Opinión | Más allá de Trump: las raíces profundas del distanciamiento Europa-EE.UU

Jorge Carrera, abogado, exmagistrado, exjuez de enlace en Washington D.C., y exconsejero en la REPER (Bruselas), analiza y explica las razones de este divorcio entre los Estados Unidos de Trump y la Unión Europea. Ilustración: Confilegal.

28 / 03 / 2025 05:35

En esta noticia se habla de:

La relación entre Europa y Estados Unidos ha sido uno de los pilares del orden internacional desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

Forjada en el marco del Plan Marshall, fortalecida por la creación de la OTAN y consolidada a través de décadas de cooperación económica y militar, esta alianza transatlántica ha sido considerada durante mucho tiempo una «comunidad de valores».

Sin embargo, esa armonía comenzó a resquebrajarse de forma visible durante la primera presidencia de Donald Trump, cuando se introdujo un lenguaje de desconfianza, cálculo económico y hasta desprecio abierto hacia Europa.

Lejos de ser una anomalía pasajera, el desencuentro se ha intensificado con los años, alimentado tanto por decisiones de la administración estadounidense como por errores estructurales europeos.

I. El desprecio de Trump hacia Europa: claves de un viraje político

El fenómeno Trump no puede entenderse únicamente como una desviación retórica: es la manifestación de un cambio de paradigma.

Su visión del mundo, eminentemente transaccional, rechaza los marcos multilaterales y considera las relaciones internacionales como simples intercambios de coste-beneficio.

En este contexto, Europa ha pasado de ser un socio estratégico a un competidor e incluso, en palabras del propio Trump, un “parásito”.

1. Visión mercantilista y competitiva

Trump percibe la Unión Europea no como una aliada natural, sino como una estructura creada para perjudicar a EE.UU. Su afirmación de que “la UE fue fundada para estafar a EE.UU.” resume esta cosmovisión.

Desde esta óptica, cualquier superávit europeo en comercio o ventaja normativa es percibido como una injusticia estructural.

2. Rechazo a la OTAN y la seguridad compartida

Trump cuestionó abiertamente el compromiso estadounidense con la defensa europea. Filtraciones recientes revelan cómo altos cargos como JD Vance y Pete Hegseth compartían este desprecio, considerando que Europa se “aprovecha” del paraguas de seguridad estadounidense.

Esta percepción dio lugar a iniciativas de reducción de tropas y a presiones para que Europa asuma más gastos militares.

3. Antagonismo con las instituciones multilaterales

La OTAN, el acuerdo nuclear con Irán y la propia ONU fueron blancos de la crítica trumpiana, que ve en estas organizaciones una traba para la soberanía y hegemonía de EE.UU.

En este choque de visiones, la “América Primero” de Trump colisiona con el “multilateralismo ilustrado” europeo.

4. Un círculo de asesores radicalizados

La hostilidad hacia Europa no es solo una estrategia electoral: es también producto de un entorno ideológico que refuerza la idea de que Europa representa un lastre y no un socio.

Las decisiones estratégicas –como el intento de “facturar” a Europa por operaciones en Yemen– muestran hasta qué punto esta visión se ha institucionalizado.

II. Europa ante el espejo : ¿Una crisis anunciada?

Pero el desprecio estadounidense no ha surgido en el vacío. Europa también ha cometido errores estratégicos que han contribuido a la desafección. La respuesta europea a los desafíos globales ha sido, en muchos casos, fragmentada, proteccionista y lenta.

Como señala el Real Instituto Elcano, lo que hoy se percibe como “hostilidad estadounidense” también puede entenderse como reacción a una Europa acomodada y poco cohesionada.

1. Asimetrías en defensa y seguridad

En 2024, sólo 11 de los 31 países miembros de la OTAN alcanzaron el umbral del 2% del PIB en gasto militar. Alemania e Italia, dos pesos pesados del continente, aún estaban por debajo.

Mientras EE.UU. gasta el 3.5% de su PIB en defensa, Europa sigue dependiendo de sus capacidades, especialmente en inteligencia satelital y armamento estratégico.

2. Barreras comerciales y rivalidad industrial

Europa ha mantenido políticas proteccionistas que irritan a Washington: aranceles del 10% a vehículos estadounidenses frente al 2.5% aplicado a los europeos, subsidios masivos al Pacto Verde que compiten con la Ley de Reducción de la Inflación (IRA) estadounidense, y mecanismos como el CBAM (ajuste de carbono en frontera) que penalizan productos no sostenibles, afectando a exportadores norteamericanos.

3. Choque tecnológico y normativo

La UE ha impulsado una agresiva agenda de ‘soberanía digital’ que choca frontalmente con los intereses de las Big Tech estadounidenses.

Desde multas récord a Google (excediendo los 8.000 millones de euros desde 2017) hasta la controvertida tasa del 3% sobre ingresos digitales, Bruselas ha enviado un mensaje claro: Silicon Valley no dictará las reglas en suelo europeo. Instrumentos como la Ley de Servicios Digitales (DSA) y la Ley de Mercados Digitales (DMA) no son meras regulaciones técnicas, sino armas geoeconómicas que redefinen el equilibrio de poder tecnológico.

Este pulso tiene un antecedente emblemático: el largo conflicto por la protección de datos. El derribo del acuerdo Privacy Shield en 2020 por el Tribunal de Justicia de la UE (tras la denuncia de Max Schrems) y las posteriores tensiones por las transferencias transatlánticas dejaron una profunda cicatriz en las relaciones.

Para Washington, estas decisiones fueron percibidas como un ataque estratégico disfrazado de proteccionismo de datos; para Bruselas, como la defensa necesaria de los derechos fundamentales frente al capitalismo de vigilancia estadounidense.

4. Estrategias divergentes frente a China

Mientras EE.UU. endurece sus relaciones con China, Europa mantiene importantes flujos comerciales e inversiones (345.000 millones de euros en 2024). Este enfoque pragmático ha sido percibido por Washington como una forma de deslealtad estratégica.

III. Coincidencias, contrastes y puntos de fricción

Tanto desde Washington como desde Bruselas se alimentan percepciones encontradas. Pero, ¿qué es lo que realmente divide a ambas orillas del Atlántico?

Similitudes: Ambos bloques están adoptando estrategias de protección industrial. Existe una tendencia compartida hacia la autonomía estratégica, aunque con objetivos opuestos Las dos partes expresan desconfianza hacia las dependencias mutuas.

Diferencias: El unilateralismo de Trump contrasta y choca con el multilateralismo europeo. La defensa de valores liberales y regulaciones sociales en Europa casa mal con el enfoque desregulador de EE.UU. La visión de la seguridad cambia radicalmente con Trump para quien Europa debe cuidar de su propia seguridad, mientras que para Europa la OTAN debe seguir siendo el eje de protección.

Puntos clave de desencuentro:  La brecha en gasto militar y la percepción de «parasitismo». La rivalidad normativa (regulación tecnológica y estándares ambientales). La falta de coordinación en política exterior, especialmente ante China, Rusia y Oriente Medio.

Como destaca Robert Kagan (Brookings Institution), «Europa aún piensa como un jardín rodeado por una jungla. Pero EE.UU. ya ha aceptado que vive en la jungla«.

Esta diferencia de enfoque refleja el contraste entre una Europa que busca preservar reglas y una América que prioriza la fuerza y el interés nacional.

En términos más críticos, el historiador Timothy Garton Ash señala en «The Guardian» que “la nostalgia europea por un EE.UU. protector choca con un EE.UU. cansado de pagar la fiesta”.

Esta tensión emocional e ideológica se plasma también en encuestas recientes de Pew Research Center, donde se constata una caída dramática de la imagen de EE.UU. entre los europeos desde 2017, con repuntes solo parciales tras el mandato de Biden.

¿Es posible la reconciliación?

El desencuentro transatlántico no es coyuntural ni reducible a la figura de Donald Trump. Creo que esto último es muy importante si no se quiere acabar desenfocando el análisis. 

Se trata de un realineamiento estructural que refleja transformaciones geopolíticas, económicas y culturales más profundas que vienen de lejos. Sin embargo, eso no significa que la alianza esté condenada al fracaso.

Europa tiene la oportunidad –y la obligación– de fortalecer su autonomía estratégica sin romper con EE.UU. Aumentar su inversión en defensa, consolidar una política exterior común y avanzar en la integración digital son pasos clave. Por su parte, EE.UU. debe comprender que una Europa fuerte no es una amenaza, sino un contrapeso necesario frente a potencias como China o Rusia.

El futuro de la relación dependerá de la capacidad de ambas partes para redefinir sus términos sobre nuevas bases de igualdad y respeto mutuo. El camino es estrecho: ni vasallaje ni divorcio. La tercera vía -una alianza entre iguales conscientes de su interdependencia- es el único futuro viable para el Occidente del siglo XXI

Como ha ironizado el «Financial Times», Trump podría terminar siendo “el mayor catalizador de la unidad europea desde el fin de la Guerra Fría”, en este sentido tal vez algún día, en una suerte de giro kafkiano, se haga acreedor del premio Carlomagno.

Quizá la paradoja sea el único puente que pueda salvarse en esta nueva etapa de la historia transatlántica.

Opinión | El mundo de anteayer: lo que veían los ojos de un joven en 1975 y lo que ven los de hoy

Opinión | ¿Y después de Pekín?: Cuando el imperio necesita teatro para fingir victoria

Opinión | El pico de la especie: Por qué la caída global de la natalidad cierra el ciclo del desarrollo

Opinión | Entre dos legalidades: Por qué la cumbre de Pekín se decide en un despacho

Opinión | Europa y la trampa migratoria: la verdad demográfica que nadie se atreve a decir

Opinión | ¿Y si Europa dijera basta? El día que Bruselas mire al Este, Washington sabrá lo que significa la pesadilla de Brzezinski

Lo último en Firmas

CDL

Opinión | CDL: Los jueces españoles ya cuentan con la ‘anti-suit injunction’ y probablemente muchos aún no lo saben (II)

Junceda en un quirófano

Opinión | ¿Cámaras en los quirófanos?

fraude

Opinión | Firmas, mentiras y dinero público: así se cocina el fraude en las ayudas en España

Policía UDEF en Ferraz

Opinión | La Justicia no es fango

1975-2026 carrera

Opinión | El mundo de anteayer: lo que veían los ojos de un joven en 1975 y lo que ven los de hoy