Tenemos nuevo Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), nada menos que con 5 años y medio de retraso, mucho tiempo después incluso de que muchos hubiésemos dejado de esperarlo.
Todos los analistas se afanaron desde el primer momento en interpretar quién ha ganado y quién ha perdido (PSOE ó PP).
Ello supone partir de una premisa que yo al menos continúo sin aceptar: no puede ser que la renovación del CGPJ y la designación de sus vocales dependan de un pacto entre dos partidos políticos, por mucho que la suma de sus respectivos representantes suponga una aplastante mayoría parlamentaria.
Pues bien, no sólo hemos asumido como válida esa fórmula, sino que esta vez incluso se ha revestido de legitimidad mediante una ceremoniosa firma en Bruselas, ante la mirada de Véra Jourová, Vicepresidenta de la Comisión Europea.
No creo que su papel a la hora de alcanzar el acuerdo fuese muy determinante, pero sin duda contribuyó con su presencia a que todos salvasen los muebles.
TODOS GANAN…
No piensen más, todos ganan. Gana el actual Gobierno del PSOE, que podrá erigirse en guardián de los valores constitucionales cuando más lo necesita, y cuyo órdago de reformar la Ley Orgánica del Poder Judicial y rebajar mayorías para nombrar vocales del CGPJ parecía un mero “brindis al sol” para contentar a sus socios en el Congreso de los Diputados, que Europa nunca aceptaría.
Gana el PP, que puede vender que su estrategia de bloqueo sistemático a la renovación ha dado fruto. La prolongación de casi 11 años del anterior CGPJ y el mantenimiento durante otros 5 (al menos) del que ahora se designará configuran un escenario que puede verse entre sus bases como más favorable que el que se hubiese dado en caso de renovaciones “al uso” en 2018 y 2023, que era cuando habrían tocado, con el usual mercadeo del reparto de sillas en proporción a las cuotas parlamentarias.
Es desolador, el PP ha sido el primer beneficiado de aquel whatsapp de 2018 del senador de su partido, Sr. Cosidó, que alentaba ante los suyos una determinada renovación del CGPJ porque permitía controlar la Sala Segunda del Tribunal Supremo “desde atrás”.
Algunos ingenuamente creímos entonces que aquello era poner negro sobre blanco las miserias del sistema, y que serviría para que todos viesen por fin que el emperador no llevaba traje y que desfilaba desnudo. Y que así el método de nombramiento se reformaría por fin.
Pues no.
Y sí, también ganan los mandatarios europeos, para los que este asunto se había convertido en una verdadera papeleta ante la que no sabían cómo actuar. A estas alturas, todos sabemos que los principios de independencia judicial y separación de poderes, en nuestro sistema de tradición latina o “romana”, suponen que nuestro CGPJ deba tener una naturaleza mixta en su composición, y que la designación de sus vocales no puede estar monopolizada por otro poder del Estado, ni condicionada a criterios meramente partidistas.
Los vocales de procedencia judicial (sólo éstos) deben elegirse de forma directa por jueces y magistrados. Europa nos lo ha dicho muchísimas veces, por activa y por pasiva.
Eso sí, a veces conviene decirlo no demasiado alto, no vaya a ser que se genere otra ola de euroescépticos, que el horno no está para bollos. Si PSOE y PP se ponen de acuerdo, pelillos a la mar.
QUIEN GANA EN LA CARRERA JUDICIAL
Y en el seno de la carrera judicial, tres cuartos de lo mismo. Hay dos triunfadoras incontestables, la Asociación Profesional de la Magistratura (6 de 12) y Juezas y Jueces para la Democracia (5 de 12), sobre todo la primera (porque la coyuntura le era en principio menos favorable).
Ambas asociaciones salen reforzadas en su tradicional papel de correas de transmisión de partidos políticos. Como muchos compañeros dicen con sorna, son unas estupendas agencias de colocación para los altos cargos del poder judicial.
Eso sí, mientras una (APM) puede argüir a su favor su elevada implantación y número de afiliados dentro de la carrera, la otra (JJpD) ni eso.
Y lo siento por los muchos amigos que tengo allí, pero para mí la Asociación Judicial Francisco de Vitoria (0 de 12) también sale ganando, a pesar de los comunicados y mensajes victimistas lanzados estos últimos días.
Me quedo con las ganas de saber qué habrían dicho sus dirigentes si entre los vocales designados por PP y PSOE hubiese habido algún “vitorino”.
¿Habría sido también ilegítima su designación, como ahora apuntan?
Ha pasado ya demasiado tiempo, y ha habido demasiadas renovaciones del CGPJ, como para que su mensaje pueda resultar creíble.
Su papel de “pagafantas” de la carrera judicial (con perdón), legitimando en la práctica con su ambigüedad calculada el actual sistema de nombramiento de vocales, ha tenido como efecto en los últimos años un exorbitante aumento en el número de afiliaciones, por razones complejas de entender y aún más de explicar. Entrar en el CGPJ en estas circunstancias habría podido ponerles en una situación muy comprometida.
Y queda Foro Judicial Independiente, la asociación que, diciendo siempre lo mismo, y sosteniendo que la única manera de trabajar para cambiar el sistema es no participar en él, negándose a avalar candidaturas, se queda sola una vez más, predicando en el desierto.
La coherencia proporciona muchas palmadas en la espalda, pero pocas adhesiones inquebrantables. Hay que aceptarlo, la posición de FJI no sólo no ha tenido eco entre quienes tienen el poder de cambiar el sistema, sino que además sigue siendo minoritaria dentro de la carrera.
Habrá que seguir trabajando para que algún día deje de serlo.
Y AHORA, DONDE ESTÁBAMOS
Justo es reconocerlo, la renovación del CGPJ implica un beneficio inmediato para todos los ciudadanos, en la medida en que permitirá poner fin a la calamitosa situación que se estaba viviendo en muchos órganos judiciales, en especial el Tribunal Supremo. Eso sí, se podría hablar largo y tendido de las razones de ese ahogamiento.
También es verdad que el acuerdo incluye un emplazamiento para la proposición y estudio de futuras reformas, en aras de despolitizar el sistema. El problema es que no hay ningún compromiso real en tal sentido, y después de 5 años y medio ya debería haberlo.
Además, resulta fácil imaginar nuevos escenarios de bloqueo en el futuro, tanto dentro como fuera del CGPJ, que ya hemos visto que pueden ser provechosos para quien los provoca.
Oí decir una vez a José María Macías (flamante nuevo Magistrado del Tribunal Constitucional) que la independencia no depende tanto del modo en que uno actúa, sino de la manera en que te perciben los demás.
Quizá ésa sea una buena manera de explicarlo.
El principal óbice que se puede poner a los 12 próximos vocales del CGPJ de procedencia judicial es que no han sido elegidos por sus indudables méritos, sino por su perfil.
El hecho de que un juez o magistrado se someta para la designación de un cargo al escrutinio de quien sabemos de antemano que tomará la decisión en función de “sesgos”, sean reales o supuestos, tiene a mi entender algo de obsceno, y desde luego causa un profundo daño a las instituciones.
Supone aceptar de entrada la asignación de etiquetas de “progresista” o “conservador” que un juez, a mi entender, debería rehuir como rasgo inherente a su función. Después de tantos años, este vicio está tan arraigado que para muchos es consustancial al sistema, y por eso es tan difícil erradicarlo.
Y lo peor de todo, lo escenificado esta semana, en definitiva, ha sido una mera patada hacia adelante, para que nada cambie en lo sustancial. Tras 5 años y medio resulta que estamos en el mismo punto de 2018 en el que parecía que el Sr. Cosidó había roto la baraja. Ahora todos podemos sentirnos deslumbrados ante el traje nuevo del emperador.
Enhorabuena a los agraciados.