Opinión | «Lioness», una lección de liderazgo efectivo frente una situación de crisis nacional

Protagonistas de la serie «Lioness». De izquierda a derecha, los actores Michael Kelly, Morgan Freedman, Nicole Kidman y Zoe Saldaña. Imagen: SkyShowtime.

5 / 01 / 2025 00:35

Actualizado el 06 / 01 / 2025 00:40

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Un líder político efectivo se caracteriza por una combinación de habilidades, valores y capacidades que le permiten inspirar, dirigir y generar confianza en la sociedad a la que gobierna.

Cuando se habla de características de un buen liderazgo, se incluyen la integridad, la visión estratégica, la capacidad de tomar decisiones, el carisma, la empatía, la adaptabilidad y la resiliencia, o la habilidad de construir consensos, entre otras muchas.

Pero, a veces, los líderes surgen en situaciones inesperadas, cuando menos se los espera, otras, no son capaces de adoptar decisiones, perdiendo así la credibilidad y la confianza de su electorado.

En Lioness, una serie de intriga política, espías y acción emitida por SkyShowtime, hay una escena (casi un monólogo) donde el Secretario de Estado Edwind Mullins, interpretado por un colosal Morgan Freeman, ante una grave situación de crisis en la que la «seguridad nacional» está en juego, le explica al subdirector de la CIA, Byron Westfields (Michael Kelly), la diferencia de liderazgo entre George W. Bush y Joe Biden.

Edwind Mullins: ¿Dónde estabas el 11-S?

Byron Westfiels: Era subalterno de inteligencia en Islamabad.

Edwind Mullins: En pleno centro desde el principio, ¿eh?

Byron Westfiels: Sí, así es.

Edwind Mullins: Yo estaba en mi tercera legislatura en la Casa Blanca. Recordarás que hubo ciertas dudas sobre la legitimidad del cuadragésimo tercer presidente (Bush hijo). Tanto fue así que decidimos que su primer mandato sería el único.

Con ese fin evitamos todos los nombramientos. Y no te hablo solo en el Gabinete, sino también del nombramiento de jueces, fiscales… Si intentaban meter a un crio en la Academia Naval, encontrábamos la forma de impedirlo…, por mezquino que fuera.

Luego ocurrió el 11-S. Y, de inmediato, el Congreso, los medios y todas las personas de Estados Unidos acudieron a él como nuestro comandante en Jefe. Confiamos en él para que nos liderara. Para que hablara y actuara en nuestro nombre. Y lo hizo.

Cuando el 20 de septiembre se dirigió al Congreso asustó a todos los líderes del mundo. Los aterrorizó. Y se comportaron durante una década. Piensa lo que quieras sobre lo que hizo después, pero no puedes negar que ese hombre se plantó ante el Congreso y alentó a la Nación a unirse.

Necesitábamos un líder y se erigió en líder.

Confiamos en que se erigiera. ¿Qué mermó esa confianza? ¿Qué nos ha llevado a dónde estamos hoy?

No sé todos los ingredientes, pero sí algunos. Nadie es inocente, ningún presidente, ningún miembro del Congreso, ni la prensa… Nadie.

Murieron 2.977 personas en el 11-S. No incluyo a los putos secuestradores en mi cuenta. Y nos unimos.

Más de un millón de personas murieron por el Covid [con Biden en la Casa Blanca], casi nos destroza…. Y ahí está la diferencia, en los líderes. Y ahora mismo, no tenemos uno. Tenemos al enemigo a las puertas y están abiertas.

El liderazgo no es solo cuestión de poder o cargo, sino de actitud, decisión y capacidad de movilizar a una sociedad hacia un objetivo común. La ausencia de estas cualidades puede erosionar la confianza colectiva y dejar a una nación sin rumbo claro.

En situaciones de crisis, la sociedad tiende a volcarse hacia el liderazgo, esperando dirección, fuerza y claridad. Bush, pese a las dudas sobre su legitimidad, logró consolidarse como una figura central, unificando al país y proyectando autoridad hacia el exterior.

En contraste, la pandemia de Covid-19 expuso una falta de liderazgo percibida que amplificó la sensación de vulnerabilidad y división.

Y es que como bien dijo en cierta ocasión el exSecretario de Estado de los Estados Unidos, Colin Powell, «Si un líder no transmite pasión e intensidad, entonces no habrá pasión e intensidad dentro de la organización y empezarán a caer y deprimirse».

La pasión y la intensidad del líder son contagiosas. Sin ellas, una organización —o una nación— corre el riesgo de caer en la apatía y el caos.

En un mundo lleno de desafíos globales, desde pandemias hasta conflictos geopolíticos, la diferencia entre el éxito y el fracaso radica, más que nunca, en el liderazgo.

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