivindico, pues, la figura extraordinaria de Felipe González, pues como dice el sabio refranero español, “es de bien nacidos ser agradecidos”, cuyos consejos y recomendaciones deberían tenerse muy presentes, o al menos respetarse, el pluralismo político e ideológico, la libertad de pensamiento, expresión y opinión, la coherencia entre lo que se predica o dice y lo que se hace y, en fin, un PSOE que vuelva a su espacio ideológico natural, que no es otro sino la socialdemocracia de centro izquierda, que debería poder entenderse perfectamente, al menos en asuntos de Estado, con aquellos partidos constitucionalistas y, en especial, de la socialdemocracia de centro derecha, pues al fin y al cabo los valores defendidos por todos ellos son muy cercanos.

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