Opinión | El síndrome de La Mareta: las vacaciones palaciegas de Pedro Sánchez

LUIS ROMERO
Luis Romero Santos, doctor en derecho penal y socio director de Luis Romero Abogados, realiza una crónica crítica sobre las «lujosas vacaciones» de Pedro Sánchez en La Mareta y su impacto político, económico y social en España. Foto: LRS.

2 / 09 / 2025 05:38

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Pedro Sánchez se ha tomado unas vacaciones de un mes, como las de antes. Me recuerda a esas familias que en los años 70 se iban el mes de agosto a la playa con el seiscientos cargado hasta arriba y, si hacía falta, iban y volvían otra vez a casa para recoger a los suegros y a los cuñados.

Sin embargo, aquellos veraneos eran de una o dos semanas para los privilegiados que se lo pudiesen permitir en los años en que España despegaba económicamente.

Las vacaciones de la familia Sánchez son como las que solo podría permitirse entonces y ahora la clase alta más adinerada. Es un recreo veraniego de multimillonarios.

Ese asueto presidencial no tiene nada que ver con el descanso de Giorgia Meloni, que se lo paga ella misma de su cuenta corriente y veranea como una italiana de clase media.

Y es distinto al del presidente de Portugal y su primer ministro, que abandonaron sus vacaciones ante la ola de incendios, volviendo a sus despachos oficiales.

Nuestro presidente no ha dudado en preparar sus vacaciones en el palacio de La Mareta del 2 al 25 de agosto, decidiendo pasar la última semana en el Hotel Sport Hermitage de Andorra la Vella, de cinco estrellas gran lujo y con spa de 5.000 m².

Allí dispone de veinte escoltas y veinte guardias civiles, además de todos los agentes puestos a su disposición por el Gobierno de Andorra.

De todos modos, el anuncio de Salvamento Marítimo emitido el pasado 4 de agosto advertía de la exclusión temporal a la navegación marítima en la isla de Lanzarote hasta el 31 de agosto por “motivos de seguridad” en un espacio marítimo delimitado de 66 hectáreas.

Un cortijo marítimo particular de Sánchez

Así, la residencia real de La Mareta, cedida por la Casa Real a Patrimonio Nacional para otros fines, se ha convertido en el cortijo marítimo particular de Sánchez, no turbándose este por tomarse un mes completo en la suntuosa villa.

Sus gastos son millonarios entre el coste de seguridad, con medio centenar de policías y guardias civiles, incluidos 20 GRS, escoltas, submarinistas, etc. Y no digamos ya los gastos en catering (unos 45.000 € en tres años), traslados en Falcon a la zona de los incendios, buceo, etc.

Al parecer, las 66 hectáreas marítimas cortadas afectaron tanto a las naves de recreo como a los marineros que capturan el atún y otras especies en esa zona, debiendo faenar más al sur.

También perjudicó ese corte a los clientes de un hotel cercano, al carril bici, la playa del Ancla, etc., porque esa zona de Costa Teguise es una de las más frecuentadas en la isla y a la que acuden los propios lanzaroteños o los que allí veranean.

El presidente y su familia llegaron el 2 de agosto a Lanzarote para disfrutar de los lujos de La Mareta propios de un rey de Jordania, Hussein, quien ordenó construirla y nunca llegó a disfrutarla, regalándola a Juan Carlos I en 1989.

Esas pompas no disgustan al presidente, quien ha acudido allí frecuentemente desde el año 2018, al igual que descansa en Las Marismillas de Doñana (Huelva). Este verano ha sido acompañado por sus padres, sus hijas, su cuñado Miguel Ángel y la mujer de este, y estaban previstas las visitas de José Luis Rodríguez Zapatero, Pedro Almodóvar y Fernando Grande-Marlaska, entre otros.

Nunca hubo tal despliegue de seguridad, ni siquiera en la era Sánchez. Más que para garantizar su seguridad ha sido para asegurar su privacidad, ya que OK Diario y otros medios pudieron captar imágenes del presidente, sus padres y sus cuñados.

ENCLAUSTRADO EN LA MARETA

A Pedro no se le ha visto pasear por las calles con una gorrita a cuadros como otros años, ya que claramente quiere evitar cualquier protesta y abucheos, porque no hay lugar donde vaya en el que los ciudadanos no demuestren su descontento con su quehacer.

Don Pedro ha preferido enclaustrarse en La Mareta y sus lujosas instalaciones para solo salir a bucear alguna vez. Me recordaban las fotos de Sánchez y los suyos tomadas en el palacio lanzaroteño las que hizo aquel fotógrafo colombiano en Villa Certosa, isla de Cerdeña, cuando Berlusconi disfrutaba allí con sus amigas jóvenes y el presidente checo desnudo.

Desde su visita a Paiporta y los sucesos del 3 de noviembre de 2024, Sánchez está asustado y le protege un operativo de seguridad que incluye escoltas, agentes motorizados, vehículo blindado, personal encubierto, francotiradores y un análisis previo del terreno.

Su coche blindado es a prueba de balas, explosivos y ataques químicos.

Sus vuelos los ha hecho en el Falcon 900 y en el helicóptero Súper Puma, y así fue a algunas zonas afectadas por los incendios para “posar”, volviendo en el mismo día a Lanzarote, con los gastos en queroseno que eso significa.

Igual dispendio se produjo cuando voló a la isla el Airbus A320, con una capacidad de 220 pasajeros, para dejar a su séquito y así, cuando él llegara en el Falcon, estuviese todo limpio y despejado.

La Mareta pertenece a Patrimonio Nacional y está reservado su uso al presidente del Gobierno, al modo de un despacho de gobierno oficial como una extensión de la Moncloa, pero es para trabajar y recibir visitas oficiales, no para veranear.

De hecho, el acuerdo para su cesión fue que debía ser destinado a la promoción de la marca España y el turismo en el territorio nacional y concretamente en Canarias y Lanzarote, para recibir a mandatarios extranjeros, representantes de instituciones internacionales y de la cultura.

DERECHO A LA LIBRE DEAMBULACIÓN

El blindaje privilegiado de Sánchez y sus parientes afecta al derecho a la libre deambulación de los ciudadanos y al derecho a la navegación, así como a la economía lanzaroteña y a su turismo. También afecta a la libertad de expresión y protesta. Tal como ha preguntado el Partido Popular en las Cortes: ¿existían informes de riesgo que justificaran la adopción de esas restricciones?

Además, habría que preguntarse si existe un delito continuado de malversación de caudales públicos, puesto que el presidente Sánchez y su familia no parecen tener límites en el dispendio que sale del bolsillo de todos los españoles.

La prensa internacional también ha recogido el escándalo de La Mareta y estas vacaciones ostentosas de Pedro Sánchez. ¡Qué habrá pensado el expresidente de Holanda, Mark Rutte, y ahora secretario general de la OTAN, que se desplazaba en bicicleta desde su casa al trabajo!

Cualquier estratega político con experiencia opinará que, como campaña de imagen y marketing presidencial en los momentos difíciles que vive España, con más de 100.000 hectáreas quemadas este verano y con toda la corrupción en el Gobierno, el PSOE y la familia de Sánchez, no ha sido muy conveniente que la prensa nacional y extranjera se hagan eco de este despilfarro presidencial.

Nunca se vio nada igual en La Mareta, ni siquiera con los Reyes de España. Y como resulta que Pedro Sánchez es socialista o al menos socialdemócrata, no solo debe serlo, sino parecerlo.

La ideología socialdemócrata promueve una mayor equidad económica e igualdad social, así como la solidaridad. También se caracteriza por la protección del medio ambiente y la defensa del equilibrio económico, a lo que no ayuda lo referido anteriormente.

Decía el presidente italiano Sandro Pertini que un socialista debe ser muy prudente en el uso de los recursos públicos cuando ocupa un cargo oficial: él nunca ocupó la residencia oficial que le correspondía y siguió viviendo en su modesto apartamento frente a la Fontana de Trevi.

En el año 2018, recién llegado Pedro Sánchez a la Presidencia, ya disfrutó en Navidad de Las Marismillas y, no contento, pasó el Fin de Año en La Mareta, de 30.000 m² de extensión, dos piscinas, un lago y un helipuerto.

LO QUE SE HAN GASTADO EN REFORMAS EN LA MARETA

Se han gastado en reformas de La Mareta grandes cantidades de dinero recientemente por orden de Sánchez: unos 70.000 € este año. Una rehabilitación en 2022 costó 150.000 € y, con Zapatero, ya se invirtieron en su día unos 270.000 €. Su mantenimiento anual supone más de 10.000 €. Y también Sánchez ordenó reformas por un millón y medio de euros en Las Marismillas.

Pedro Sánchez ha convertido La Mareta en su segunda residencia, como hizo el emperador romano Tiberio con Villa Jovis (Villa de Júpiter) en la isla de Capri, desde la que gobernó Roma los últimos diez años de su mandato, desde el año 27 d. C. al 37 d. C.

Tiberio no volvió a Roma nunca más, donde temía ser asesinado. Tácito describe en Opere la vida del emperador en la isla marcada por rumores de excesos y un gobierno cada vez más tiránico.

Villa Jovis se construyó en un lugar de la isla muy alejado y protegido, y sus dependencias eran difíciles de alcanzar. Suetonio, en Las vidas de los doce césares, se refiere a la villa imperial como un escenario de libertinajes y fiestas desenfrenadas.

El síndrome de La Moncloa es ahora el síndrome de La Mareta, donde un presidente aislado y asustado se refugia en Navidad, Semana Santa y verano, con grandes derroches y lujos, como ya hiciera Tiberio en la isla de Capri.

¿Es Pedro Sánchez el único gobernante europeo al que sus súbditos le pagan sus lujosas vacaciones?

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